“La virgen María concibió a Jesús”

Por: Pbro. Javier Gómez O.

Foto: Desde la fe.

CODIPACS.-  En este cuarto y último domingo de Adviento, la liturgia nos presenta un texto del profeta Isaías, para recordarnos la inminente llegada del salvador y la alegría que ello debe causar en nuestros corazones.

El texto está tomado del libro de Emanuel, en el cual el profeta Isaías avisa al rey de Judá, Acaz, sobre el riesgo de aliarse con los asirios en la guerra Siro-Efraimita, donde los asirios están ganando terreno, por lo que los reyes de Damasco y Samaria quieren que Acaz, se alíe con ellos para atacar juntos a Asiria. Contra los consejos del profeta, Acaz, prefiere aliarse con Asiria que los someterá a duro vasallaje y los otros reinos terminarán por sucumbir.

Isaías quiere hacer entrar en razón al rey de que no ponga su confianza en el poder humano y que se anime a pedirle directamente al Señor una señal. Acaz parece tener un gran respeto y temor de Dios, por lo cual dice que “no tentará o provocará “al Señor, pero por otra parte parece que, ante la amenaza de ser atacado por Damasco y Siria por no hacer coalición con ellos; prefiere confiar en el poder de Asiria… y esto es ya, tentar a Dios.

Por ello la señal le será dada de cualquier manera, así que no podrá rechazarla. Y el signo es la profecía del nacimiento de un niño que será llamado “Emanuel” (Dios con nosotros) que es el futuro hijo del mismo rey. Ezequías, será el vástago real que hará presente a Dios en medio del pueblo y a su vez el Señor renovará su fidelidad.

Según la tradición, este signo es bueno porque cada vez que un rey tenía un primogénito, era una prueba de que Dios seguía apoyando la casa de David para perpetuar la alianza con su pueblo.

La joven (Heb. ha´alma) no es el término que en algunas traducciones presentan como “virgen” que en hebreo es “betula”, por lo que al referirse a una joven hace referencia a la esposa del rey, o según algunos especialistas, a una de las mujeres del rey.

El signo profético se refiere a un salvador del pueblo en crisis por las guerras entre Israel y los demás pueblos.

Este es el presagio de un rey de la casa de David, llamado “Emanuel” (Dios con nosotros) que viene a traer la paz y la justicia entre los pueblos; dicha profecía se cumple en Jesús, que como Mesías viene a salvar al pueblo y renovar la antigua alianza, con una nueva alianza, sellada con su sangre.

Este es el tema inicial del Apóstol San Pablo en la carta a los Romanos. El cumplimiento de las promesas proféticas hechas por Dios y que se han cumplido en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido del linaje de David, por obra del Espíritu Santo.

San Pablo se presenta a la comunidad de Roma como un servidor de Cristo y predicador del evangelio, llamado por Dios para ser Apóstol, según su experiencia en el camino de Damasco, separado de antemano para para desempeñar el papel de evangelizador. El participio “separado” da a entender su pasado de origen farisaico como experiencia especial para la realización de su apostolado.

Su apostolado está destinado de antemano y los profetas son testigos de dicha misión para presentar el origen de Jesús de la estirpe de David según la carne y su condición de espíritu santificador, constituido como hijo de Dios, con todo poder para resucitar de entre los muertos, para la salvación de los hombres.

Pablo se siente personalmente un apóstol y enviado en virtud de la resurrección de Cristo que se manifestó a él de manera especial en su camino a Damasco, para convertirlo en apóstol de los gentiles, de tal suerte que ellos pudieran “escuchar “la palabra y “obedecerla” porque eso es, según Pablo la verdadera fe.

Los romanos son parte del pueblo pagano y por ello, Pablo, se siente con el derecho de mandar su carta evangelizadora, aunque él no hay fundado dicha comunidad.

