Por: Pbro. Javier Gómez Orozco
CODIPACS.- Este domingo, la celebración coincide con una de las fiestas litúrgicas que la Iglesia nos invita a celebrar cada día 9 de noviembre; “La dedicación de la Basílica de Letrán”. Esta celebración se viene haciendo desde el S. XI. La basílica fue construida por Constantino en el S. IV poniendo como titular a Cristo Salvador. Es la catedral de la diócesis de Roma, considerada como cabeza de todos los templos de Roma y del mundo católico-romano. El obispo de Roma es el Papa quien preside desde su catedral a todos los fieles en la caridad.
Así que también se le conoce como la Archibasílica de san Juan de Letrán ya que en su dedicación se agregaron a los santos Juan Bautista y san Juan Evangelista En el S. XI y XII. Su nombre completo es Archibasílica del Salvador y de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista. En la fachada se puede leer “Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput” (Madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra)
Es pues la sede del obispo de Roma y la más antigua y de mayor rango; otras tres basílicas acompañan a esta como basílicas del Papa: San Pedro, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor y forman parte de las siete iglesias que se visitan en peregrinación, penitencia o fiesta, culto impulsado desde el S.XVI por San Felipe Neri. (Completan la lista de iglesias; San Lorenzo Extramuros, Santa Cruz de Jerusalén y San Sebastián extramuros)
Partiendo de esta celebración podemos hacer algunas reflexiones sobre el valor del templo material. La comunidad de fe que se reúne a celebrarla, el culto en espíritu y en verdad y la celebración del culto definitivo en el templo del reino de los cielos. El templo material cumple una función de espacio concreto que puede ser una gran basílica o un simple espacio, choza o cuarto donde la comunidad se reúne para la celebración de la fe. La comunidad de fieles, templos hechos de piedras vivas que celebran en espíritu y en verdad y que esperan participar en el templo invisible del reino de Dios.
El profeta Ezequiel en los capítulos 40-46 habla de la importancia del templo, de sus disposiciones, de sus ritos, de las personas sagradas (sacerdotes y levitas) de las normas sobre el culto y sus encargados etc. Todo sirve como marco para la visión profética de Ezequiel sobre el agua vivificante del templo.
En el texto de hoy, el profeta y su visión, habla de un manantial que brota desde el oriente del templo, hacia el sur, y en su curso va saneando todos los lugares incluso el mar muerto. Es una visión que presenta el fin del oprobio o la maldición y la desgracia que pesaban sobre el pueblo de Israel, Pero todo esto desaparecerá gracias a las aguas
vivificantes y sanadoras que brotan del templo, el lugar de la presencia divina. Desde ahí Dios muestra su poder y cumple su promesa de dar a su pueblo una tierra que mana leche y miel; una tierra fecunda y rica que surge de la mano poderosa de Dios desde el templo.
San Pablo por su parte al hablar a la comunidad de corinto, de su proceso de maduración humana y espiritual, de su conducta no tan loable y de sus luchas o divisiones internas y del culto a la personalidad; Apolo, Pedro, Pablo; les recuerda que ellos son de Cristo y para Él deben trabajar. También les dice que son santuario, templo de Dios y que en ellos habita el Espíritu Santo. Y si alguien destruye el santuario de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el santuario de Dios, que son ustedes, les dice, es agrado.
El nuevo templo que Pablo anuncia es un santuario hecho de personas no de piedras. No es un recinto arquitectónico sino personas donde habita el Espíritu de Dios, convirtiendo a las personas en lugar sagrado porque ahí está Dios. Tomando en consideración estas palabras de San Pablo; hoy en día el lugar de culto por excelencia debe ser el lugar privilegiado desde donde Dios habla o se manifiesta: los pobres los marginados, los enfermos, los abandonados, los niños de la calle, los migrantes etc. Estos templos son espacios donde Dios habita. Si no descubrimos a Dios en ellos, es muy probable que, en los templos, santuarios o grandes iglesias, solo encontremos imágenes o hasta falsos dioses.
Asimismo, el evangelista San Juan presenta a Jesús como el nuevo y definitivo templo, mediante el signo mesiánico de la purificación del templo, al cual han convertido en un mercado. Para los sinópticos el templo era considerado como casa de oración; pero para el evangelista San Juan el templo es la casa de su Padre, que la han contaminado. Es por ello que Jesús hijo de Dios y con su autoridad viene a purificar el templo del Señor.
Para poder ofrecer en el templo un sacrificio en espíritu y en verdad hace falta también la purificación de cada persona que se acerca al templo para entrar en comunión con Dios y ofrecer sus dones y pedir dignamente sus favores.
Sin menospreciar ls formas externas y los ritos de las celebraciones, los paramentos, ornamentos y vasos sagrados que la liturgia ofrece para las celebraciones; es importante la primacía del espíritu, de la fe y del corazón, debidamente purificados para lograr que el culto pase a la vida y que la vida se exprese en el culto.
En cuanto al lugar, recordemos que las primeras comunidades cristianas se reunían a celebrar el culto, la eucaristía y la oración en casas o en las catacumbas debido a la persecución que sufrían precisamente por ser cristianos y confesar su fe. No fue sino hasta el edicto de Milán (315 d C.) que el emperador Constantino permitió la práctica del cristianismo de manera libre. Así fue como aparecieron con el tiempo las grandes basílicas, templo catedrales etc.
El templo material es un espacio físico que nos invita a entrar en comunión con Dios, pero a la vez en comunión con los hermanos; razón por la que antes de entrar, debemos estar preparados y purificados para lograr ofrecer un sacrificio en espíritu y en verdad.
Jesús es nuestro modelo de adoración al Padre en espíritu y en verdad con la práctica de su oración, su predicación y sobre todo su testimonio de fidelidad a su Padre aceptando libremente la muerte en la cruz para redimir a todo el género humano y salvarlo de la muerte eterna.
No en vano en cada eucaristía, recitamos la oración cristológica y trinitaria que nos une a Él como iglesia: “Por Cristo con Él y en Él, a Ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”.
El templo físico o material cumple una función importante como casa de oración como casa de Dios y como casa de la familia de los hijos de Dios. Es nuestro espacio de convivencia y de comunión fraterna. Nuestra tarea es que precisamente logremos que en ese lugar se cumpla con la función y la dignidad que le corresponde.
Nosotros como templos vivos debemos adornar justamente el lugar con una buena preparación y purificación; así el templo material brillará y se convertirá en espacio deseable y de constante presencia y participación de todos los fieles.
Suena lógico que nuestro comportamiento y práctica exterior en el templo material, habla mucho de nuestro templo interior y de lo que en él se encuentra.
La dedicación de la Basílica de Letrán nos ayude a entender el valor de nuestras casas de oración, a cuidarlas y hacerlas dignas moradas de la presencia de Dios para mostrarle nuestra adoración en espíritu y en verdad.
El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.