La Diócesis

La evangelización de la Comarca Lagunera

      A pocas décadas de la conquista de México, el hoy territorio de la Diócesis de Torreón perteneció al Obispado de Guadalajara (Diócesis en 1560); luego pasó a depender del Obispado de Durango (creado en 1620).

       La evangelización en esta región central norte de México, a partir de finales del siglo XVI asentó sus primeros centros en lo que hoy es Parras de las Fuentes y en San Pedro de las Colonias, a cargo inicial de los sacerdotes de la Compañía de Jesús. 

       El norte formó parte de las preocupaciones estratégicas de los enviados de la Corona Española de la segunda mitad del siglo XVIII, ya que su escasa población la hacía codiciable para las incipientes políticas expansionistas del vecino país.

 

“Al norte lo poblamos o lo perdemos”

– José de Gálvez, visitador real de España (1777)

Catedral antigua - Diócesis de Torreón

1958: Nace la Diócesis de Torreón

       Fue el 19 de junio de 1957, que Pío XII creó la Diócesis de Torreón y canónicamente fue erigida por el Monseñor Luigi Raymondi, Delegado Apostólico en México, el 19 de abril de 1958.

        Su territorio, desmembrado de la Diócesis de Saltillo, quedó limitado por los cinco municipios coahuilenses de la Comarca Lagunera, con una extensión de 24 mil kilómetros cuadrados, dominando llanuras desérticas.

       Pío XII nombró como Primer Obispo de Torreón, al entonces rector del Seminario de Saltillo, Pbro. Fernando Romo Gutiérrez, consagrado Obispo el 20 de abril de 1958. 

      Las enseñanzas y directrices de Fernando Romo fueron impulsadas por el Obispo con el apoyo de peritos conciliares que invitó a Torreón.

       El nuevo Obispo recibió la Diócesis con 12 presbíteros diocesanos y 26 religiosos; tres parroquias en la cuidad y cinco en el medio rural.

Los pilares de la Diócesis

      Monseñor Fernando Romo participó en el Concilio Vaticano II celebrado en Roma (1962-1965). Sus enseñanzas y directrices fueron impulsadas por el Obispo con el apoyo de peritos conciliares que había invitado a Torreón.

En ese tiempo, el Presbiterio y algunos movimientos seglares fueron sacudidos por muchas tensiones que ocasionó dicho Concilio.

A partir de la llegada de los documentos de Medellín en 1968, las orientaciones de la Iglesia Particular de Torreón hicieron más nítidas las tensiones. Fueron los documentos de Puebla, publicados en 1979, los que abrirían nuevos horizontes y enriquecerían la postura del poder eclesiástico local.

El 8 de marzo de 1984, Don Fernando Romo cayó gravemente enfermo. La solidaridad de su Presbiterio fue grande y la lealtad del Vicario General, Monseñor Francisco Castillo, se mostró eficaz en los momentos difíciles para la vida diocesana durante esa época.

     El Arzobispo de Chihuahua y los obispos de Cd. Juárez y Tarahumara fueron hermanos ejemplares que facilitaron el acceso directo al Papa para que le diera a Don Fernando Romo un Obispo que le ayudara. El Papa le ofreció como Coadjuntor al entonces Obispo de Tacámbaro, Don Luis Morales Reyes, asignado para Torreón el 26 de febrero de 1986.

     Don Luis Morales Reyes tomó posesión de su cargo el 20 de abril de 1985.

     De inmediato se le pidió que estuviera al frente de la Comisión Diocesana de Pastoral, organización que encabeza los trabajos de planeación diocesana.

     El nuevo Obispo Coadjuntor, con facultades especiales asumió su cargo de inmediato con inteligencia histórica, observando el proceso real de la Diócesis de Torreón.

     El 1 de enero de 1988, ambos obispos de Torreón promulgan el Plan Diocesano de Pastoral 1988-1992, fruto de una opción diocesana “por una pastoral planificada” (Puebla, 1306-1307). Sus antecedentes están en el Plan de la región Pastoral del Norte, que surgió de la Semana de Reflexión Pastoral celebrada del 22 al 26 de enero de 1972.

