Por: Pbro. Mario Alberto Aguilar.

CODIPACS.- Un día dedicado a la mujer, para unas tiene el valor que cualquier otro día tiene; para otras es un símbolo, una invitación, y un deseo de prestar atención a la mitad más importante que tiene nuestra humanidad común.
Resalto dos dimensiones actuales que competen a lo femenino: la mercantilización y la violencia. Respecto de lo primero, la mercadotecnia y la publicidad no dudan en explotar la figura femenina como un mecanismo de venta, las nuevas musas son en realidad un premio para quien sea capaz de ofrecer más dinero, más autos, más lujosos y las mujeres mantienen estatus de productos de consumo obligadas a ser lo que se espera de ella, no lo que desean Ser.
Pero incluso, en estos ámbitos la moda y la publicidad comienzan a darse cambios, cada vez más marcas toman como propia la misión de no encasillar a las mujeres en estereotipos imposibles y negativos de belleza, también cada vez más los consumidores marcan una diferencia pidiendo campañas incluyentes que no contradiga la belleza, dentro de la gran diversidad de formas y tipos de cuerpos.
De lo segundo, Margaret Atwood dijo: «Los hombres temen que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las asesinen» (ATWOOD, Margaret, La maldición de Eva, Lumen, Madrid 2013). La violencia contra las mujeres ha aumentado de manera escandalosa en el mundo entero y en México de manera especial, y usted lo sabe. Ridiculizar a alguien es penoso, pero matar a una persona es pernicioso. Los más altos grados de violencia como la violación, la tortura y el asesinato se han vuelto comunes, incluso hasta para quien los padece. Tanta violencia no es normal y correcto. Todo tipo de violencia se ha de evitar por ello: No a la violencia de género y a cualquier otro tipo de violencia.
Las mujeres bien pueden ser como los hombres, y en casi todo lo son; pero tienen una ventaja: son indispensables para que los hombres lleguen al punto de ser lo que son. En este 8 de marzo, pienso en la contribución histórica y ontológica de las mujeres al futuro de la Iglesia, al bien de la sociedad, a la paz y felicidad del mundo. Si no fuera por las mujeres que sostienen el mundo, el mundo no sería capaz de ser suspendido de la buena futura y vida.
El padre Mario Alberto es Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia San Juan Pablo II. También es director del Instituto de Pastoral Pablo VI, Torreón.