Un modelo perfecto para un hijo perfecto

Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.- Con motivo de los 150 años de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal (8 de diciembre de 1870 por el Papa Pio IX), el Papa Francisco envió al pueblo católico una “Carta Apostólica” titulada “PATRIS CORDE”, Con corazón de Padre. (el 8 de diciembre del 2020).  

San José amó a Jesús con corazón de padre, inicia diciendo el Papa en su carta. Lo poco que los evangelistas Mateo y Lucas nos dicen sobre la figura de José es suficiente para comprender el tipo de padre que la providencia eligió para la misión de proteger y educar al hijo de Dios en la tierra.

José, en Heb. “Yoseph”, (que Él añada), era un nombre común en la cultura hebrea. En el caso presente, aunque el nombre José es común, no lo es la personalidad y el espíritu de este hombre, dueño de las confianzas de Dios. Un hombre limpio de corazón, muy trabajador y responsable, así como piadoso, justo y cumplidor de los mandamientos divinos.

En el judaísmo, incluso hoy en día, en las relaciones familiares, corresponde al padre ejercer el oficio de maestro en lo relacionado con los usos y costumbres. La palabra “Ab”, “padre” de donde surge la palabra “Abbá”, tal vez “papito”; está constituida de las dos primeras letras del “alefato” hebreo: “alef” y “bet”; así que es el papá el que enseñará las primeras letras y la tradición a sus hijos.

La palabra “Em”, es madre, de donde se forma la palabra “emuná” que significa fe, confianza. De ella depende la educación afectiva, los valores, la fe en Dios y la vida.

Es comprensible que, para esta sencilla y nueva familia de Nazaret, el trabajo cotidiano ocuparía seguramente la mayor parte del tiempo; la tarea de José sería muy variada y el hogar sería el lugar propio de María.

Jesús debió aprender mucho del oficio de José. El trabajo manual era tarea de todos, incluyendo escribas y fariseos, sacerdotes y levitas. El talmud afirma: “es más grande el que se hace útil por el trabajo, que el que conoce a Dios”, es por ello que se está obligado a enseñar una profesión manual a los hijos para no hacer de ellos bandidos.

Jesús cumplió con las exigencias del trabajo manual porque era una obligación cívica y religiosa. Muchos de los gestos y actitudes de Jesús debió aprenderlos de su padre terrenal, José, y mucha de la paz que reflejaba debió ser fruto de la familia en que vivió.

Nada dice el Evangelio sobre la muerte de José, nada se dice en la vida pública y ministerio de Jesús, sobre él. Es muy probable que muriera antes de la vida pública de Jesús. Cuando su presencia dejó de ser necesaria, desapareció calladamente para dar paso a la realización del misterio divino en la persona de su querido Jesús. No en vano el pueblo le considera como “patrono de la buena muerte” (C.I.C. 1014).

El evangelista san Lucas nos ofrece el pasaje y acontecimiento del viaje de la sagrada familia Jerusalén para las fiestas de pascua como lo hacían cada año. Jesús tiene ahora doce años que, para los judíos es como la mayoría de edad y el “adolescente”, ingresa a la vida religiosa y social de la comunidad y seguramente la primera ocasión en que Jesús viajaba para este fin a Jerusalén. Este viaje era como fiesta nacional para los judíos, el lugar se abarrotaba de gente, las posadas llenas y albergues saturados.

Jesús ya tiene capacidad suficiente para asumir las responsabilidades religiosas y entrar conscientemente en relación con su Padre Dios y con su misión, de ahí que perderse en aquella desbandada de fieles para la fiesta, no fue un suceso casual ni una aventura del muchacho que está deseoso de encontrar respuesta a sus preguntas y cuestionamientos.

Debió pasar mucho tiempo en los atrios del templo conversando con los doctores de la ley y el hecho de que sus padres no notaran su ausencia denota la plena confianza que tenían sobre él.

Notaron su ausencia por la noche al reagruparse en la caravana como a 15 km de Jerusalén y deciden regresar en su busca, y encontrarlo hasta el tercer día en el templo: María es quien habla y reclama, José aparece callado. La respuesta de Jesús es; ¿Por qué me buscaban, no saben que debo ocuparme de las cosas de mi Padre? A José y María esto les pareció como que el muchacho había crecido rápidamente y no entendieron su respuesta. Jesús regresó con ellos y siguió sujeto a su autoridad.

El Papa Francisco en su carta apostólica “Patris corde” nos presenta siete rasgos de la personalidad de San José:

1) Padre amado. Por su papel en la historia de la salvación, es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano; queda demostrado en la multitud de parroquias, templos institutos o grupos que se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre. No faltan la innumerable lista de oraciones y súplicas para su persona e intercesión.

