El temor del profeta Elías. La tristeza de San Pablo, y el miedo de Pedro (la Iglesia)

Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.- El contexto del libro de los reyes en la primera lectura nos presenta a Elías en una situación crítica de su vocación. El conflicto ante la persecución de Jezabel por haber aniquilado a sus profetas en el monte Carmelo. El profeta tiene miedo, huye al desierto, se esconde en una cueva y ahí es alimentado por un ángel del cielo enviado por Yahave. Luego de comer camina cuarenta días con sus noches hasta el Horeb y es en la caverna del monte donde le fue dirigida la palabra de Dios.

Las cavernas o las cuevas en las montañas, significaban el lugar donde se podía pasar la noche en espera de un sueño o una comunicación divina, como le sucedió al profeta. El miedo y la indignación que Elías siente, hacen referencia al abandono que el pueblo hace de Dios y sus mandamientos. Esta es una de las funciones proféticas; “denunciar” la injusticia y el pecado del pueblo.

En general el “miedo” o el “temor”, son una reacción afectiva de las personas ante alguna amenaza o algún mal, procedente ya sea de la naturaleza, de otros seres humanos o de fuerzas superiores ante las cuales se siente la impotencia o debilidad.

Elías busca la respuesta en Yahave, al cual encuentra en el “monte” de Yahvé, en una suave brisa que le inspira y acompaña, que le quita el miedo para que pueda reiniciar el camino de su vocación profética. El monte como sabemos es el lugar más cercano, por estar más alto, para encontrarse con Dios. La tradición bíblica las asocia con la eternidad, con la estabilidad o permanencia, pero también con las dificultades y peligros de la vida, con los obstáculos aparentemente insuperables. Como fenómeno natural y religioso expresa el nacimiento ascendente del montículo hacia el cielo al cual parecen unirse en un día lleno de nubes; de tal manera que subir al monte es una manera de expresar la trascendencia es ir al encuentro de la eternidad particularmente es entrar en contacto con Dios.

Fue así como Elías escucha la voz de Dios que lo invita a renovar su vocación profética y lo envía a profetizar y consagrar reyes que sean dóciles y hagan la voluntad de Yahave su Dios.

Nosotros posiblemente ante las situaciones difíciles de nuestra vida buscamos refugios distintos que con frecuencia no satisfacen nuestras necesidades y ocasionalmente aumentan más el miedo y las posibilidades de fracaso y decaimiento. También se les suele llamar escapes, salidas fáciles, paliativos, frivolidades etc. que solucionan temporalmente el miedo pero a la larga hacen más complicado el camino de la vida.

San Pablo también expresa su tristeza grande por los judíos a quienes llama, mis hermanos, los de mi raza; por no creer en Dios que los ha elegido y en Cristo que viene a renovar la alianza antigua de la que ellos forman parte. Da la impresión de que San Pablo piensa que la fe debe imponerse por tradición o por herencia familiar.

Aunque hay que aceptar que ha habido circunstancias en las cuales la conversión de un padre de familia o la cultura de un pueblo adoptan la misma fe y se acepta sin ningún problema. Pero se nos olvida a veces, que la fe es una gracia, un don divino depositado en el ser humano de muchas maneras, desde pequeño o ya consciente, pero finalmente es un don que requiere de la voluntad como libre adhesión a las verdades que Dios revela en su palabra y en su hijo Jesucristo.

En realidad lo que Pablo hace en este lamento es Evangelizar, y con ello se expone a la crítica y al rechazo de los judíos sin importarle. Dice que prefiere ser “rechazado” por su fe, prefiere ser “anatema” de la fe de los judíos, que renegar de lo que ha creído. Pero aún así está dispuesto a ser “maldito” por su fe en Cristo por la conversión de los judíos, sus antiguos correligionarios.

En nuestra sociedad actual se perfila entre los “cristianos “un modo de comportamiento en la fe similar al de muchos judeocristianos del tiempo de Pablo y de los apóstoles. Familias católicas preocupadas porque sus hijos no practican su fe como debe ser. Tristes porque no sienten el deseo de asistir a la iglesia; dicen que les es aburrido y tedioso, no les impacta; utilizando el lenguaje de actualidad no “contagia”. Otras familias manifiestan su preocupación cuando oyen a sus hijos adolescentes o jóvenes que expresan haber perdido la fe.

Esto por supuesto nos plantea un dilema real; cómo lograr que el evangelio sea atractivo, anime la vida y la haga tan fructífera, que sintamos cada día mayor necesidad de estar cerca de la palabra de Dios y de sus recursos sacramentales para conquistar la vida eterna.

El evangelista San Mateo nos presenta este domingo en el evangelio un episodio de miedo y de terror de Pedro. Aparentemente muy simple y de la vida cotidiana de Jesús con sus discípulos.

El contexto es el recién presenciado milagro de la multiplicación de los panes; seguro también los discípulos están admirados e impactados por el hecho.

Es por ello que Jesús los “obliga” … la autoridad de Jesús no se pone a prueba y menos frente a la expectación de sus acciones. Ellos obedecen y parten a la otra orilla; es bien probable que a tierra de gentiles, sea decir, paganos. Jesús entre tanto despide la gente y prepara el terreno para la siguiente acción.

