Si se mantienen firmes, conseguirán la vida

Por: Fco. Javier Gómez

CODIPACS.- El libro de Malaquías pertenece a lo que en la biblia se conoce como los profetas menores y se ubica después de Zacarías y antes de Daniel. El título más que ser nombre propio, nos presenta una enseñanza porque el nombre Malaquías (Maleakkí) significa “Mensajero del Señor”. El autor es, por supuesto desconocido, pero se pueden sacar algunas conjeturas acerca del tiempo en que se escribió: tal vez antes de la reforma de Esdras y Nehemías, hacia el año 480-450 a.c.

El mensaje del breve libro de tres capítulos, hace referencia a la situación del pueblo, el comportamiento de los sacerdotes en torno al culto, y a las acciones equivocadas en las que han incurrido. Han obrado de manera mezquina al llevar al templo las peores ofrendas, han escatimado el diezmo, han profanado el templo, han despreciado y rechazado al todopoderoso.

Por ello el autor nos dice en el texto: “llegará el día, ardiente como el horno y los arrogantes y malvados serán la paja”. Los que se han apartado del Todopoderoso y le han defraudado, no quedará de ellos ni rama ni raíz; en cambio los que respetan su nombre serán alumbrados con el sol de la justicia.

No caigamos en la tentación de pensar porque al malo le va tan bien y al que obra bien no siempre le va bien. Al final, dice el Señor, se definirán los campos y la justicia divina dará cada uno según sus obras.

La comunidad cristiana de Tesalónica, tenía conciencia de que llegaría el tiempo de la presencia gloriosa del Señor; “el día del Señor” y para ellos era inminente. Muchos de ellos pensaban que como ya estaba llegando el último día; “el fin del mundo”, diríamos en nuestro tiempo, entonces habían tomado la decisión de no trabajar ni hacer nada, al fin ya no había necesidad.

San Pablo les invita a cambiar de actitud. ¿Quiénes eran estos holgazanes a los que Pablo exhorta a cambiar?

La recomendación de sostenerse a sí mismos y a la comunidad con trabajo físico o manual ya se encontraba desde la primera carta a la comunidad tesalonicense. ¿A quiénes dirige la amonestación? Los esclavos no tenían opción sino trabajar; los artesanos que eran mayoría en la comunidad tenían la necesidad del trabajo para mantener a sus familias; vivían al día.

Si un grupo de personas dejaban de sostenerse a sí mismos y se atenían a los fondos comunitarios, muy pronto estos se agotarían.

Quienes en este tiempo eran muy amigos del ocio, eran los de la clase alta; propietarios que vivían del trabajo de sus esclavos, de sus patrones comerciales. Esta clase social, no vive del trabajo de sus manos y tiene tiempo suficiente para andar en el chisme, en los juegos y fiestas sociales, mientras que sus esclavos trabajan y sacan el pan para ellos.

A ellos va dirigido el mensaje; a los explotadores que viven del trabajo de los demás, que acumulan bienes mayores a los de sus necesidades. Estos son los que no trabajan en nada y viven metiéndose en el trabajo ajeno. Estos deben mantenerse a sí mismos y comer su pan dignamente.

Se sabe que la iglesia primitiva tuvo desde su origen la práctica de asistencia mutua; y es natural que hubiese, como en todos los tiempos, abusos de personas; pero los abusos verdaderamente nefastos son los de aquellos que viven de los demás, que se enriquecen con el trabajo de otros, que comen el pan sin haber sembrado ni haber molido un solo grano de trigo.

“Come tu pan con el sudor de tu frente, no con el sudor del de enfrente”, dice un refrán popular.

La práctica de la solidaridad y la lucha por construir una comunidad fraterna y generosa es una forma de evangelización que nos viene bien ahora en nuestro tiempo, como en aquella comunidad de San Pablo.

Bien vale el esfuerzo por esta utópica, pero real forma de vida comunitaria que Jesús dejó a sus discípulos y por medio de ellos a todos nosotros, los bautizados, para crear desde aquí y ahora la realidad del Reino de Dios.

En verdad que todo lo que empieza termina, nada perdura para siempre, solo Dios. San Lucas nos ofrece este domingo en labios de Jesús un mensaje escatológico (del Gr. éskhatos = ultimo, final y logos = palabra. Doctrina o tratado de las últimas cosas de la vida)

Este mensaje está ubicado en el contexto de las recientes celebraciones de todos los santos y de los difuntos y de la proclamación próxima de Cristo como rey del universo y juez de vivos y muertos.

Estoy convencido que la muerte tarde o temprano nos va a alcanzar, pero no es injusta, porque nos da toda una vida de ventaja. Lo importante es lo que hagamos con esa vida.

El templo de Jerusalén había sido reconstruido por última vez por el año 20 a.C. y continuaba con su esplendor en tiempos de Jesús; se le consideraba como una de las maravillas del mundo antiguo. Sus brillantes mármoles y los adornos internos, suscitaban la admiración de todos; pero Jesús al estilo de muchos profetas, responde a la admiración de muchos por la belleza del templo, con una sentencia: “todo será demolido” no quedará piedra sobre piedra, como lo refiere el evangelista Marcos (Cap. 13) Con sus respetivas diferencias ambos hablan del acontecimiento escatológico y de las profecías de Cristo.

