La pasión camino a la resurrección

Por: Pbro. Francisco Gómez O.

CODIPACS.- Estar a la puerta de un proyecto o acontecimiento, preparado con muchísima anticipación; nos presenta dos caras: una de anhelante espera de su realización con su particular entusiasmo y alegría y la otra de nerviosismo e incertidumbre de lo que será y cómo se realizará.

El Domingo de Ramos es el inicio de la semana litúrgica que nos conduce por el camino del proyecto de Cristo que culminará con la pascua. Será una semana de muchas vivencias religiosas de carácter espiritual que nos mostrarán el don de Dios; el misterio de nuestra fe. Serán también celebraciones ya con bastante presencia física de los fieles, esperando que no se disipen y relajen con las tradicionales vacaciones de “Semana Santa”.

Seguirá siendo tiempo de reflexión, de oración y meditación sobre los misterios que nos dieron la posibilidad de recibir el don de la vida eterna.

El profeta Isaías nos presenta el segundo cántico del siervo de Yahvé, identificado con el profeta llamado desde el vientre de su madre para dar a conocer la palabra de Yahavé. El profeta además personifica, como siervo a un grupo de fieles que buscan a Dios y quieren cumplir su voluntad y observar las enseñanzas y la fe de sus antepasados como Dios lo quiere.

El siervo podrá animar con la palabra (lengua experta) y trasmitirla a los demás porque él mismo la ha escuchado cada mañana y la comunica a los cansados y aburridos para que recobren las fuerzas y el ánimo retornando a Dios.

El siervo está dispuesto aun sabiendo que hay de por medio muchas dificultades para cumplir la misión. La ignominia de un mundo violento, cruel y despiadado frente a la mansedumbre del siervo que ofrece su espalda a los agresivos que injurian, tiran de la barba, escupen y golpean.

Esta lectura profética ha sido adaptada por la liturgia para presentarnos a Jesús como el “Siervo” sufriente que va a cumplir la misión encomendada por su Padre. Da comienzo con su entrada solemne a Jerusalén, proclamado como rey en el domingo de ramos.

San Pablo abona a esta figura haciendo un reconocimiento de Cristo mediante el conocido himno cristológico que los primeros cristianos cantaban en la liturgia para mostrar su fe y reconocimiento de Cristo como el salvador y que San Pablo recogió para trasmitirla a las siguientes generaciones.

Los privilegios de Jesús como Dios no le impidieron ofrecer su vida para la salvación de todos, así que renunció a dichos privilegios y eligió un sacrificio y una muerte de cruz. Por ello y por el cumplimiento cabal de la misión, Dios lo exaltó otorgándole el nombre, sobre todo nombre; es decir, la presencia activa de Dios en el universo entero. Todo lo del Padre incluso su gloria y su poder, ahora cumplida la misión, son del Hijo y el universo lo reconoce.

Cristo ya llevaba desde su concepción en el vientre virginal de María, el “gen” divino de la resurrección y de la vida eterna porque era Dios. Sin embargo, había de pasar libremente por una prueba que el Padre le pidió a favor de toda la humanidad. Asumiendo la condición de “Siervo”, su persona debía someterse a las leyes de la naturaleza humana pasando por la muerte para vencerla y retornar a la vida con la plenitud que el Padre le otorgó.

A manera de ejemplo; la naturaleza nos ofrece modelos sencillos de cómo podemos recobrar la vida después de ofrecerla libremente por un bien mejor. Las orugas pasan por un proceso de crecimiento hasta un punto en que deben morir como orugas para renacer como bellas mariposas. O el salmón que después de nacer recorre cientos de kilómetros para llegar al mar y alimentarse y finalmente regresa al lugar donde nació sorteando infinidad de obstáculos para reproducirse y después morir dejando la vida en sus futuras generaciones. “No hay amor más grande que el que da la vida por sus hermanos”.

La lectura de la pasión de Cristo es el centro de la celebración de este día. El camino hacia la muerte con la cual nos dará la vida eterna a los que creemos en él.

San Marcos inicia con su referencia a la pascua judía; están por celebrar el 1480 aniversario de la salida de Egipto y la pascua era como la celebración de su independencia por lo que ocupaba el primer lugar en su calendario.

