El Bautismo del Señor

Ungidos como Cristo para ser “Siervos” y “Testigos”

Por: Pbro. Fco. Javier Gómez

Foto: Desde la Fe.

CODIPACS.-  La primera lectura de este domingo nos presenta el anuncio que el profeta Isaías hace del primer cántico del Siervo de Yahvé. Los cánticos en la literatura bíblica son, más que cantos en sí mismos; alabanzas o himnos dedicados a Dios, que los israelitas utilizaron con frecuencia en el culto, y como canto propiamente, para ayudar a retener en la memoria los textos expresados.

En cuanto a la palabra “Siervo” en Heb. “ébed”, se utiliza como esclavo o servidor de un amo, trabajador al servicio de alguien. La sagrada escritura habla de los siervos en relación con Dios su Señor; los jueces, los reyes, los patriarcas, los profetas y otros personajes bíblicos, siempre se consideraron siervos de Dios. También con esa palabra se designaba a aquellas personas a las que Yahvé les encomendaba una misión; el mismo Israel es considerado como siervo de Yahvé por su misión y tarea en el nombre de su Dios.

Los profetas que se consideraban como siervos de Yahvé, tienen consciencia de que vendría un siervo especial que sería ungido como “mesías”, siervo sufriente para una misión especial.

El “ébed Yahvé”. Aunque la mayoría de los estudios exegéticos hablan de muchas posibilidades para definir al “siervo de Yahvé”, al final parece que se disipan las dudas presentando alternativas muy concretas; Alguien como Moisés, libertador experimentado, fiel y efectivo; Israel como pueblo conjunto y observador de los mandamientos de la alianza y cumplidor de ellos para su plenitud o alguien como David, un rey que sirvió a Yahvé y logró construirle un gran imperio.

El elegido es un Siervo que tiene una misión importante que realizar en función de otra tarea mayor, la de anunciar a los exiliados palabras nuevas, palabras de restauración, de liberación, de alegría y de paz.

¿Quién es ese rey y cuáles son sus expectativas? En el contexto del exilio, Yahvé es el protagonista que acomoda los pensamientos e intenciones de los personajes a los que se designa en muchos casos como siervos de Yahvé, para cumplir sus designios y regresar al pueblo a su lugar original y reconstruir el templo y la nación.

La tradición ha visto en los textos bíblicos de los profetas que el “Siervo” es un personaje designado para esta tarea; la reconstrucción de la soberanía del pueblo elegido y su restauración total; la liberación plena o salvación del pueblo elegido y de la humanidad. Es por ello que la figura del “siervo” sufriente se aplica a Jesús como elegido, “ungido” para dicha misión.

Los evangelistas no son ajenos a estas cuestiones y el evangelista Mateo nos presenta con el episodio del bautismo, al elegido al “siervo” que viene a cumplir la tarea de la redención. Pero el modo es importante. Hay un precedente del camino que Dios quiere para Israel; camino de conversión y penitencia para el perdón de los pecados y la recepción de la nueva vida.

Juan es el precursor, el “profeta”, el “siervo” de Dios, que como instrumento presenta al “elegido” para la misión. “Deja que esto suceda para llevar a cabo toda justificación”, como fiel devoto y cumplidor de la ley de Dios para cumplir otra misión mayor, la cual atestigua el bautista con la expresión: “Vio al espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y se posaba sobre él”.

La paloma es el símbolo del Espíritu Santo, símbolo de amor y predilección, signo de confianza y de elección. Es mi hijo amado, mi “Siervo” a quien sostengo como lo anuncia Isaías en el cántico del Siervo de Yahvé. De esta manera el evangelista identifica a Jesús con el “Siervo sufriente” del profeta Isaías para presentarlo como el “mesías”, rey que viene al sufrimiento y acostumbrarse al dolor para conquistar con ello la salvación.

La paloma (Heb. Yonah) es una de las aves más mencionada en la biblia. Hay testimonios de su domesticación tanto en Egipto como en Oriente Antiguo; también se atestigua la caza de plomas mediante redes o la práctica de cetrería. El halcón por ejemplo es el símbolo del dios Asur en la iconografía asiria.

También se dice que la paloma es dulce, afectuosa, asociada al amor, pero también, tímida e incauta. Jesús hace alusión a su proverbial inocencia invitando a sus discípulos a ser astutos como las serpientes, pero sencillos como las palomas. Son aves monógamas y fieles de por vida y muy dedicadas al cuidado de sus pichones. De ahí que se les asocien con el matrimonio y muchos autores bíblicos definen a la paloma como el espíritu de Dios que aleteaba sobre la superficie de las aguas al inicio de la creación (Gen 1,2) como preparando y fecundando la tierra como hacen las palomas con sus nidos. La identificación de la paloma con el Espíritu Santo también suele significar en el bautismo del Señor al nuevo Israel que Jesús conduce hacia Dios con la fuerza del Espíritu Divino

Cristo el “siervo” de Dios, el mesías que pasó por el mundo haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el demonio, porque el Espíritu de Dios estaba con Él, según el testimonio del Apóstol San Pedro; el salvador que con su sufrimiento y su muerte nos conquistó la vida eterna. Este Kerigma (anuncio primero) que hace Pedro es un resumen del ministerio, de la misión de Cristo que ahora se hace a los judíos para que entiendan la importancia del mensaje que después se hará a los gentiles (paganos); el menaje iniciado después de la “unción” (bautismo de Juan en el Jordán) donde Jesús quedó marcado con el sello del Espíritu Santo como el “mesías”.

Jesús es pues el elegido, el ungido (Gr. kristos) de quien el Ángel del Señor dijo a María le pondrás por nombre Jesús (Dios salva) porque Él salvara a su pueblo. Jesús el Cristo de quien nosotros decimos Jesucristo. Dios mismo se autoelige para la redención de todo el genero humano. La voz del cielo atestigua y manifiesta que Jesús es el hijo amado del Padre y que tiene puestas en Él sus complacencias.

Es muy seguro que cuando nosotros fuimos bautizados no se hayan visto signos extraordinarios, voces, nubes y palomas; sin embargo, ese día quedamos ungidos, elegidos, señalados para una misión, una tarea que, con el tiempo, con la ayuda y el buen consejo de nuestros papas y padrinos, debemos ir descubriendo en armonía con el estudio y conocimiento de nuestra doctrina cristiana católica. Aunque no hayamos oído físicamente la voz de Dios, esta se hace presente en el momento del bautismo por medio de la iglesia y la voz del bautizante que pronuncia las palabras del bautismo por las cuales quedamos constituidos en hijos de Dios y miembros de la iglesia para toda la vida.

Ungidos y elegidos para ser verdaderos hijos de Dios que con las obras y acciones hagamos presente en el mundo su reino de amor, de justicia, de verdad y de paz. Es asimismo una buena oportunidad para renovar nuestras promesas bautismales y comprometernos a vivir como verdaderos hijos de Dios.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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