Vigilia Pascual, el centro de nuestra fe

Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.- Esta fiesta cristiana es el centro de nuestra fe; ya que en ella se concentran todos los signos y significados, así como las verdades reveladas de nuestra doctrina de fe. Es la fiesta nocturna de la vigilancia. Vigilar, en hebreo “Natsar” = custodiar, guardar, vigilar. Es palabra común en las lenguas semíticas. También aparece en el A.T. con la palabra “Tsaphah” que significa inclinarse hacia adelante, atisbar, atalaye. Y en griego aparece con la palabra “Gregoreo” que significa velar, vigilar, mantenerse despierto, estar alerta.

Los hebreos dividían la noche en tres vigilias de cuatro horas cada una.

La primera vigilia o cabeza de la vigilia le llamaban “Rosh ashmurah”, seguida de la vigilia intermedia llamada “ashmoreth hattikhonah” y al final la vigilia matutina llamada “ahabboqer”. Algunos especialistas creen que dividían la noche como los griegos y los romanos, es decir, en cuatro vigilias de tres horas cada una.

Estar dentro de la vigilia pascual, es estar atento, vigilando, atendiendo el “paso” de Dios por la historia humana para mostrar, en su hijo Jesucristo, el rostro de la salvación y de la resurrección. La liturgia le llama “la madre de las vigilias”, la fiesta de las fiestas, la pascua de los cristianos. Está integrada por cuatro partes:

1º. La liturgia de la luz. La comunidad se reúne fuera del templo, donde se enciende una hoguera, de la cual, una vez bendecida, se toma el fuego nuevo para el cirio pascual con el que se va iluminando el paso de la vida, representado en el caminar del pueblo hacia dentro del templo, iluminados por Cristo que es la luz del mundo.

El tema de la luz atraviesa toda la revelación bíblica; con ella se inicia la creación, todas las obras se hacen al amparo de la luz, las tinieblas impiden cualquier actividad. Es por ello que la escritura presenta siempre un duelo entre ambas realidades para mostrar el mismo antagonismo entre la vida y la muerte.

Las tinieblas tienen su representación ideológica que es el mal, el pecado o propiamente el demonio; así como la luz representa algo de Dios y en muchas manifestaciones de Dios, llamadas “teofanías” aparece claramente el signo de la luz, para mostrar algo de quien significa.

Además de esto la luz se convierte en la guía del pueblo de la alianza, es Dios mismo que guía sus pasos por la historia. Así pues, la luz en la escritura se presenta con mucho simbolismo; como sabiduría, revelación, conocimiento, palabra de Dios, ley. (Is, 2,5; 51,4; Sal, 119, 105; 43,3). En la tradición profética la luz también se refiere a la salvación mesiánica representada en paso de las tinieblas a la luz (Is.42, 7; 45,7; 58,8; 59,9). En algunos documentos de Qumrám aparece el contraste entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, o el príncipe de la luz y el de las tinieblas a quien llama “Belial”.

Los cristianos damos a Cristo el título de “luz que ilumina a los paganos” (Lc.2, 32) también como “luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn.1, 9), “luz del mundo” (Jn.8, 12). Por ello el pregón pascual de esta noche contempla una variedad de títulos para Cristo y la iglesia que hoy aparece revestida de luz tan brillante con el fulgor del rey eterno que  también aparece como la columna de fuego que esclareció las tinieblas del pecado; el lucero matinal que no conoce ocaso, Jesucristo que brilla sereno para el linaje humano.

2º. La liturgia de la palabra. Igualmente, iluminados por Cristo y con cada uno de los cirios de los participantes, vamos escuchando la escritura que nos presenta de manera sintética la historia de la salvación, historia revelada por Dios en su palabra hasta la consumación del plan salvador que hoy estamos celebrando.

La palabra es propia del leguaje humano, es la forma de comunicación por excelencia para cualquier clase de sentimiento, pensamiento, emoción o necesidad. La palabra puede ser oral o escrita. Recordemos que la sagrada escritura fue originalmente trasmitida de manera oral y luego fue puesta por escrito. El término hebreo utilizado en el A.T. es “dabar”, hablar, pronunciar, término que la biblia griega traduce por “laleo”, hablar, emitir un sonido, de donde “logos” se traduce como palabra hablada; a quien el evangelista San Juan presenta como la palabra viva del Padre.

La palabra divina expresa su acción creadora que no cesa en todas sus acciones de crear, animar, proteger, guiar, regir. Su palabra y su obra van de la mano sea para crear (sal.33, 6) o para salvar (sal. 107, 20).

En esta noche recorremos en la palabra escrita y pronunciada en la celebración, la historia de la salvación la cual inicia con la creación, la tentación, la caída, la promesa y luego el proceso que Dios va siguiendo en la historia humana hasta su consumación. La esclavitud del pueblo de Dios en Egipto, su liberación, la promulgación de la ley, la tierra prometida y su establecimiento, la monarquía y decaimiento, los profetas y su denuncia, el clamor del pueblo y su oración para la salvación y finalmente el cumplimiento de las promesas hechas por Dios a la humanidad: “La salvación por medio de su hijo Jesucristo”, palabra viva y eficaz que con su muerte y resurrección nos trajo la salud y la vida eterna.

