Simón el Cananeo y Judas Tadeo, apóstoles

Por: Pbro. Javier Gómez Orozco

CODIPACS.- Esta fiesta ha sido en los últimos años muy exaltada y festejada por los fieles, más por la creencia en sus milagros, que por su papel como apóstol como evangelizador y como fiel seguidor de su Maestro: “Jesús”.

Los católicos en particular han puesto mayor atención en la actuación del apóstol san Judas Tadeo, por las causas imposibles, más que por las posibles y las que seguramente pueden suceder mediante la actividad de los creyentes; los que hacen posible que la fe pueda arrancar milagros directamente de Dios.

Los santos son nuestros colaboradores en la obra de salvación; no los que tienen que hacer todo el trabajo, y solos.

La Iglesia los celebra el mismo día porque en las listas de los apóstoles, según el evangelio, aparecen juntos (Mt. 10,4; Mc. 3,18; Lc. 6; 15 y Hech. 1, 13). También porque las noticias que tenemos de ellos, las cuales son pocas, aparecen en su ministerio evangélico, juntos. Según la tradición de la Iglesia occidental; Simón Predicó en Siria y Judas en Mesopotamia. Se reunieron en Persia donde fueron martirizados.

Simón es forma helenizada de Simeón (“el que ha sido oído”) el cual es un nombre hebreo común que hace referencia a una de las tribus de Israel. Para distinguirlo de Simón Pedro, el evangelista Mateo y Marcos lo llaman “Cananeo”, mientras que san Lucas lo llama “Zelote”.

Ambos términos tienen el mismo significado tanto en hebreo como arameo, las lenguas del Nuevo Testamento. De ahí que los dos términos se apliquen a la misma persona. El sobrenombre de Cananeo significa “celoso” defensor de la fe, el cual Lucas traduce por Zelota que hace referencia a un movimiento nacionalista con personas apasionadas, cuidadosas de la fe y las costumbres. Es muy posible que Simón, si no pertenecía a dicho movimiento, al menos se distinguiera por su celo y defensa de la ley Judía, de Dios y de su pueblo.

Algunos historiadores de la tradición dicen que murió crucificado en Jerusalén y otros dicen que fue martirizado en Persia cortado por la mitad.

 En cuanto a Judas; aparece en los evangelios como hermano de Santiago el menor, hijo de Alfeo Cleofás, hermano de san José, el padre de Jesús. El nombre propio Yehuda (en Qumran YWDH), tal vez significa “alabar” y que traducido al griego quedó como Teudas. Es también nombre de una de las tribus de Israel. Después del destierro se utilizó como nombre propio para acentuar la pureza de la genealogía y con el tiempo llegó a ser uno de los nombres muy populares en toda Palestina y otros lugares de Asia y Europa.

A Judas se le conoció con el sobrenombre de “Tadeo” (en griego Thaddaios) algunos traducen por Labbaios, pensando que es un nombre común de procedencia Semita, el cual se dice Libay o Lebeo y significa valeroso. En griego se tradujo por Teudas y de ahí Thaddaios.

San Jerónimo lo nombró Labbaios argumentando que proviene del hebreo “Lev” que significa corazón, lo cual hace referencia a la magnanimidad, valentía y así cualquiera de los términos significa lo mismo

En el relato de la tradición occidental y en la liturgia romana se habla del martirio de los santos Simón y Judas. Del primero hemos dicho que fue cortado con una sierra por la mitad y de Judas se dice le cortaron la cabeza con una hacha. Dicho documento se atribuye a un tal Abdías que dice, el mismo, fue discípulo de los santos apóstoles Simón y Judas y consagrado por ellos como primer Obispo de Babilonia.

Santa Brígida en sus revelaciones cuenta que se le apareció Nuestro Señor y le recomendó que cuando quisiera un favor especial, lo pidiera por intercesión del Apóstol San Judas Tadeo y se le concedería. Por ello se ha extendido en tiempos recientes la devoción al Apóstol como abogado de las causas difíciles.

Se le representa con la medalla de Jesucristo al centro y una hacha en la mano signos el primero del evangelio que predicó y de su martirio el segundo.