El evangelista Mateo complementa la reflexión dominical, con los elementos recibidos de la tradición y según las fuentes de la cuales se alimenta; nos presenta algunos rasgos de la genealogía de Jesús; descendiente de la dinastía de David. Para ello enlista a José como el padre jurídico de Jesús descendiente de la tribu de David.

El elemento sustancial del relato de Mateo es presentar a Jesús, el hombre, nacido de María y miembro del pueblo judío, como el mesías esperado. Sin embargo, las dudas de José respecto de su prometida María, se convierten en la oportunidad para que el mensaje divino resuene en sus oídos y no tome la decisión equivocada de repudiar a su mujer y sí, en cambio recibirla como esposa.

El mensaje del ángel que como enviado, pone acento en la personalidad de José, como hijo de David, para garantizar el origen real del anunciado, como hijo de Dios por obra del Espíritu Santo. Hace alusión de la escritura que garantiza que el mesías había sido anunciado por Isaías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que quiere decir Dios con nosotros”.

El ángel le anuncia a José que el nombre del niño será Jesús, (Heb. Yeshua = Yahvé es salvación) porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.

Los elementos de la narrativa de Mateo ponen especial atención a la fe en el acontecimiento salvífico por medio del Mesías.

En primer lugar, en un don, un regalo de dios para el ser humano; pero dicho regalo divino viene a servir a los hombres, de ahí el doble nombre de Emanuel y Jesús y el significado de Dios con nosotros y Dios que salva.

Pero también es significativa la irrupción de Dios en la historia humana que no destruye ni limita la iniciativa del hombre sino que la exalta. De esa manera encontramos la respuesta de María que copera libremente a la obra de la salvación de todos los hombres, al igual que José que sin pensar en la descendencia davídica según la carne, se une y copera con el proyecto divino poniendo su persona y su paternidad jurídica al servicio de la obra salvífica de Dios.

El adviento, hemos dicho, es la oportunidad de reconocer la maravilla de la encarnación y la presencia de Dios en la vida de cada uno de nosotros. La fe es necesaria para entender que Dios sigue pidiendo la cooperación de cada uno de nosotros para continuar su obra de salvación en nuestro mundo.

Creo que no es necesario oír mensajes extraordinarios o apariciones angélicas para comprender que Dios quiere nuestra cooperación para crear un mundo mejor y una vida más fraterna y solidaria.

Nos ha dejado eficaces herramientas para que podamos realizar el trabajo de ser artífices de justicia, de amor y de paz. No dejemos de maravillarnos con los dones que dios nos concede para poder cumplir con el proyecto original de salvación del género humano que nos ha sido encomendado a todos desde el origen de la creación y de manera particular con el testimonio del primogénito y ejemplo de la salvación “Yeshua” que cada año nos recuerda que vino a salvarnos.

A manera de colofón: El maestro en la escuela preguntó a sus alumnos que cuales pensaban que eran las maravillas del mundo.

No dejaron de enlistar; las cataratas del Niágara, la Muralla china, el Machu Pichu, las pirámides de Teotihuacán y las de Egipto, la aurora boreal y otras más. Una niña había permanecido callada, mirando a su alrededor y escuchando detenidamente las respuestas de sus compañeros de clase; por lo que el maestro le preguntó directamente: Tú no has contestado nada; ¿nos quieres decir que piensas de las maravillas del mundo? La pequeña niña dijo: Yo creo que las maravillas del mundo son: poder ver, poder escuchar, poder saborear, poder sentir, poder tocar, reír y amar… Entonces… ¿algo hay más maravilloso que eso? y además poderlo compartir y colaborar con ello en la obra más maravillosa de la salvación que se realiza por medio de Jesucristo y que cada año tenemos la oportunidad de celebrar en la navidad.

Preparemos nuestras maravillas personales a la llegada del Señor y compartamos su visita y su presencia con las personas que están a nuestro alrededor, dando lo mejor que tenemos…Nuestra persona, nuestra vida y nuestra fe.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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