Amor lúcido

Por: Pbro. Mario Alberto Aguilar

 CODIPACS.- El Amor dignifica, gracias a él se rescata de la muerte, se procrea la vida, se alivian soledades, asume la deuda, da sentido a la vida, enjuga las lágrimas, perdona las faltas. Es ese poder que brota de la fortaleza que nace de quien nos ama.

El amor nos hace felices. Y también es nuestra mayor virtud. Cuando das con todo tu corazón y no esperas nada a cambio (Lc 6,35). Cuando se quiere tanto el bien del otro que se olvida el suyo, entonces el amor tiene en su mano todas las virtudes, y él toma el rostro de la santidad.

El amor es la sabiduría misma cuando está lleno de realidad, y no quiere sino lo que es. Y por eso el amor, como la sabiduría, es siempre desesperado. Amar a alguien, a quien elegimos para recorrer un largo camino o toda nuestra vida, es amarlo con ese mismo amor, lúcido y sin espera.

El amor verdadero entre dos personas no es todo sabiduría, pero es uno de sus aspectos. Amar verdaderamente a la persona que comparte nuestra vida, desearla todos los días tal como es hoy, es ya ser sabio, porque es vivir el amor en la alegría, el placer y la lucidez.

Sólo hay felicidad cuando se deja de esperar: se es feliz cuando se ama lo que se hace, lo que se es, lo que se vive, aquí y ahora. Es la definición misma de la sabiduría, que es el amor colmado de la realidad, de otro modo, se frustraría siempre.

La vida es dura, injusta y cruel, por ello, «tenemos un cuerpo para las heridas y un alma para las penas» (Comte-Sponville). Pero también tenemos el amor, que es la fuente de todas nuestras alegrías. Aprender este alfabeto es aprender a vivir y a amar, y quizás poder decirle a alguien un día…

El padre Mario Alberto es Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia San Juan Pablo II. También es director del Instituto de Pastoral Pablo VI, Torreón.

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