Por: Pbro. Mario Alberto Aguilar Escobar
CODIPACS.- Es antigua tradición de la Iglesia celebrar el 2 de noviembre los fieles difuntos, ocasión para ofrecerse sufragios por todos los que nos precedieron en la muerte y en particular por cuantos de entre estos no tienen quien los recuerde de forma directa.
El recuerdo de los fieles difuntos que en la Iglesia se hace cada 2 de noviembre nos dice, por lo tanto, cosas como estas: «Nadie se puede salvar solo». La Iglesia encuentra su propósito siempre y cuando se muestra como auténtica comunidad de Salvación, como familia de todos los que encuentran en Cristo la vía de la redención; nuestro destino es la vida eterna, no cada uno por sí mismo, sino en la comunión de Todos los Santos.
En este sentido, al orar por quienes nos precedieron en la muerte, recordando a quienes conocemos y amamos, pero también a los muchos cuyos rostros y nombres desconocemos, por un lado, hacemos el bien a quienes han partido de este mundo y aún necesitan que la Obra de Cristo se complete en su interior. Para ello, ahora dependen completamente de quienes aún pueden hacerlo: nosotros, quienes estamos en la Iglesia y con la Iglesia, tenemos la capacidad de invocar la Misericordia de Dios para que ellos, cada uno de nuestros hermanos, reciban lo que ahora solo pueden recibir como Don: su configuración más radical con Cristo.
Al mismo tiempo, estamos dispuestos a reconocer existencialmente lo que verdaderamente necesitamos para vivir la muerte no como un tormento, sino como el don que puede, y de hecho debe ser: permitir el paso a un amor mayor, al amor perfecto, al Abrazo de Cristo.
El día de hoy, por lo tanto, aunque sea de nostalgia profunda, no debe quedar prisionero de la tristeza, sino antes de hacer de ésta, como de toda la memoria que tengamos de seres queridos, una plataforma de esperanza fundada en la alegría que nos espera, y en la que creemos. Por el simple hecho de profesar que Cristo es camino, verdad y vida, el Señor de toda la historia.
El padre Mario Alberto es Cuasi-Párroco de la Cuasi-Parroquia San Juan Pablo II. También es director del Instituto de Pastoral Pablo VI, Torreón.