Un rey para el mundo, disfrazado de Luz

Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.-En la fiesta de la “Epifanía” (Gr. Epi = alrededor; Phaneia = resplandor, luminosidad) En el aspecto religioso se refiere a la manifestación divina; generalmente las miradas y atención están puestas en otros horizontes. Tal vez las generaciones anteriores pretendieron exaltar las figuras extraordinarias de los astrólogos (“magos”) que iban en busca de un “rey” grande e importante que le daría luz y esplendor a la nueva Jerusalén.

La realidad es que estos personajes tienen un papel “mediático” en el plan de la historia de la salvación. Son un signo importante en el reconocimiento de un “niño” en un pesebre como Rey, como Dios y como Hombre; mostrando la manera de reconocimiento a través de su “Adoración” y su ofrenda (regalos) culto que solo le corresponde a Dios.

Tenemos que hacer hincapié en que los astrólogos o magos o lo que hayan sido, tienen un papel importante, pero no son los principales del reparto. La figura central es “Cristo”, el hijo de Dios que viene como un “Rey” sencillo, como un “Hombre” débil e indefenso y como “Dios” en un disfraz de pequeñez y ternura para ser admirado por los grandes y poderosos, para mostrar así el camino a la verdadera y eterna divinidad de una manera solemne pero sobria y sencilla.

Epifanía que es una “manifestación solemne”, se refiere a Jesús, el elegido, mesías; no a los “magos”; estos últimos son portadores y mensajeros en el reconocimiento del niño como el Rey hijo de Dios tan esperado por todos los profetas.

Es un poco triste que la inmensa mayoría de personas llame a este acontecimiento “Día de Reyes Magos”, dando pie a que la figura del “Gran rey” desaparezca por la ocupación de estos mediáticos personajes.

Me parece muy claro que los motivos de esta promoción tienen que ver con aspectos de carácter económico y de mercado. Pero también creo que los grandes capitales deben de poner su atención en las verdades que profesan, si así es su fe, y no explotarlas de manera tan ventajosa y equivocada. No se vale.

Habrá que recuperar el sentido pleno de esta celebración y trasmitirlo a las siguientes generaciones con su más clara y genuina expresión, así como la mejor manera de celebrarla, sin que importe mucho más, la mercadotecnia y la explotación comercial.

Los evangelistas atinadamente nos presentan que estos personajes, astrólogos, magos o lo que hayan sido, son sólo un signo del reconocimiento universal de Jesús como el mesías Rey, que vino a instaurar un nuevo modo o modelo de reino; mediante la justicia el amor y la paz.

Los regalos son asimismo signo claro del reconocimiento del niño, como “Rey”, “Hombre” y “Dios”. María y José, testigos mudos del acontecimiento, no dejan de asombrarse ante aquellas manifestaciones y muestras tan sorprendentes de reconocimiento de aquel niño; esto seguro que todo esto, lo llevarían grabado en lo profundo de su corazón.

Dios irradia luz, brilla intensamente y produce alegría como en la época del destierro.

La multitud de judíos y no judíos diseminados en todos los rincones de la tierra; se organizan para hacer una procesión hasta Sion y reconstruir el templo y la ciudad en medio de una gran prosperidad porque la “Gloria de Yahavé” amanece sobre ellos. Las naciones vienen a Jerusalén para reconstruirla, vienen al tempo a levantarlo de nuevo, no tanto a recibir la tradicional instrucción religiosa.

En la época en que Mateo escribió su evangelio; la literatura judía exaltaba la infancia de los personajes heroicos de la biblia. Mateo al igual que Lucas, toma de esta literatura imágenes de los acontecimientos y personajes antiguos y los adapta al contexto de su tiempo. La estrella que guía a los magos, se parece a la estrella que anuncia al faraón de Egipto, el nacimiento de un rey hebreo, por ello decide matar a los niños hebreos, solo Moisés se salva.

Los magos, son una representación de los sacerdotes astrólogos caldeos; representan las religiones ajenas a la sagrada escritura, los cuales reciben de Dios, la noticia del nacimiento del nuevo rey y son, ellos mismos, los que llevan el mensaje a los jefes y sacerdotes judíos. “Hemos visto su estrella”; al igual que menciona el profeta Isaías; “Levántate y brilla”, porque la Gloria de Yahavé amaneció sobre ti.

Los astrólogos de la época creían en las estrellas como guías en sus largas caminatas, así que Dios debía procurarles una. Y así fue; tan brillante que supieron interpretar el dato como una novedad que los llevó hasta “Belén”, el humilde pueblo de David que contrasta con la suntuosidad de Jerusalén la ciudad de Herodes.

En Belén lo encontraron con María, su madre; y postrándose lo adoraron. A ellos les fue revelado el misterio de la salvación; que al igual que San Pablo recibe las gracias del misterio de salvación para los no judíos, para los paganos que en Cristo forman un solo cuerpo y comparten la promesa divina (Ef.3, 5-6)

La literatura cristiana posterior al relato de los evangelistas de la infancia Mateo y Lucas; convirtió a los sabios astrólogos en número de tres deducido del número de regalos que presentaron al niño y con el paso del tiempo les pusieron nombres de Gaspar, Baltasar y

Melchor, así como las características raciales que les identifican con los diferentes continentes conocidos hasta entonces, representando con ello la universalidad de la salvación.

Los regalos que ofrecieron al rey mesías se convirtieron en la tradición posterior en signo de la realeza de Cristo (oro), de su divinidad (incienso) y de su sufrimiento redentor (la mirra). También la tradición cristiana occidental estableció la relación de que los magos convertidos en reyes, traen juguetes a los niños que se portan bien.

En fin, Dios se manifiesta como el rey mesías que viene a salvarnos en su hijo y ello debe ser razón suficiente para hacer el esfuerzo de reconocerlo en cada uno de nuestros hermanos más sencillos y necesitados, mostrando el respeto el amor, el servicio, la generosidad.

Los cristianos debemos ser portadores de la buena noticia de Salvación en Cristo, como una luz brillante en nuestras vidas y comunidades, para que todos caminemos en esa luz y lleguemos finalmente a la meta de nuestra esperanza final.

Dios que ha visitado a su pueblo con luz tan brillante, nos enseñe a reconocerlo en su hijo y tratarlo como Él lo hizo con los más pequeños y desvalidos, descubriéndolo en cada uno de ellos.

La oscuridad del mundo y sus propuestas, contrasta con la oferta de Dios que quiere verdaderamente iluminar el camino de los elegidos, de toda raza pueblo y nación. Habrá que sentirnos necesitados de esa luz que aparece ahora tan brillante en Cristo el salvador.

La fe como una estrella, ilumina el caminar de nuestra vida y finalmente se posa en Dios, que hecho hombre viene a encontrarnos y mostrarnos desde su pequeñez y sencilla forma externa, lo que Dios quiere para cada uno de nosotros en este tiempo especial de gracia.

Sin ser magos, astrónomos o reyes; cada uno podemos ofrecer lo mejor de sí mismos en el proyecto que Jesús vino a traer con la buena noticia de salvación. Más que oro, incienso y mirra, ofrezcamos un corazón lleno de fe, esperanza y amor en un mundo mejor para todos.

l padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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