Por: Pbro. Javier Gómez O.
CODIPACS.- El libro del apocalipsis ha sido para muchos cristianos y no cristianos un libro atractivo por su contenido y por las formas de trasmitir su mensaje. Se ha utilizado en la fiesta de todos los santos para indicar que todos los “fieles “han sido elegidos para la vida de salvación.
El texto que nos ocupa en esta fiesta habla en primer lugar de dos visiones; la primera es la persecución de los creyentes (quinto sello) y la segunda el castigo de los perseguidores (sexto sello). Dios que rige los elementos de la naturaleza; los cuatro vientos, signo del castigo divino, lo hace a través de creaturas angélicas; pero el castigo y destrucción se hará hasta que sean marcados los elegidos, servidores, fieles del Señor.
Esta marca está inspirada en Ez. 9, 4-6; donde un ángel marca con una cruz la frente de los que evitaron la idolatría y se mantuvieron firmes a la alianza y por ello se les salva de la muerte.
Aparece a continuación un censo de los marcados y elegidos cuyo número es de 144,000 que incluye 12,000 por cada una de las tribus de Israel. Estos números son simbólicos no hay que entenderlos literalmente. Recuerda el primer censo que se hizo en el éxodo después de la salida de Egipto y la travesía del Mar Rojo (Núm. 1,1-46).
Este censo se dio como inicio de una organización igualitaria y fraterna del pueblo de la alianza; era un modelo contrario a la organización opresora del faraón. En el contexto del apocalipsis sería un censo contrario a los censos del imperio romano que los hacía para explotar, oprimir y dominar.
Aquí se trata de un censo para la vida eterna de aquellos que aguantaron la persecución; los cuales no pueden quedarse llorando, sino que tienen que organizarse de una nueva manera, una nueva forma de convivencia contraria a la opresión de cualquier imperio.
La visión de la muchedumbre incontable. Es un segundo censo que no procede solo de Israel como el primero, sino de todas las naciones; todos los creyentes fieles hasta el final que han logrado la victoria, simbolizada en la vestidura blanca y las palmas en las manos, que reflejan una victoria de “salvación” que procede y pertenece a Dios. El término griego que se utiliza es “soltería” traducido normalmente por salvación y su equivalente hebreo, “yesu-a”; <Dios salva>. Todos los elegidos y marcados cantan jubilosos el canto de victoria a Dios y al cordero que es el agente de Dios y el responsable de otorgar la victoria y la salvación a aquellos que se mantienen firmes y que han lavado sus túnicas, signo de la vida interior y espiritual, con la sangre del cordero. Estar manchado es estar en pecado, lavar con
la sangre del cordero, es decir de Jesús, es lograr la santidad y con ello la victoria y la salvación.
Los símbolos que aparecen en el texto:
Ángeles: mensajeros; creaturas celestiales, superiores a los hombres pero inferiores a Dios, encargadas de ejercer una función en el mundo visible e invisible.
Número cuatro: número cósmico, los cuatro rincones de la tierra; los cuatro elementos del universo, tierra, fuego, agua y aire. Señal de perfección y plenitud.
Tierra y naturaleza: la habitación del hombre dada por Dios desde la creación.
Mar: Caos, lugar de donde brota la bestia-fiera, signo del mal.
Sello: señal, marca, símbolo de protección y propiedad. También significa secreto.
Número 144: Es una composición aritmética de 12 X 12, señal de gran perfección y totalidad y el número 1000, designa un plazo de tiempo largo y completo.
Trono: Majestad, dominio, evoca el juicio anunciado en el A.T. por el profeta Daniel; 7,9-14.
Cordero: simboliza a Jesús; evoca el cordero pascual inmolado en el éxodo 12,1-14
Color blanco: signo de victoria, gloria, alegría, pureza.
Palma: Triunfo, victoria.
Los ancianos: se refiere a los presbíteros o responsables del culto y de las oraciones como el cántico de victoria que entonan en el texto en honor de Dios. Los ancianos en el cielo tienen arpas de oro llenas de perfume que son las oraciones de los santos (Ap. 5,8). También significan los santos del A.T que represen tan al pueblo fiel.
Cuatro seres vivientes: Son espíritus celestes que representan, lo noble, robusto, sabio y rápido; son representados por figuras de animales; el león, el toro, el águila y uno con el rostro de hombre.
