La catequesis educadora de comunidad

Por Pbro. Jesús de la Torre

Foto: Didinec Torreón.

CODIPACS.-Narro que, en la Parroquia de Fátima, hace no más de 20 años, se me presentó una mujer muy amable, de fácil palabra que dijo ser nieta del General Francisco Villa. Se le notaba en los rasgos.

Platicó que tenía años viviendo en el Distrito Federal y que le traía por estos rumbos el conocimiento de que por la colonia Vicente Guerrero existían unos familiares descendientes de “El general Francisco Villa”, mi abuelo. Se mantuvo en tal colonia el tiempo necesario hasta que los descendientes del general se bautizaran, hicieran la Primera Comunión, se casaran por la Iglesia, observando sus normas.

Esto nos recuerda que la catequesis es tara de todo el Pueblo de Dios y que, si se lleva a cabo dentro de las sabias normas eclesiales, es mejor. Las catequistas y los catequistas normalmente son gentes sencillas del pueblo, que normalmente surgen del pueblo, con un amor grande que surge desde su fe y con una preocupación por valores morales porque anhelan que, en su comunidad, ni las muchachas ni los muchachos sean malos en sus próximos años.

Los catequistas en general son personas sencillas, muchas veces sin suficiente preparación que luego esta se va remediando si tienen la suerte de un párroco listo, sensible, muy atento a los cambios de los tiempos para atender las más sensibles necesidades de chavos y chavas de esta era del avance tecnológico, con infinidad de redes sociales, que muchas veces no son tan amigables ni con la Biblia, ni con la Iglesia, ni con sus pastores. Los avances tecnológicos son un recurso del ingenio humano, bendecido por Dios para el desarrollo integral del hombre.

Muchos catequistas trabajan en condiciones muy difíciles. En ocasiones son la burla del pueblo. Casi siempre son pobres. Les falta su material propio y suelen tener poco apoyo y a veces del pastor propio.

La perseverancia suele ser la dictadura de la esperanza con que se visten y no falta por ahí algún día que un párroco o el pueblo le pida que los frutos que ya tiene, los ponga ya al servicio reconocido de la comunidad, de la parroquia o de la Iglesia. No falta quién piensa que los que se dedican a este ministerio, es en parte un reflejo de su inutilidad en la comunidad, aunque se les vea en las asambleas populares, en las juntas de padres de familia de las escuelas, en los arreglos propios de la conservación de los ambientes.

El padre Jesús De la Torre, es historiador de la Diócesis de Torreón. Ha colaborado con columnas periodísticas en medios de comunicación locales.

Scroll al inicio