Lo principal de estos dos discípulos es que fueron llamados por Jesús y lo siguieron, estuvieron con él, lo escucharon, lo vieron y después dieron valiente testimonio, como los demás apóstoles, de su fe y llenos del Espíritu Santo predicaron el evangelio al mundo.

A Judas se le atribuye una de las cartas del Nuevo Testamento que se suelen llamar “católicas” por estar dirigidas a una comunidad amplia; los llama: “Los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo” (1,1).

Es una carta muy pequeña; solo un capítulo. Quiere alertar a los cristianos de aquellos que quieren confundirlos con enseñanzas inaceptables y divisiones dentro de la Iglesia, alucinados en sus delirios (v, 8). Con palabras muy fuertes los tacha de nubes sin agua, zarandeadas por el viento, arboles de otoño, sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz, estrellas errantes para quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas por siempre vv,11-13. Tal vez diríamos hoy: “Candil de la calle y oscuridad de la casa”.

Creo que hoy, con un lenguaje menos duro, nos dice algo importante, en medio de las tentaciones con las diversas corrientes de pensamiento de la vida moderna. Es necesario mantenernos firmes en nuestra fe y pedir la fuerza de lo alto y la intercesión de los santos Apóstoles Simón y Judas Tadeo.

Mantenerse firme en la fe es una de las causas difíciles para tan buen abogado, ¿no les parece? Necesitamos, fuerza, claridad y valentía como Tadeo ante las contradicciones del mundo que vivimos. También llamados, por el bautismo a ser discípulos y misioneros en nuestro ambiente particular con valentía y convicción.

Al final de la carta nos dice: “Al que puede preservarles de toda caída y presentarlos ante su gloria sin mancha y gozosos al Dios único que nos salvó por Jesucristo Señor nuestro, sea la gloria, la majestad el poder y la autoridad desde la eternidad ahora y por todos los siglos”.

Entendiendo de mejor manera la vida y testimonio de tan insignes y valientes apóstoles, que dieron su vida por Cristo y su evangelio; resulta un poco paradójico, que la mayoría de los fieles y devotos pongan solo su atención en san Judas Tadeo y se ensanchen haciendo comida, danza y fiesta; en cambio al pobre de san Simón, ni un pastel le toca.

No porque no lo merezca, sino porque como se explicó anteriormente; queremos fijarnos en las cosas imposibles encomendadas a san Judas y no vemos la misma poderosa intercesión del otro apóstol en favor de las causas posibles en donde nosotros podemos de alguna manera colaborar.

Hoy de manera especial debemos pedir su intercesión en esta etapa de crisis, de increencia y ofuscación en la fe; para que nos ayuden a mantenernos firmes y cuidar, proteger y animar a nuestras familias y comunidades a sensibilizarnos en el servicio y atención especialmente de los más necesitados.

Los santos no se van a enojar porque no les hagamos fiesta y comida, danza y bailongo. En todo caso se podrían molestar, y mucho, si pensamos que con celebrarlos de manera tan festiva nos van a compensar con lo que les pedimos sin ningún esfuerzo de parte nuestra y sin compromiso con el evangelio. Mejor ofrezcámosles nuestra oración, una buena confesión y comunión; con el compromiso de una vida mejor.

Si vas a compartir una comida con los demás; que no sea causa de discordia, pleito o división, sino un verdadero motivo de convivencia fraterna y de oración en compañía de tan insignes santos.

Hemos perdido desde hace tiempo el valor de la espiritualidad cristiana y nos hemos relajado con cosas superfluas, pasajeras y materiales, descuidando la importancia de cuidar nuestro espíritu y a una con ello la práctica de la caridad cristiana.

Ahí nos dan clases como expertos, San Judas y San simón apóstoles, que cultivaron su vida espiritual sin importar las consecuencias a las que ello les llevó, dando testimonio con su vida, hasta el martirio. Grande fe la que profesaron en Jesucristo el gran maestro de todos los llamados a vivir el evangelio y disfrutar al fin de la vida eterna.

Santos Simón y Judas Apóstoles: intercedan ante Dios y Jesucristo por nosotros.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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