Los elegidos para la salvación, los marcados por Dios; son los fieles a Dios; los de la alianza antigua como los elegidos por el bautismo en la nueva alianza; los que han recibido la purificación con la sangre del cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Todos somos llamados a la salvación cuando decidimos santificarnos y purificarnos por el bautismo en Cristo. Ello implica la solidaridad con el proyecto de Jesús y de su reino. De ahí las bienaventuranzas para todos los que se unen a su proyecto de salvación.
El anhelo de toda persona en el mundo es lograr la felicidad plena; la dificultad está en el cómo lograrlo, de qué manera; sobre todo cuando se encuentra en situaciones críticas de privación física, material y espiritual. Así los elegidos para el reino son precisamente los que se encuentran en situación de desventaja respecto a los sectores poderosos de la sociedad.
Las bienaventuranzas son una exclamación de felicitación, que reconoce un estado real de felicidad por la cercanía del reino de Dios. La felicitación es para las personas que viven en situación crítica o de desventaja; los pobres, los que lloran y los hambrientos; porque ellos se convierten en el campo de oportunidad de Jesús para anunciar el reino y la salvación que les espera. Dios tiene solicitud especial por ellos precisamente por su situación de desprotección y necesidad.
A Dios se le concebía como un rey oriental el cual tenía la obligación de velar por los débiles. En muchos textos de la ley, aparece el mandato divino de velar por los pobres, los huérfanos y las viudas, los extranjeros y los desposeídos (Dt. 10, 17; Prov. 22,22; 22,9; 29,14)
Jesús entiende que la fuerza de los pobres es su fe; ellos prefieren dar a Dios el culto verdadero de su corazón, que su preocupación por los beneficios de las posesiones o el dinero; Es claro que su pobreza es material pero tienen la riqueza espiritual que les lleva a separar voluntariamente lo material de lo espiritual. La riqueza no es mala en sí misma pero corre el riesgo de desentenderse de Dios y de los hermanos especialmente de los pobres para los cuales Dios pide solicitud y apoyo.
Aquellos que ponen su confianza en Dios y esperan pacientemente que su vida cambie y se vea favorecida con la ayuda divina. A ellos Jesús les felicita por su actitud y les anuncia que su felicidad no está lejos. Los pobres, los afligidos, los pacientes y desposeídos, los hambrientos de justicia, los misericordiosos, los sinceros y limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa del bien; ellos son los elegidos para el reino de Dios, porque su reino es de felicidad, de alegría, de justicia, de verdad, de paz, de santidad.
Como podemos observar el contenido de las bienaventuranzas es inagotable; siempre encontraremos en ellas nueva luz para cada etapa de la vida y de la sociedad. Cuando vemos en nuestra propia vida que hemos logrado una de las bienaventuranzas, entonces disfrutaremos de cada contenido que Dios ha puesto en ellas.
Y puesto que no solo nos llamamos hijos de Dios sino que lo somos, debemos imitar las virtudes y las actitudes de comportamiento como verdaderos y buenos hijos de Dios; una de las prácticas importantes y necesarias para el reino es la “santidad” de vida que nos haga dignos de participar de la salvación que Dios nuestro Padre nos ofrece y Jesús nos lo recuerda en las bienaventuranzas.
y de la fe; el ejemplo arrastra los corazones a realizar obras más grandes y significativas que hacen crecer el sentimiento de amor y el conocimiento de Jesucristo como salvador de cada hombre y mujer de buena voluntad que quiera recibir el don de la vida y de la salvación. Decía un párroco de pueblo de hace varias décadas en su homilía breve y concisa: “Las palabras calientan las bancas; los ejemplos arrastran a los corazones”.
Es tiempo de que los cristianos nos animemos, motivados por la palabra y el ejemplo de Jesús, a mostrar con nuestros propios hechos y acciones la maravilla del llamado a la salvación y la importancia de iniciar este proyecto en nuestras comunidades, demostrando que la fuerza del Espíritu de Dios, en cada hombre y mujer de buena voluntad es capaz de transformar el entorno por medio del comportamiento y la acción positiva y buena a ejemplo del buen “Maestro” que dejó esta lección a todos sus discípulos.
El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.