Por: Pbro. Javier Gómez

CODIPACS.- En este segundo domingo de adviento, la liturgia por medio de la palabra de Dios, nos invita, como es común en el adviento, a la conversión, como medida de preparación para la llegada del Salvador. Un salvador a quien el profeta Isaías anuncia como un vástago, descendiente de familia real; de la tribu de Jesé, (heb. Isay = Yahvé existe) el padre del rey David; de Belén de Efrata, de donde surgiría el Mesías, del cual el profeta anuncia, vendrá de esta línea genealógica.
En la tradición oriental antigua, a los últimos hijos de una familia se les llamaban vástagos o retoños del tronco. El rey David es precisamente el retoño de la familia de Jesé, el último de sus hijos.
Hoy escuchamos un poema de Isaías para hablar del príncipe de la paz, del heredero del trono que viene a traer la esperanza, la ilusión, un mundo de paz y prosperidad universal. Isaías es el primer profeta que habla de un mesías que surgirá del tronco de Jesé. Piensa en un rey parecido o similar al rey David, de quien pensaban que no había habido otro igual en dos siglos y medio.
Es muy probable que este poema haya sido escrito por Isaías después del destierro en Babilonia y lo ubica en este tiempo precisamente para presentar al Mesías que según los profetas vendría con la fuerza de Espíritu de Dios para gobernar y pastorear al pueblo de Israel.
Aunque en el ambiente bíblico se sabía que los profetas gozaban de la fuerza del Espíritu Santo, sin que dicha presencia fuese continua ni permanente; Isaías destaca que el Mesías sí tendrá la fuerza permanente del Espíritu divino.
Las características del espíritu son de prudencia y fuerza como el rey David; de Sabiduría e inteligencia como Salomón; de conocimiento y temor de Dios como los patriarcas, que tomaban en cuenta a Dios para todo lo que hacían.
También en la mentalidad del Oriente Antiguo, se entendía a un buen rey por su comportamiento y atención especial para hacer justicia a los pobres y oprimidos. Cuando el rey practicaba la justicia con el desvalido; se decía que era un buen rey. El monarca que anuncia Isaías tiene como cinturón la justicia y la lealtad y como consecuencia, Dios les concede la paz y la armonía por medio de Él.
Estos atributos se muestran en la misma naturaleza; la convivencia del lobo y el cordero, del puma y el cabrito, la vaca y la osa con sus crías; el niño y la serpiente; todos en armonía y paz. Este es el signo de la presencia divina y de su espíritu.
Es una manera de decir que cuando se tiene interés en que Dios se haga presente en el corazón de los hombres; su espíritu logrará que se pueda conocer y hasta controlar las leyes de la naturaleza, y ponerlas al servicio del hombre; la ciencia y la técnica al servicio del ser humano y no al revés. Este es el verdadero sentido ecológico, cuando el ser humano utiliza sus recursos y capacidades para construir la paz y la armonía entre todos. Esto es la inspiración del Espíritu de Dios.
Es lo que Jesús vino a traer, renovando a la humanidad e invitándola a participar de la construcción de la paz y la justicia entre los pueblos.
De la misma manera San Pablo invita a la comunidad cristiana de Roma a la escucha de la palabra de Dios escrita en los “libros santos”, dice, para la instrucción de la comunidad de tal manera que se mantengan con paciencia y buen ánimo en la esperanza del reino de Dios que Cristo vino a traer para todos.
Es por ello que invita a la unidad en un momento difícil de persecución de las primeras comunidades cristianas.
La escritura antigua sigue siendo válida para los cristianos y el sufrimiento de Cristo a la luz de la escritura asume un significado más profundo dando a los creyentes un fundamento para la esperanza. Por lo mismo que invita a la unidad y armonía entre ellos en los momentos críticos.