     La renuncia por edad de Don Fernando Romo fue aceptada por el Papa el 27 de junio de 1990. Monseñor Morales Reyes automáticamente pasó a ser Obispo residencial de Torreón, identificado con el Plan Diocesano de Pastoral, del que era pleno conocedor y principal artífice de varias decisiones.

     A él se le reconocen logros como la estructuración por Decanatos y Zonas Pastorales, la creación de los llamados Organismos Pastorales Básicos: Asamblea Pastoral, el Consejo Pastoral Parroquial, el Consejo Pastoral de Economía y Equipos de Prioridades, y sobre todo las tres Visitas Pastorales en las que se implementaba la vigencia del citado plan.

     Dada la “Solicitud por todas las Iglesias”, que es ejercicio propio de la corresponsabilidad episcopal, desde que Don Luis llegó a Torreón, tuvo encomiendas en el Comité Episcopal Mexicano.

     En 1998 se le nombró presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, y en 1999, el Papa lo nombró Arzobispo de San Luis Potosí, puesto del que tomó posesión el 18 de marzo de ese año.

     Torreón quedó como sede vacante bajo la coordinación de Monseñor Francisco Castillo, nombrado por el Colegio de Consultores Diocesanos como Administrador Diocesano, dada también la experiencia larga que tuvo en la conducción de esta Diócesis como Vicario General de los primeros obispos de Torreón.

     Monseñor José Guadalupe Galván Galindo, quien previamente fue obispo de Ciudad Valles, fue nombrado por el papa como el tercer obispo de Torreón el 12 de octubre del 2000. Su llegada se registró el 14 de diciembre de ese mismo año, un par de días después de la celebración de la Virgen de Guadalupe. Desde ese momento se hizo cargo de una institución conformada por 130 sacerdotes y más de 100 religiosas.

     El nuevo obispo llegó en un momento pastoral histórico para la Diócesis, pues se había terminado la segunda etapa del Plan Diocesano de Pastoral y la tierra pastoral estaba como cuando se inicia el nuevo ciclo de siembra.

     Monseñor José Guadalupe se mimetizó con el sentimiento de aquellos de la comunidad católica que sufren por hambre, falta de trabajo, problemas de reinserción social o pocas oportunidades de educación.

     Durante su participación en la Comarca Lagunera, se encargó de ser voz de quienes carecían de poder; enfocaba su aprendizaje en la fe cristiana para fomentar un desarrollo de los que le rodeaban como ciudadanos responsables.

     Tras más de 15 años al servicio de los feligreses laguneros, Galván Galindo el 21 de agosto de 2016 presentó su renuncia como Obispo de la Diócesis de Torreón a la máxima autoridad, el Papa Francisco. Fue hasta el 9 de septiembre de 2017, fue aceptada para después nombrarle como administrador apostólico mientras tomaba posesión el nuevo obispo electo.

     Monseñor Luis Martín Barraza Beltrán, sustituyó a José Guadalupe Galván Galindo en 2017 tras su designación como Obispo de Torreón por el Santo Padre.

     Originario de Camargo, Chihuahua, y ordenado desde 1988, Luis Martín Barraza ha forjado su formación hacia la filosofía y la fe. Párroco de varias localidades de Chihuahua, incluidas Ojinaga y Chihuahua (capital), sin embargo ha encontrado un lugar especial al servicio académico de otros sacerdotes.

     Con este perfil, Barraza Beltrán fue enviado en 2010 al Seminario Arquidiocesano de Chihuahua, con el nombramiento de encargado de la dimensión espiritual. Tres años después  (2013) fue nombrado rector del Seminario Arquidiocesano de Chihuahua.

     Tras su nombramiento como Obispo de Torreón, fue ordenado bajo ese cargo el día 29 de noviembre de 2017 a manos del S.E. Monseñor Franco Coppola, Nuncio Apostólico en México.