Santo Tomás de Aquino

CODIPACS.- El 28 de enero, en la Iglesia, está asociado con la memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), uno de los más impresionantes, profundos y transformantes, Doctores de la Iglesia.

Al morir, con tan solo 49 años de edad, Santo Tomás dejó en herencia intelectual una obra de carácter filosófica y teológica absolutamente extraordinaria, sin duda uno de los más grandes pensadores de la Iglesia que se conocen por su fuerza generativa del espíritu humano.

Habiendo estudiado en lugares como Montecassino, Nápoles, París y Colonia, el hijo de los condes de Aquino fue también, después de haberse incorporado a la Orden Religiosa de los Dominicos, profesor en universidades como Nápoles, París, Colonia, Roma, Orvieto y Viterbo.

Pensador instrumental en la recepción al pensamiento aristotélico y al nuevo espíritu científico que, providencialmente, marcó el siglo XIII y con él, el resto de la evolución intelectual de Europa.

Santo Tomás de Aquino, rápidamente se convirtió en la principal figura del pensamiento cristiano, y por la consecuente fundación de numerosas universidades católicas en todo el mundo, lo convirtieron en la figura paradigmática de la visión intelectual del catolicismo, siendo que todavía hoy representa la figura punta en el tratamiento de cuestiones como las de la integración de la fe y la razón, las de la clarificación epistemológica de lo que sea la Verdad y la función del intelecto en la búsqueda de la misma, la interpretación de la Sagrada Escritura, incluso aún hoy no hay asunto de las ciencias teológicas o filosóficas en las que Santo Tomás de Aquino no tenga, o pueda tener, una palabra relevante que decir, aunado la constante evolución de la inteligencia y del saber humano y sus consecuencias en el ámbito sociocultural, científico y técnico.

Recordar a Santo Tomás de Aquino, por cierto, uno de los pensadores más geniales de toda la historia de la Iglesia, y del mundo occidental en particular, evoca en nosotros la importancia del esfuerzo intelectual para la comprensión de la fe, la necesidad de pensar en profundidad los misterios del Ser y de la vida, la urgencia de expresar con palabras comprensibles la respuesta que a la más esencial búsqueda de que sea capaz el ser humano, la del sentido de la Palabra Eterna de Dios, el Logos hecho carne en la historia concreta del hombre Jesús de Nazaret y el Cristo de Dios hecho hombre para la salvación del mundo.

Su muerte tuvo lugar el 7 de marzo de 1274 en el monasterio cisterciense de Fossanova, no muy lejos de Aquino, su tierra natal, cuando viajaba hacia el norte con la finalidad de participar, por orden del Papa de entonces en el Concilio que estaba a punto de iniciar en Lyon, ciudad de Francia.

El padre Mario Alberto es Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia San Juan Pablo II. También es director del Instituto de Pastoral Pablo VI, Torreón.

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