Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.- Recuerdo una canción cuya letra expresa: “Dicen que no se sienten las despedidas; dile a quien te lo cuente que eso es mentira”. Jesús está ahora en el punto de su despedida, pero con una manifestación distinta, es decir se va, pero se queda; “no estarán solos”, dice a sus discípulos.
Su presencia será interior, distinta pero real, tanto que ella será la garantía de que su misión se llevará cabo. No los dejaré desamparados, les dice también. Su presencia entre los discípulos será con su espíritu “el paráclito” (parakletós; el que está junto a.…) que quiere decir el que estará a su lado, su defensor, su abogado y por él se dará continuidad al proyecto cristiano.
Quién de nosotros no lleva en su mente o en su corazón el recuerdo fresco y grato de uno o varios seres queridos que ya terminaron su peregrinación terrenal.
Su presencia es real, pero distinta a la presencia física. Y cuantas personas viven inspiradas por esa presencia y realizan infinidad de actividades bajo la influencia de esa inspiración espiritual.
Jesús anima a sus discípulos con la promesa de su Espíritu para que por él sean testigos de la verdad y se sientan acompañados y consolados, educados y guiados por el “paráclito”, es decir la presencia personal de Jesús junto a los cristianos, sin perder por ello la presencia junto al Padre.
Muchos, seguramente no sentirán la despedida porque no les interesa; “el mundo no me verá, pero ustedes si me verán”, los discípulos en cambio experimentarán la presencia viva de Jesús hasta el fin del mundo como lo prometió.
Cuando un padre, una madre o un miembro de la familia salen de casa por un determinado tiempo, por motivo de estudio, trabajo o diversión; nunca faltan las recomendaciones, encargos o tareas que cumplir durante la ausencia.
Asimismo, Jesús hace recomendaciones a sus discípulos antes de su partida.
“Cuando reciban el Espíritu Santo, serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria hasta los confines del mundo.
Pero…. ¿Samaria? Pues sí, vemos en este pasaje, un pentecostés pagano, ya que como paganos eran considerados los samaritanos, pero Jesús ofrece la salvación a todos los que quieran recibirlo.
Samaria fue la capital del reino del norte, es decir, Israel, fundada por Omri en el 880 A.C. en un terreno comprado por dos talentos de plata a un hombre llamado Semer; de ahí el nombre de la ciudad.
Desde su origen parece que fue una ciudad idólatra; el rey Acab, descendiente de Omri, abrió la puerta a los cultos paganos construyendo un santuario a Baal y refugiando a los cuatrocientos profetas de Astarté, que comían a la mesa de la reina Jezabel, esposa de Acab; los cuales fueron combatidos por el profeta Elías.
Samaria fue residencia además del profeta Eliseo, de Oseas y otros hombres de Dios que predijeron el castigo y la caída del reino del norte y de su capital, cuando los asirios bajo el gobierno de Salmanasar V la asediaron y la conquistaron.
El conquistador deportó a la mayoría de los habitantes y la repobló de babilonios y de otros extranjeros.
400 años después Alejandro Magno la conquistaría llenándola de sirios y macedonios y ya en tiempo de los romanos; Herodes cambia el nombre de Samaria por el de Sebasté, que quiere decir en latín Augusta, en honor del emperador Augusto, su protector.
Por estas razones los judíos consideraban a Samaria una región pagana, porque desde su origen estuvo ligada a otros imperios y distintas formas de vida religiosa contraria a la religión judía. Por ello consideraban sus prácticas religiosas como idolátricas.
El diácono Felipe va como testigo de la verdad a Samaria, logrando con su predicación muchas conversiones, al grado de que los Apóstoles Pedro y Juan van a Samaria a imponer las manos a los convertidos para que reciban el Espíritu Santo.
Ahora los samaritanos ven a Jesús a través del testimonio de los apóstoles y con los ojos de la fe. Ahora son miembros de la comunidad cristiana para adorar al Padre en Espíritu y en verdad como le dijo en su momento Jesús a la samaritana.
Sentir a Jesús y mirarlo con los ojos de la fe, es seguir su proyecto y poner en práctica sus mandatos. “Si me aman cumplirán mis mandatos”. Es dejar atrás el pasado e incorporarse a una nueva manera de vivir, de ser y de pensar según las enseñanzas del “Maestro”.
Es pues importante prepararse para recibir al Espíritu Santo, ya que con él podrá realizarse la obra de evangelización en el mundo. Esto es lo que Jesús dice a sus discípulos. Me voy, pero les enviaré al “Paráclito”, estén pues preparados y dispuestos para ello.
El Espíritu Santo es un don de Cristo resucitado, por ello todos los que reciben el don del espíritu, reciben una nueva forma de vivir del resucitado en ellos o una nueva manera de sentir la presencia de Cristo resucitado.
La presencia del Espíritu es también nueva manera de vivir en comunión con todos los que asimismo han recibido el espíritu del resucitado y sienten su presencia que los lleva a formar precisamente comunidad en el Espíritu de Jesús.
