Se fue, pero sigue entre nosotros

Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.- La ascensión del Señor marca un nuevo momento para la naciente iglesia. El Señor recibe su trofeo merecido: la plena glorificación y su lugar a la derecha del Padre. Y lo que aparentemente parece orfandad para la comunidad; se convierte en la oportunidad para continuar la misión. Es la oportunidad de mostrar si la fe es firme o pasajera; es una prueba difícil pero necesaria para que haya continuidad y certeza en lo que se presenta. La ascensión bien puede presentarse como la continuación del misterio de la resurrección del Señor y el tiempo posterior es oportunidad para afianzar la fe de sus discípulos y dejarla a tono con el proyecto de salvación para todos los pueblos.

El Espíritu de Jesús estará en comunión con los discípulos para inspirarles el camino, las acciones y palabras que deben decir y hacer a favor de le evangelio salvador. Son por así decir, las instrucciones de Jesús antes de partir a la casa del Padre. De hecho la palabra “ascensión”, viene del latín “ascendere” que significa subir, dirigirse a un lugar de arriba y en griego “análempsis” significa ser recibido arriba.

Pero antes de partir permaneció con sus discípulos durante cuarenta días, número simbólico que representa un tiempo de prueba, de maduración, de preparación; en el caso de los discípulos, para una misión mediante la fuerza del Espíritu Santo que Jesús les prometió. Ellos se convertirán en los testigos del resucitado y de sus promesas de salvación para todos los que creen en Él. Nuestra fe se llama apostólica porque creemos en el testimonio de los apóstoles y en lo que ellos mismos creyeron. Recibieron el Espíritu Santo y fueron enviados a formar comunidades donde Jesucristo fuera el centro de su vida y de su actividad.

Los discípulos pasaron el tiempo de prueba. Para ellos el restablecimiento del reino de Israel, tenía más connotación política y terrenal que espiritual. Restablecer la soberanía e independencia de Roma para crear un imperio como en tiempo del rey David. Este era el gran sueño de todo judío. Es por ello que preguntan a Jesús ahora que ha resucitado: ¿Es el tiempo de la restauración del reino de Israel? La respuesta de Jesús es simple y clara; la iniciativa viene del Padre; pero mientras la iglesia debe prepararse para su larga historia.

La misión encomendada a los apóstoles tiene sus claras exigencias, las cuales solo se podrán realizar mediante la fuerza del Espíritu Santo. La primera y más importante de ellas es el “testimonio” serán mis “testigos” en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los extremos de de la tierra. El libro de hechos presenta el plano geográfico de la misión de los apóstoles desde Jerusalén, pasando por Judea y Samaria hasta Roma, (el palacio del emperador y el corazón del imperio) siguiendo con ello la misión que Jesús les asignó en el momento de su ascensión.

El Espíritu es el verdadero protagonista del nacimiento de la iglesia y de su historia. Así lo constataremos la próxima semana en la fiesta de pentecostés. Gracias a su presencia los apóstoles podrán cumplir la tarea de predicar y anunciar la salvación a todos los hombres. No hay comunidades perfectas porque están constituidas por personas imperfectas. Pero donde la voluntad se pone al servicio del Señor, su espíritu es capaz de transformar y convertir en un verdadero testigo, discípulo y misionero. Esta fue la experiencia de los primeros discípulos y luego apóstoles que Jesús eligió para la misión.

Esto lo expresa San Pablo en la segunda lectura a los Efesios. Una de las claves del éxito de la primitiva iglesia; “la unidad en el Espíritu” de una misma fe, una misma esperanza y un mismo amor que es lo que recibimos en el bautismo. El mismo Espíritu de Dios que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos. Es la unidad y la diversidad en la iglesia la que hace fructificar la misión mediante la fuerza del Espíritu Santo que trasmite los diferentes dones: Apóstoles, profetas, evangelistas, maestros y pastores para el mejor funcionamiento del cuerpo de Cristo.

Se dice que la comunidad cristiana de Corinto era reconocida por sus dones y carismas, fruto de su conversión y disposición interior a la fuerza del Espíritu Santo. Esta envidiable riqueza de carismas no es producto de acciones mágicas sino manifestaciones del mismo Espíritu que puede hacer que reconozcamos a Jesús como Señor.

La ascensión es en Marcos el final de su evangelio que según la exégesis es un agregado al evangelio que parece terminar en el capítulo 16, 8 y a partir del versículo 9 hasta el final es un agregado del S.II d.C. llamado compendio de los relatos de aparición.

Lo que importa es la intención que igualmente aparece en los otros evangelistas sinópticos: “El mandato misionero” que en persona de los apóstoles es la invitación misionera de toda la iglesia con carácter universal, no solo dirigido al pueblo judío. La libre adhesión de la voluntad a las enseñanzas del evangelio es la “fe” que conduce al bautismo y a la aceptación de los mandamientos divinos. La resistencia a la fe no se refiere sin más a la incredulidad sino al rechazo consciente del contenido de la fe y de los mandatos de Jesús.

El que cree se salvará y el que no cree se condenará; aquel que ha recibido claras muestras de la presencia de Dios en Jesucristo y decide libremente apartarse de ellas; cuando dé cuenta de ello tendrá que aceptar que cometió una equivocación y será juzgado por ello. El que cree en cambio recibirá los dones que el padre concede por medio de su hijo y que serán los signos que les acompañarán en la misión.

Los signos son una manera de expresar la efectividad de la misión en primer lugar mediante el testimonio de vida al que acompañan lo signos eficaces de la evangelización: Expulsar demonios, hablar lenguas nuevas, tomar serpientes en las manos, beber veneno mortal y sanar a los enfermos, son expresiones del compromiso de los apóstoles (la iglesia y los cristianos) por la promoción integral del hombre y su dignidad de persona e hijo de Dios. Se refiere a la liberación total del hombre de aquello que le esclaviza en medio de un mundo lleno de maldad y de dolor. (Demonios, víboras, venenos, sapos y culebras etc.)

Como el texto que Jesús leyó en la sinagoga del profeta Isaías: “El espíritu del Señor está sobre mi porque me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, anunciar la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la liberación de los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc. 4,18; Is.61, 1)

Ellos por su parte (los discípulos y misioneros), salieron a predicar en todos los lugares y el señor actuaba con ellos y confirmaba su mensaje con los milagros que lo acompañaban”.

Bien valdría la pena analizar los signos que acompañan en estos tiempos la oferta de evangelización de la iglesia y de los misioneros. El empeño misionero y las formas que le acompañan pueden ser un buen instrumento para medir la fuerza y convicción, la alegría y dedicación en la misión evangelizadora de nuestro tiempo.

Se habla con frecuencia de que la forma mejor es mediante el primer anuncio directo (kerigma) acompañado del testimonio de vida; son la mejor manera de evangelización, contando con la presencia del Espíritu Santo como primer protagonista de la misión y nosotros como instrumentos vivos de ella.

No debemos olvidar que la tarea principal de la Iglesia (todos los bautizados) fue originalmente la predicación hasta los últimos rincones de la tierra y sigue siendo la tarea hoy para todos los creyentes. A este anuncio directo debe acompañarle el testimonio de vida y los signos de liberación que llevan al compromiso y promoción integral del ser humano en su condición de hijo de Dios y por lo tanto el “hermano” que recibe la caridad y el amor del otro “hermano” comprometido en la misma fe, el mismo bautismo y el mismo compromiso misionero.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.

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