Al momento de la pasión, el pueblo judío tenía cuarenta años de haber perdido su independencia y quedar sometidos a Roma, así que la celebración de la pascua despertaba en el pueblo nuevas ansias de libertad.

Las peregrinaciones de todo Palestina hacia Jerusalén no paraban. Asistían en grandes grupos para no perderse la oportunidad de comer el cordero pascual que por tantos siglos habían comido; recordando con ello, su liberación y la presencia de Yahvé su libertador.

Por mucho tiempo el pueblo esperaba un “Mesías”, un nuevo liberador y más en ese momento en que se encuentran a merced del poder romano. Sabían que Dios les había prometido enviar a un salvador que recuperaría la soberanía perdida y darle nuevo esplendor al pueblo, al templo y con ello al culto.

Aunque Jesús encarna el proyecto liberador de Dios; el pueblo no alcanza a verlo como el “Mesías” porque su proyecto no contempla la lucha armada como pensaba Judas y otros seguidores que pretendían la liberación por medio de las armas. Jesús viene a ofrecer con el evangelio la lucha del bien contra el mal y la libertad desde el fondo del corazón mediante el mandamiento del amor al prójimo.

Los mismos discípulos tenían la mirada muy corta respecto de la enseñanza que Jesús les había trasmitido en estos poco menos de tres años desde su bautismo en el Jordán, por medio de Juan. Sin embargo, los prodigios que se conocían de Jesús eran suficientes para que los jefes del pueblo; sumos sacerdotes, escribas y fariseos, le temieran y buscaran su destrucción.

El desenlace de su misión tiene a los jefes como protagonistas y a sus seguidores como temerosos e indefensos aprendices, frente al poder político, económico y religioso de los líderes del pueblo judío.

La suerte de Jesús quedó echada y Él la asumió consciente y libremente porque sabía las repercusiones que ello traería para toda la humanidad. No se aferró a las prerrogativas de su condición divina, por el contrario, se humilló tomando la condición de siervo aceptando incluso la muerte, y una muerte de cruz.

La trama y desarrollo del juicio de Jesús ante las autoridades civiles y religiosas nos presenta la faceta del poder oculto para asesinar a un inocente por un lado y por otro la tentación de muchos afines al poder establecido, para unirse en la acusación injusta y la condena del acusado sin abogado de por medio.

Sus apóstoles lo abandonaron, unos lo traicionaron generando en otros seguidores un sentimiento de frustración y desesperanza.

Sin embargo, aunque parece que está totalmente solo y abandonado, Dios, su Padre, está ahí, a su lado sufriendo con Él y contemplando el trato de los verdugos y la actitud desinteresada de la mayoría de los observadores que miran más por morbo que por otra cosa.

Las mujeres ocupan un puesto especial con sentimientos de solidaridad y con una presencia activa que manifiesta todo el apoyo y el dolor por el sufrimiento de Jesús. La mujer, siempre la mujer, atenta a las necesidades del que más necesita y solidaria con sus causas.

Iniciamos los cristianos el memorial de la pasión de Cristo en este domingo de Ramos, donde con gritos de alegría, de gozo y de festividad, acompañamos a Cristo como nuestro Rey y Señor y unos cuantos días después; puede que empiece la dispersión, el abandono y la traición.

Estamos en tiempo de reflexión, de oración y súplica a Dios para que mitigue el sufrimiento de tantos hermanos nuestros que se encuentran abatidos por la enfermedad y el sufrimiento; de los desplazados o migrantes peregrinos en búsqueda de mejores oportunidades; y por todos los que andamos por el camino de la vida con temor y temblor de lo que cotidianamente vivimos, de lo que constantemente observamos y escuchamos; de la incertidumbre del rumbo de nuestra sociedad.

Nuestra pasión diaria en nada se asemeja a la de Cristo, pero debemos aprender que también el sufrimiento, aunque sea poco, unido al del Señor, en mucho ayuda a lograr de nuestro Padre los beneficios que necesitamos para cumplir cabalmente nuestra misión en el mundo.

Debemos estar sincronizados con la voluntad divina para entenderla y poder realizar nuestro trabajo bien hecho. Caminemos por la pasión de la vida con fidelidad, hacia la ruta de la resurrección.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.

Scroll al inicio