3º. La liturgia bautismal. A través del agua y del Espíritu Santo es como nos hacemos partícipes del nuevo pueblo de Dios, que es la iglesia y llamados a una nueva tierra como herencia; la vida eterna. Cuando hay nuevos bautizados en esta celebración la iglesia celebra su renacer pascual y nos invita a todos los bautizados a renovar nuestras promesas bautismales y la fidelidad a los compromisos asumidos.

Bautismo, viene del verbo griego “baptizein”, asimismo de “baptein” que significa sumergir, lavar; agregando la preposición “en” denota el modo, lugar o manera que se hace. Bautizar, es decir lavar con agua, pero en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. (Mt. 28, 19) El bautismo de manera simbólica indica la purificación que se hace por medio del agua. Muchas expresiones aparecen en la sagrada escritura y en las prácticas rituales judías, donde se utiliza el agua de manera simbólica como las abluciones antes de las comidas, lo mismo de las personas como de los vasos que se utilizaban para tal fin. Sumergirse en el agua como lo hacía Juan el bautista denotaba un cambio de vida; el arrepentimiento de los pecados para iniciar un nuevo modo de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

Sumergirse en el agua es morir al pecado para renacer de nuevo, como nuevas creaturas. Para el cristiano, bautizarse es renacer como hijos de Dios por medio de su hijo Jesucristo.

4º. La liturgia eucarística. Es la cumbre del itinerario recorrido desde el miércoles de ceniza hasta la vigilia de hoy. La iglesia invita a todos sus hijos bautizados por el agua y el Espíritu Santo a participar del banquete pascual; el memorial del Señor resucitado. Ahora comemos un cordero sin mancha, sin defecto, primogénito; cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Así la Iglesia al celebrar la eucaristía está unida constantemente a la pascua de Cristo.

Los banquetes religiosos judíos que inspiraron la ceremonia de la eucaristía primitiva fueron las comidas llamadas “habüra “que eran reuniones religiosas de personas en torno a un maestro.

La dinámica era la siguiente: Después de un servicio preliminar y de las abluciones prescritas, el presidente pronunciaba una bendición inaugural sobre el pan y luego lo distribuía, mientras cada uno de los comensales daba gracias por su cuenta del vino que bebía o los frutos que comía.

Después de las abluciones finales el presidente, tomando la copa de bendición hacia una larga oración dividida en tres partes; Acción de gracias por los bienes creados, acción de gracias por el éxodo y acción de gracias por la alianza.

Luego la copa circulaba de boca en boca, se cantaba el salmo y finalmente se separaban.

La cena pascual por su cuenta requería varios preliminares. Se tomaban tres copas de vino. Primera copa sobre la cual el presidente bendecía a Dios por la fiesta y por el vino, luego una ablución, explicación del rito, del pan ácimo, de las hierbas amargas y del cordero pascual; se canta el salmo 113 y una segunda ablución. Seguía la bendición que el presidente de la mesa hacía sobre el pan, lo partía y lo distribuía, luego el cordero con hierbas amargas y pan ácimo; se tomaba la segunda copa y continuaba la cena luego se limpiaba la mesa, el piso, lavado de manos y se presentaba la tercera copa llamada de bendición que se ofrecía al presidente de la mesa el cual profería sobre ella una “acción de gracias” se tomaba y terminaba con el cántico del salmo final. (Hallel; sal. 114-118).

La cena pascual no tenía como objetivo principal, recordar la liberación del pueblo en Egipto, sino actualizar la participación de los descendientes de aquel momento. La redención se hacía presente en cada comensal que tomaba parte del rito; es por ello que masticaban bien y gustaban las hierbas amargas con el fin de participar de la aflicción de sus padres antes de la liberación y sentir la bendición y la acción salvadora de Yahvé.

Los cristianos hoy nos reunimos para celebrar y conmemorar el acontecimiento de nuestra redención, realizada por Jesucristo.

Las cuatro partes del ritual de la vigilia pascual que celebramos, nos evoca la importancia del hecho celebrado y nos invita a saborear cada uno de los platillos que nos ofrece.

El pan de la palabra que ilumina e ilustra sobre la historia de la vida; el pan de la eucaristía que nos nutre y fortalece para la vida eterna y el pan de la oración que nos acerca, como hijos amados, a nuestro padre común.

Iniciamos la “Pascua de resurrección” con una luz esplendorosa y brillante en un mundo de oscuridad, de tinieblas, inseguridad, temor, incertidumbre, de sufrimiento, enfermedad, en fin; de todo lo sinónimo del mal, lo cual identificamos con “pecado”, y es en estas circunstancias que Cristo el Señor, rompiendo las cadenas de la muerte, nos libra del pecado que lleva este aguijón y nos conduce al camino de la vida plena.

Decir felices pascuas es comprometernos con nuestros hermanos a hacerlos sentir seguros, animados, confiados, ayudando en lo que está a nuestro alcance a tener vida digna y plena desde aquí y ahora.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.

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