Anunciar hoy a todos a Jesús como nuestra salvación

1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea (325-2025)

CODIPACS.- En su primer viaje apostólico, el Papa León XIV ha peregrinado hasta İznik, la antigua Nicea (Turquía), para recordar el 1700º aniversario del Concilio de Nicea, el cual definió la naturaleza divina de Jesucristo.

Pero ¿Qué fue y porqué se realizó el Concilio de Nicea?

El Concilio fue convocado por el emperador Constantino en el año 325 con la tarea de preservar la unidad. Fue el primer concilio llamado “ecuménico”, porque por primera vez fueron invitados los obispos de toda la Oikoumenē (de la cual deriva el término “ecuménico” y que significa “toda la tierra habitada”).

Por tanto, sus resoluciones debían tener un alcance ecuménico, es decir universal: así fueron recibidas por los creyentes y por la tradición cristiana, mediante un largo y laborioso proceso. 

También marcó la importancia cada vez más grande de los sínodos y de las formas sinodales de gobierno en la Iglesia de los primeros siglos, al tiempo que constituyó un momento decisivo: en línea con la exousía (autoridad) conferida a los Apóstoles por Jesús y el Espíritu Santo (Lc 10,16; Hch 1,14-2,1-4).

El acontecimiento de Nicea abrió de hecho el camino para una nueva expresión institucional de la autoridad en la Iglesia, de alcance universal, reconocida ahora en los concilios ecuménicos, tanto en lo referido a la doctrina como a la disciplina.

Esta coyuntura decisiva en el modo de pensar y de gobernar dentro de la comunidad de discípulos del Señor Jesús sacó a la luz elementos esenciales de la misión docente de la Iglesia y, por tanto, de su misma naturaleza.

Recordar y celebrar los 1700 años del concilio de Nicea es una invitación apremiante para que la Iglesia redescubra el tesoro que se le ha confiado y aproveche para compartirlo con alegría, en un nuevo impulso, incluso en una “nueva etapa de evangelización”. 

Proclamar a Jesús como nuestra Salvación a partir de la fe expresada en Nicea, tal como se profesa en el símbolo Niceno-Constantinopolitano, requiere ante todo dejarnos asombrar por la inmensidad de Cristo para que todos queden maravillados; reavivar el fuego de nuestro amor al Señor Jesús, para que todos puedan arder de amor por él. Nada ni nadie es más hermoso, más vivificante, más necesario que Él.

El Concilio ha permanecido en la conciencia cristiana principalmente a través del símbolo que recoge, define y proclama la fe en la salvación en Jesucristo y en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Fuente: Comisión Teológica Internacional.

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