Imitando la actitud de Jesús que no vino a ser servido, sino a servir; se puso incluso al servicio del pueblo judío para mostrar la fidelidad de Dios a las promesas que hizo a los patriarcas y por ser misericordioso también los paganos le reconocen y le alaban. Porque las promesas de salvación del A.T. también contemplaban a los paganos y el ministerio de Jesús, aunque estuvo dirigido principalmente a los judíos, nunca descartó ni rechazó a los gentiles.
Escuchar la escritura, es escuchar a Dios y por medio de su hijo vivir en armonía unos con otros según el mismo espíritu de Jesús y aceptarse mutuamente a pesar de las dificultades que siempre se presentan en las comunidades, y la de Roma no era la excepción; ya Pablo anteriormente había mencionado ciertas tensiones entre los romanos, los que trabajan y los que no, los que comen lo que no les corresponde etc.
La perfecta armonía requiere conversión, reconocimiento de los demás y escucha atenta de la palabra de Dios.
Y hablando nuevamente de conversión San Mateo es puntual al respecto; recordando que el reino de Dios ya está cerca. La profecía de Isaías está a punto de cumplirse; el Mesías y príncipe de la paz está a punto de llegar y Juan el Bautista es el responsable de prepararle el camino a su llegada. “Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.
La etapa en que aparece el bautista, predicador judío del arrepentimiento, es hacia el año 26 d.C.
Juan procede de un ambiente sacerdotal esenio y así lo presenta la tradición de la cual alimentó Mateo parte de su evangelio.
Mateo describe la personalidad de Juan de tal manera que salta a la vista la similitud que aparece con los profetas; cuya vestimenta era la túnica de pelo de camello sujeta con un cinturón de cuero. El alimento de miel y saltamontes hace referencia a que se alimentaba de lo que podía recoger en el campo. La austeridad de su dieta, nos recuerda las costumbres de los monjes que vivían en el desierto, que es el lugar de predicación de Juan, y la fuerza de su mensaje presenta la alternativa para el pueblo y en particular para los dirigentes políticos y religiosos de su tiempo: O se convierten o la ira y el juicio Dios caerá sobre ellos como venganza de las injusticias cometidas particularmente por los directamente responsables de la decadencia y corrupción de la sociedad en tiempos de Jesús. Raza de víboras, les decía Juan a los fariseos y a los saduceos que iban a que los bautizara. Acompañaba su crítica con la amenaza del castigo, si no se arrepienten y cambian.
El término que Mateo utiliza para conversión es “metanoia” (del Gr. meta = más allá y nous = mente) Cambio de mentalidad, no solo en la manera de pensar, sino también de sentir, de amar y de comprometerse para hacer el bien.
Juan el Bautista tiene como tema preponderante la metanoia como expresión de una verdadera conversión a Dios para el perdón de los pecados. A la conversión están llamados los pecadores, no los justos y Jesús en el evangelio lo dejará muy claro.
El arrepentimiento nace de la iniciativa divina, es un don que el pecador ha de recibir voluntariamente y responder a dicha iniciativa divina que indudablemente obra en la libertad humana y en el ejercicio de su voluntad.
El Bautista vino a preparar el camino al Mesías salvador y lo hace invitando a la conversión, al arrepentimiento de los pecados mediante el bautismo de agua en el Jordán; dejando claro que el mesías bautizará con el Espíritu Santo y su fuego; pero además tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja; es decir será el juez que determinará quien si se ha convertido y quién no.
Juan no puede ni quiere ocupar el lugar de Jesús; por ello el detalle de que no es digno de desatar o quitar la sandalia. En la antigüedad esta tarea de quitar las sandalias de los viajeros y lavar los pies era una tarea de los esclavos en las casas o en los palacios. Juan ni siquiera se siente digno de realizar esta tarea con Jesús porque lo considera mayor en la misión que tiene que realizar.
La conversión sigue siendo hoy en día indispensable y necesaria en la vida del creyente. El adviento es el tiempo oportuno para la reflexión y para la conversión, el cambio de mente, de vida, de sentimientos y acciones que vayan en la línea del servicio, y del amor al prójimo. Hoy es la segunda llamada o segundo domingo de oportunidad en adviento.
El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.