Por: Pbro. Mario Alberto Aguilar.

CODIPACS.- En la liturgia hoy se centraliza en la institución de la eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor; pero también es de suma importancia la figura de Judas Iscariote, aparece al contar la historia de la Pasión de Jesucristo, porque Judas es un elemento indispensable.
Judas impresiona ante todo porque en él vemos una figura triste; triste, pero real. En verdad, triste en sí misma, y real en que nos habla de nuestra propia condición: la de ser pecadores, traidores, carente del perdón y de la misericordia del Único que es el perdón.
Nos guste o no, Judas es una figura que siempre está cerca de nosotros, porque no es raro que esté dentro de nosotros; de hecho, está, siempre y en cada caso, en cada uno de nosotros.
La lección que Judas Iscariote nos da se puede resumir así: no hay peor tragedia que rechazar el perdón; no hay peor condenación que la que el hombre es capaz de pronunciar sobre sí mismo, cuando no acepta el perdón de Dios y su misericordia. Desde la conjugación de la tentación de pensar que no hay necesidad de ser perdonado con la tentación de creer que hay casos en los que el perdón no es posible o incluso deseable, sólo puede resultar en la peor y más grave de todas las tentaciones: la de pensar que Dios no me ame por lo que soy.
Sobre Judas Iscariote en el drama de la Pasión de Jesucristo, Benedicto XVI en una audiencia (18/10/2006), advierte dos cosas que son imperdibles a considerar: la primera, reconocer que no hay peor traición que la comprometida con la Amistad; la segunda, reconocer ante todo que no hay traición, ni pecado que, honestamente confesado, no puede ser perdonado, en virtud de la Misericordia que es Dios.
Es cierto que, en Judas Iscariote, es considerado como tema el beso, como el más traicionero de la historia, que deja confusos. Pero, nuestro encuentro personal con el drama de Jesús, es decir, con la revelación de su amor, eje del misterio de la Pasión, no debe tener otra intención, o motivación, que nos lleve a reconocer que sin Él nada se puede lograr por la eternidad y que, sin Perdón, ni siquiera podemos vivir para Dios.
Ante el beso traicionero de Judas, Jesús responde con la palabra «amigo, es esto a lo que has venido» (Mt 26,50). Lamentablemente, el traidor ya no sabe lo que significa la palabra, y mucho menos lo que es en sí misma la Amistad, una palabra esencial para el drama de toda existencia humana, una realidad en la que nuestro lugar es a la vez dar y recibir, siendo que Dios a Ti solo da.
Por lo tanto, sería oportuno considerar la importancia de nunca desacreditar la posibilidad real de una amistad fiel y verdadera. A fin de cuentas, cabe esta pregunta: ¿Qué lugar tengo en este drama donde Judas hace de la «amistad» mera traición?
El padre Mario Alberto es Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia San Juan Pablo II. También es director del Instituto de Pastoral Pablo VI, Torreón.