Cristo Rey del Universo

Por: Fco. Javier Gómez O.

CODIPACS.- Las narraciones fantásticas infantiles siempre empiezan con la fase: “Era una vez” Y si seguimos con la idea; podemos describir reinos antiguos maravillosos, de la narrativa y literatura ingeniosa, llena de fantasía y de colorido increíble que los niños y los adultos aún disfrutamos.

Para muestras un botón, de la fantasía más actual de nuestro país: dice una estrofa de la canción infantil del compositor mexicano Francisco Gabilondo soler (Cri-Cri). “Hubo un rey en un castillo, con murallas de membrillo, con sus patios de almendrita y sus torres de turrón. Era el rey de chocolate con nariz de cacahuate; Y a pesar de ser tan dulce tenía amargo el corazón”.

En la tradición oriental antigua y en sus lenguas originales, se entiende por “rey” al jefe de estado, el soberano o monarca que aparece relacionado con lo sagrado. Inicialmente los que dominaban lo sagrado eran los sacerdotes; posteriormente el poder se distribuyó entre los sacerdotes y el monarca y en una tercera etapa el poder sagrado y temporal quedó totalmente bajo la autoridad del rey.

Los antiguos pueblos orientales concebían el mundo como un mito cosmológico, según el cual, lo que está ordenado en la tierra, lo es bajo el orden cósmico y trascendente que se manifiesta por medio de ritos, objetos, personas y lugares dotados de fuerza sagrada. El responsable del equilibrio de lo terrenal y lo sagrado o cósmico era el rey.

Por tanto, se le consideraba como la encarnación de Dios en la tierra y dotado de poder sobrenatural. En la cultura egipcia por ejemplo se encuentran numerosas inscripciones que hacen referencia al faraón como el hijo del todo poderoso y uno de los símbolos de su poder era la ceremonia de coronación, en la que se proclamaba su legitimidad como monarca. La corona era el objeto dotado del poder sobrenatural que se ponía sobre la cabeza del rey o faraón en su coronación y al final se le daba el báculo signo de su poder y realeza.

Israel accede tardíamente a la monarquía; es sus orígenes eran gobernados por caudillos individuales que se llamaron “jueces” personajes carismáticos que lograron hacer frente a las exigencias y dificultades del pueblo; con el pensamiento y firme convicción de que quien realmente gobernaba era Yahvé, su Dios que constituyó a Israel como su pueblo, estableciendo para él un lugar; una tierra prometida, un orden jurídico y una alianza de acción recíproca.

Sin embargo, el deseo de imitar a sus vecinos, llevó a los israelitas a pedir un rey en contra de la tradición de sus antepasados. El primer rey elegido fue Saúl a quien toca el inicio de la transición del gobierno de los jueces al del poder real y hereditario que llega a consumarse en la elección de David, que desde el inicio se asentó como un poder dinástico regulado por la intervención divina a través de un profeta. Aun cuando el profeta Natán le asegura a David, de parte de Dios, una casa y realeza perpetua, la realeza divina nunca tuvo en Israel el carácter sagrado, de los pueblos vecinos egipcios y mesopotámicos.

Todos los reyes de Judá y los de Israel eran ungidos en el templo mediante un rito religioso que aseguraba la venida del espíritu divino sobre el elegido y le otorgaba ciertas prerrogativas para la eficiencia de su gobierno. Luego de la coronación, salían del templo con aclamaciones, cantos, el toque de trompeta y del cuerno en trayectoria del palacio donde el rey se sentaba en el trono.

Como Yahvé, era considerado el verdadero rey de Israel, el trono del rey era llamado “el trono de Yahvé”.

Los primeros reyes de Israel, estaban llamados a ser los guías y pastores del pueblo de Dios, gobernando con justicia y rectitud. El Salmo 72 dice para Salomón: “Oh Dios comunica al rey tu juicio, y tu justicia a ese hijo de rey. Para que juzgue a tu pueblo con justicia y a tus pobres con imparcialidad”.

La unidad que se logra con David al conquistar Jerusalén y hacerla su capital; hace al mismo tiempo que Dios la designe como el centro visible donde manifieste su presencia entre los hombres. Así David se convierte en el ungido y promotor de la justicia y de la paz de Dios entre todas las tribus de Israel.