2) Padre en la ternura. Tuvo que guiar, educar y gobernar a su hijo con mucha diligencia, paciencia, pero con mucha ternura. Siempre vemos su imagen cargando en sus brazos a su pequeño hijo con gesto paternal y de ternura. Creyó contra toda esperanza y dejó huella en su hijo. Debe ser nuestro modelo a la hora de cumplir nuestra misión a pesar de nuestras debilidades. Que bella es la imagen de los padres gastando tiempo y dedicación a sus hijos y mostrando la ternura y la paciencia en el trato con ellos.

3) Padre en la obediencia. Ante la angustia por el embarazo incomprensible de María, al no pensar en denunciarla piensa en romper su relación con ella; pero Dios envía a su ángel para revelarle su misterio y al despertar del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado.

Asimismo, obedeció cuando ante la amenaza de muerte para el niño, huye a Egipto y posteriormente a su regreso se instala en Nazaret. Así como José fue obediente a Dios según la costumbre, debió enseñar a Jesús a ser obediente y sumiso a sus padres y a su “Padre”. La obediencia es una virtud que se aprende, no se compra en la tienda; los padres deben ejercer su autoridad moral con el ejemplo y enseñando a sus hijos día con día el valor de la obediencia y el respeto.

4) Padre en la acogida. Acogió a María sin ninguna condición; mostrando una nobleza sin par, donde el respeto, la confianza y una profunda fe le motivan no solo a recibirla sino a mostrar el trato amoroso y respetuoso a su esposa. No es una acogida resignada sino una protagónica, valiente y fuerte misión. Es claro que la fortaleza y la luz divina estaban con él. Es un modelo para nosotros en el camino de nuestra misión: valentía y fortaleza nos serán necesarias y Dios está pronto a ofrecerlas a quien las pide y confía en la generosa oferta que nos hace. Parecernos a San José en la acogida, particularmente con los débiles, huérfanos, viudas y extranjeros, como lo hizo Jesús.

5) Padre en la valentía creativa. Frente a la adversidad, problemas y dificultades, no debemos bajar los brazos. Algo podrá salir de la creatividad y de la determinación para salir adelante. Así aparece José ante las dificultades: Al llegar a Belén y no encontrar lugar en la posada, se la ingenió para arreglar un establo; asimismo en la huida a Egipto y su retorno cuantas cosas habría que modificar realizando verdaderos prodigios para salir adelante.

Como todas las familias debió afrontar muchos retos de los cuales supo valientemente salir adelante. Invocar a San José como valiente protector de la Iglesia será siempre un refugio y fortaleza para cada uno de los que formamos parte de ella.

6) Padre trabajador. San José un carpintero que trabajaba honestamente para ganar el sustento de su familia. De ahí aprendería Jesús el valor y la dignidad de comer alegremente el pan fruto del trabajo propio. En la actualidad fruto de muchas situaciones difíciles; se ha acelerado el problema del desempleo donde infinidad de familias sin el sustento diario están expuestas a mayor tensión, problemas que pueden llegar a la disolución del vínculo matrimonial. Debemos recuperar el valor y dignidad del trabajo como colaboradores de Dios en el mundo que nos rodea. San José obrero interceda por nosotros para que a nadie le falte trabajo.

7) Padre en la sombra. Así como Dios cuidó de su pueblo en el desierto del éxodo y lo protegió con su sombra, así San José ejerció la paternidad durante toda su vida. “Nadie nace padre, se hace”, no por el nacimiento de un hijo sino por su cuidado responsable. Hoy en día muchos niños parecen que no tiene padre. Urge en la vida de la iglesia padres responsables en las familias cristianas, sacerdotes y obispos capaces de sentir amor y preocupación por el camino de tantos hijos engendrados por el bautismo como hijos de Dios en este mundo.

Un padre debe aprender a regalarse en la atención, guía orientación y aprecio de aquellos que le han sido confiados. Dar la vida por ellos, libremente y con la consciencia de que podrán realizar su propia misión.

Podríamos pensar que la misión de san José no fue tan difícil puesto que le tocó en suerte una mujer excepcional, preservada desde su concepción de todo pecado y con una personalidad de bondad como nadie. Sin embargo, no olvidemos que la libertad es privilegio de la humanidad y es respetada totalmente por Dios mismo. Cada uno sorteó sus dificultades y sus temores con la confianza en Dios y su fortaleza para salir adelante. Cada uno cumplió cabalmente con su misión. Ahora nosotros los invocamos como modelo para guiar nuestra vida y vocación y cumplir con nuestra tarea.

Recuperemos este bello modelo de san José pedir su intercesión y ayuda en el fiel cumplimiento de nuestra misión y al final de nuestra vida nos conceda una buena muerte. Particularmente me gustó la oración que el Papa rezaba diariamente dedicada a San José y la incluyo en esta sencilla reflexión:

“Glorioso patriarca San José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te he invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén”.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.

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