Con la fuerza del Espíritu es posible hacer siempre el bien, aunque por ello tengamos que pasar dificultad; es la confianza en medio de la persecución. Como las bienaventuranzas; dichosos los perseguidos por hacer el bien, ya que el mal es el debilitamiento o pérdida de la fe, los acusadores son los contrarios a la fe, los calumniadores son los opositores del evangelio. En cambio, los cristianos llenos del Espíritu Santo obran rectamente y están en paz con su conciencia y dispuestos a hacer siempre lo bueno.
Es por ello que el Apóstol San Pedro dice que es “mejor” sufrir o padecer por obrar bien que, por obrar mal, aunque la expresión “mejor” no sea moralmente mejor, sino más conveniente ya que algunos cristianos pueden con su mala conducta dar pie a la crítica por parte de los no creyentes.
Los cristianos de hoy podemos pasar con mucha facilidad de la conducta rectamente cristiana a la indiferencia y hasta apatía de la misma en perjuicio de la fe y del evangelio de Cristo.
No es extraño encontrarnos con cristianos bautizados cuya práctica de fe está muy distante de las exigencias de Cristo y de la iglesia. Sin embargo, la salvación es para todos
Justos e injustos, santos y pecadores. Para ello hay que prepararse recibiendo el espíritu salvador y santificador que Jesús nos conquistó con su muerte y resurrección.
También podemos encontrar en el camino a personas que sin decir o manifestar que son cristianos, obran muchas de las veces mejor que los que nos llamamos cristianos.
Esto nos lleva a pensar que la fe en Cristo no es solamente mera confesión de doctrina o principios relacionados con una determinada manera de pensar o filosofía de cualquier tipo. Es más bien una manera de vivir de acuerdo a un espíritu o inspiración.
El Espíritu de Cristo es la mejor presencia, el mejor testigo, el protector, el abogado u otro título que queramos ponerle. Si perdemos la sensibilidad del Espíritu; perdemos la oportunidad de obrar de acuerdo a su inspiración.
Más aún si perdemos el espíritu, perdemos la vida, porque ésta nos fue dada por el aliento divino que es lo que nos sostiene en este camino temporal hasta encontrar reposo en quien nos dio este don.
Recordando las palabras del mismo Jesús que decía que de la abundancia del corazón o del espíritu hablaba la lengua. Lo mismo pasa con la presencia o ausencia del Espíritu de Jesús en nuestras vidas.
Si el Espíritu de Cristo está en nosotros, entonces nuestras palabras, pensamientos y obras, serán del Espíritu de Él. Pero si es otra clase de espíritu el que vive en nosotros, entonces nuestra actividad será de acuerdo a dicha inspiración.
Abramos nuestros corazones a la inspiración y presencia del Espíritu del Resucitado, para que podamos realizar nuestra misión y ser testigos de Jesús hasta los últimos rincones de nuestra casa y comunidad.
Que el mismo espíritu inunde las mentes y corazón de las Mamás en su día y les permita seguir siendo fermento de unidad, de servicio y amor en sus familias.
Celebramos el día de la “Madre”, pilar básico y sostén de la familia. Cada Mamá es un baluarte en cada familia; poniendo lo mejor de ellas en beneficio de tan maravillosa institución. Las Madres en colaboración con los Padres dan origen a la vida y construyen la familia en la que cada miembro tiene la responsabilidad de aportar lo mejor que tiene.
Escuché hace tiempo la narrativa de una anécdota sobre el costo del amor de una madre; a propósito del día de las madres.
En cierta ocasión un niño se acercó, una tarde a su madre mientras preparaba la cena en la cocina y el pequeño entregó a su madre una hoja de papel en la que estaba escrita una lista de algo. La madre leyó la hoja en la que el niño había escrito lo siguiente:
Por ayudar a lavar los platos……20 pesos
Por limpiar mi cuarto……………20 pesos
Por traer las tortillas y el pan……10 pesos
Por cuidar a mi hermanito………10 pesos
Por sacar la basura todos los días.20 pesos
Por sacar buenas calificaciones…50 pesos
Por limpiar y barrer en casa…… 20 pesos
Total, de deuda…………………. 150 pesos
Después de leer la lista, la madre se quedó mirando al niño en clara reflexión al respecto. Ante la mirada inquieta pero esperanzadora del niño, Ella tomó el lápiz y escribió en el reverso de la misma hoja:
Por cargarte durante 9 meses en mi vientre y darte la vida….nada
Por tantas noches de desvelos y curarte y rezar por ti……….nada
Por los problemas y lágrimas que me hayas causado…………nada
Por el miedo y preocupaciones que he pasado……………….nada
Por comida, ropa y juguetes…………………………………nada
Por limpiarte la nariz y asearte y por quererte……………….nada
Costo total de mi amor: ……………………………………..NADA
Cuando el niño terminó de leer la contestación de la nota por parte de su mamá, tenía los ojos llenos de lágrimas. La miró a los ojos y le dijo: Te quiero mucho mamá…. Y la abrazó fuertemente. Luego tomó su lápiz y escribió al final de su lista:
TOTALMENTE PAGADO.
Felicidades a todas las madres en su día. Que Dios les colme de bendiciones y de salud. Y a las Mamás que ya están en presencia de Dios; les conceda descanso eterno y paz en compañía de todos los santos.
El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.