Enseguida nos presenta la enseñanza de Jesús en torno a la oración. Dos formas importantes y necesarias de entrar en comunicación con Dios. Una es la comunitaria, reunirse a la oración; “donde dos o más se reúnen ahí estaré en medio de ellos”. En segundo lugar; la importancia de estar a solas con Dios. La oración nocturna y solitaria de Jesús es un modelo de oración para los cristianos que junto con la oración comunitaria necesitan de espacios de tiempo en soledad, en observación de la naturaleza y en contemplación.

La oración es el recurso para acercarnos a nuestro Padre y a su hijo Jesucristo por la efusión de su Espíritu Santo para conseguir lo que necesitamos en nuestro camino y vocación, ya que las tentaciones, los problemas o el miedo nos pueden paralizar y alejarnos de nuestra misión.

La misión está llena de sobresaltos y de tempestades. Hay que decirlo claramente: “El miedo ha entrado en la Iglesia”. El episodio del evangelista recrea una situación de ayuda a las comunidades cristianas para liberarse del miedo, de la poca fe. Cuando la barca (iglesia) se aleja mucho del Maestro, empieza el miedo, el pánico el terror; ¿qué se puede hacer sin Jesús en la barca? Sabemos que el mar es el mundo y sus conflictos, la barca es la Iglesia y la tempestad, las tentaciones. ¿Qué podemos contra ello si no está Jesús en la Iglesia?

“Animo no se espanten, soy yo”. Cuantos creyentes católicos viven hoy sin la certeza de la fe, sin la vida plena traída por Jesús; se vive en oscuridad y duda; la fe, reducida a sospecha y acusación porque no se le ha dado claridad, testimonio y arrojo por parte de los mismos creyentes.

“Mándame ir a ti”; es el deseo, que no siempre va acompañado de la confianza. Pedro sintió la fuerza del viento y le entró el miedo, con la consecuencia de hundirse en el agua y el riesgo de ahogarse, de perderse si no encuentra quién le de la mano. “Señor sálvame”. No tengamos miedo al grito desesperado y doloroso ante la falta de fe y de confianza porque al final ahí está el Señor para tendernos la mano y sacarnos nuevamente a la vida y a la fe.

Pidamos en este domingo que El Señor Jesús nos contagie de su espíritu con tanta fuerza que podamos vencer nuestros miedos, tristezas y tentaciones de encontrar falsos refugios o escapes que nos aparten de la tarea que se nos ha encomendado y que nosotros libre y conscientemente hemos elegido.

Ante el miedo, el temor o pánico de echar a perder la vida, busquemos el mejor refugio; más aún, busquemos a Dios. Aunque resulte un poco difícil para muchos de nosotros, no es imposible y podremos sorprendernos de lo sencillo que es encontrar a Dios.

Un cuento: Un niño que no faltaba a sus clases de catecismo en la parroquia, sin embargo, quería conocer mejor a Dios. Así que un sábado en vez de ir al catecismo, decidió ir en excursión a buscar y conocer a Dios. Hizo sus preparativos como un “scout” con su mochila al hombro en la cual puso lo característico de un niño: galletas, chocolates, panecillos, jugo de frutas, agua. Inició su aventura en la búsqueda de Dios.

Después de unas dos horas de caminar; se detuvo por el cansancio, en un parque y encontró una banca en la que se sentó. A su lado estaba una anciana, sola, que contemplaba las palomas que rutinariamente se acercaban al lugar buscando las migajas de pan que ella les echaba.

El niño tenía sed, así que abrió su mochila y sacó un jugo para beber, la anciana se le quedó mirando, de modo que el niño le ofreció otro de sus jugos, el cual aceptó agradeciendo el gesto con una sonrisa. El niño quedó tan impresionado con su sonrisa que decidió ver esa sonrisa de nuevo y le ofreció uno de sus panecillos, que también acepto correspondiendo con su bella sonrisa. Así sin decir palabra compartieron y comieron lo que tenían.

Ya tarde el niño decidió regresar a casa, no sin antes despedirse de la anciana con un abrazo, ella por su parte le dedico la mejor de sus sonrisas.

Al llegar a su casa el rostro del niño reflejaba tanta alegría y satisfacción que la mamá sorprendida le preguntó: ¿Qué hiciste hoy que te ha hecho tan feliz? A lo que el niño contestó: ¡Es que hoy he merendado con Dios!… y antes que la madre pudiera replicar algo, le dijo el niño: ¡tiene la sonrisa más bella que jamás he visto!

La anciana por su parte regresó a su casa feliz del encuentro con el niño, tanto que su hijo que regresaba del trabajo, al verla de preguntó: ¿Mamá que has hecho hoy que te tiene tan feliz? A lo que ella radiante respondió: ¡hoy que comido galletas y jugo con Dios? Y antes que el preguntara algo le dijo: ¡sabes…Es más joven de lo que yo pensaba!

Moraleja:

Dios está en todas partes y es campo de oportunidad para encontrarlo y mostrarle nuestros mejores sentimientos, pensamientos y acciones. ¿No crees?

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.

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