San Pablo en la carta a los colosenses trata de reforzar la fe de la comunidad cristiana que se encuentra un poco descaminada con falsas doctrinas y engaños probablemente provenientes de la cultura helenista entretejida con principios judíos.

Colosas fue una ciudad importante de la antigüedad tardía, situada al sur de Frigia en la parte alta del río Lico. Fue ciudad floreciente en la industria de la lana y los tejidos. De hecho, a un tinte rojo oscuro fabricado por ellos se le dio el nombre de “Colossinus”.

Se sabe que por el año 60/61 d.C. un terremoto destruyo algunas zonas del valle Lico entre las que se encontraba Colosas. No se tienen datos de si la ciudad se reconstruyó como lo hizo Laodicea. Como la mayoría de las ciudades griegas y en este tiempo provincias de Roma; había poblaciones originarias de dichas ciudades, pero también había comunidades judías.

La comunidad cristiana de Colosas quizá fue fundada por Epafras, que era originario del lugar, así como el esclavo Onésimo y el propio Filemón.

El himno que nos presenta tiene como objetivo mostrar el papel de Cristo en la creación y la subordinación de lo creado, de lo visible e invisible, incluso las creaturas angélicas sometidas a Cristo y creadas por medio de Él. Cristo es preexistente, primogénito de entre los muertos, cabeza del cuerpo que es la iglesia. Siendo el primero en todo; es como darle la autoridad de Dios para dominar todas las realidades; las del cielo y de la tierra.

Es el juez de vivos y muertos que se proclama en la fiesta de Cristo Rey del Universo.

San Lucas nos presenta al Rey de los judíos, clavado en la cruz en medio de dos ladrones. Las reacciones de los presentes son también significativas en el relato. La ironía que el pueblo, los soldados y las autoridades religiosas hacen de Jesús, acerca de que ha salvado a otros y no se ha salvado a sí mismo; las burlas acerca de la incapacidad de Jesús para salvarse de la cruz, realzan la escena y muestran la actitud negativa y la hostilidad acerca de la figura de la revelación de Dios en Jesús crucificado.

Lo que realmente salvará a Jesús no es aferrarse a su vida, sino la fe y confianza en su Padre que lo levantará de la muerte. La acción de Cristo en la cruz es lo que logrará abrir las puertas del reino para todos. El título enfático de Lucas en griego, latín y hebreo que decía “El rey de los judíos es este”.

Algunos especialistas dicen que el tetragrama presentaba las iniciales de la identidad del crucificado. El evangelista San Juan es más explícito al decir que Pilato mandó poner el letrero en la cruz que decía: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos” (Jn 19,19. s. Heb. Yeshua = Jesús; Hanotzri = de Nazaret; Vemelej = rey de; Hayehudión = los judíos)

El tetragrama finalmente quedaría con las cuatro primeras letras: En hebreo; YHVH; en griego INBI y en latín INRI.

Lucas resalta también la reacción positiva del buen ladrón que reconoce la inocencia de Jesús y se encomienda a su misericordia y a su reino. Este hombre al final de su vida se arrepintió y creyó. Este “buen ladrón” tuvo la suerte de robarse el reino de Jesús, aunque haya sido al final de su vida.

Que bien que a Dios no le importa esperar el tiempo que sea con tal de que nos acerquemos confiados a su misericordia y a su perdón.

El reino de Dios es una conquista de Jesús para todos los creyentes, buenos o malos, con tal que nos decidamos a conquistarlo o a robarlo, no importa, pero al fin tenerlo.

El “hoy estarás conmigo” que Jesús dice al ladrón arrepentido al que la tradición cristiana ha dado en llamarlo “Dimas”, Es el hoy de cada día para el creyente que reconoce el regalo de la salvación de Cristo en la cruz y reconoce el gran don de Dios Padre por medio del Hijo. Al pronunciar las palabras de la salvación a un pobre pecador arrepentido, asimismo lo hace con cada uno de nosotros que dispuestos al perdón reconocemos la gracia y la misericordia de Dios para cada hijo bautizado.

Por qué no robarnos el reino que Dios tiene para cada uno de nosotros y que es tan fácil robarlo, solo con reconocer que Dios nuestro Padre nos regala por medio de su Hijo el don de la vida eterna.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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