Lucas escribió su evangelio hacia el año 80-90 de la era cristiana e indudablemente recordaba los acontecimientos de la destrucción de Jerusalén, por el emperador Tito, hacia el año 70, así como la destrucción de Pompeya en el año 79 por la erupción del volcán “Vesubio” y la persecución de los cristianos en la época del emperador Trajano.

Plinio el Joven (Como, Italia 61; Bitinia 112 d.C.) sobrino de Plinio el Viejo y adoptado por él, a la muerte de su padre; fue abogado, escritor y científico reconocido en la antigua Roma. Su tío lo envió a estudiar leyes a Roma a los 19 años y destacó inmediatamente en su labor.

Entre sus escritos están las epístolas dirigidas a su amigo Tácito, de las que en dos de ellas habla de una erupción del volcán Vesubio, que acabó con la entonces próspera ciudad de Pompeya en el año 79 de la era cristiana. Él fue testigo ocular del acontecimiento por encontrarse cerca del lugar y observar el fenómeno a unos 30 km. de distancia; su tío falleció tratando de salvar personas.

Otra carta se refiere a su comunicación con el emperador Trajano para explicarle el tratamiento que da a las personas acusadas de ser cristianos. Informa al emperador que a las personas que negaban ser cristianos se les ponía en libertad cuando, según Plinio, repetían la invocación que él había hecho a los dioses, ofreciendo incienso y vino en honor del emperador y en presencia de su imagen, además debían maldecir públicamente a Cristo.

Pero a los que resultaban ser cristianos se les ejecutaba, con el simple hecho de que fueran anónimamente denunciados. Decía Plinio en su carta que los cristianos eran una “plaga” y una “superstición” incómoda para el imperio; pidiendo consejo a trajano sobre cómo tratarlos. El emperador, por supuesto apoyó la práctica realizada por Plinio y solamente le recomienda que no ponga tanta atención a las denuncias anónimas.

En el relato de Lucas se dice, o más bien se pregunta: ¿Cuándo y dónde sucederá el fin? Y la respuesta es un poco retórica; la destrucción de Jerusalén, la venida del Hijo del Hombre y el fin del mundo están entrelazadas, de tal manera que la presencia de Cristo y su obra salvífica han ya inaugurado el Reino de Dios y con ello el fin del mundo de manera teológica, no física.

Los signos precursores del fin del mundo están basados en la experiencia y vida de la primera comunidad cristiana; las falsas pretensiones mesiánicas, los rumores de la inminente llegada triunfal del mesías sacrificado y muerto por todos los creyentes.

Sin embargo, Jesús les dice que eso es algo que tiene que suceder según el desarrollo de la vida; las pruebas y persecuciones son parte de la misión; pro tienen que mantenerse firmes para el momento final.

No deben angustiarse por los signos y señales que se mostrarán al final de la vida; porque serán como los dolores del parto, pero al fin llegará la alegría por mantener la calma y la fidelidad a la fe. Porque como consecuencia de ello viene la vida; pero una vida que no termina y que será la de los fieles.

Nosotros vivimos tiempos de persecución de manera distinta pero muy similar. La fe en Cristo se ve amenazada constantemente por los poderes temporales e ideologías que se quieren imponer de manera arbitraria y contraria a los valores del evangelio.

La diferencia puede estar en involucrarnos y defender, a costa de nuestra persona, vida y fama, los valores del evangelio o, por el contrario, permanecer apáticos e indiferentes a dicha situación, adormilados o manipulados por los medios de comunicación y los personajes del poder que solo quieren o “soportan” a la iglesia como socio o comodín político en sus proyectos de opresión y dominio.

La Roma persecutoria y asesina de los primeros cristianos, ha vuelto ahora con nuevos rostros, nuevos bríos y nuevas estrategias para recuperar su poder, su prestigio, su fama y sus dioses apagados por la fuerza del cristianismo.

Ahora depende de nosotros la reacción ante tal amenaza poniendo los límites de aquellos que se han apoderado de manera injusta del poder para sus propios intereses.

Poner “coto” a las formas, prácticas y estructuras que quieren imponerse para manejar a modo el valor espiritual de la fe, tan valioso en el desarrollo de los pueblos y comunidades.

Sin dejar de lado la importante tarea del estado, pero en total respeto y convivencia mutua por el bien social y la paz, la iglesia debe ser protagonista del evangelio y la justicia social en bien de todos los pueblos.

Sin embargo, debemos ser conscientes, como dice el evangelista San Lucas, que aparecen tiempos difíciles, señales prodigiosas y terribles, nubes duras en el firmamento que obstaculizan la labor de la iglesia en nuestras cotidianas vidas.

Jesús nos dice que esto es parte de la vida de la iglesia y de su historia hasta el final; por lo tanto, hay que permanecer fieles para recibir al final de la vida lo que nos tiene reservado.

La luz y la vida para los creyentes, el fuego y el fin para la paja.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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