Honrar la familia es honrar a Dios

Por: Pbro. Javier Gómez O.

Foto: VaticanNews.

CODIPACS.- Porque en la alianza de Dios con su pueblo y por medio de sus mandatos; después de los tres primeros a su servicio y honra, el cuarto mandamiento dice: “Honra a tu padre y a tu madre; así prolongarás tu vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex. 20,12).

Es claro que el autor de Eclesiástico; Jesús Ben Siraj, tenía conocimiento y respeto por este sabio precepto, por lo cual lo recuerda como consejo en el trato que se debe hacer de los padres y de la familia a la que la sociedad de su tiempo daba tanta importancia.

La familia como estructura humana era el primer núcleo donde se manifestaba el valor de esta institución dominante, en la que cada miembro, con su rol determinado, participaba de la vida social, política, religiosa y económica, en igualdad de derechos y obligaciones.

Aunque en la historia de Israel hubo acentos muy marcados en la familia, con el sello patriarcal, no se perdió la atención al mandato divino de respeto al padre y a la madre y al cuidado de la estructura familiar.

Jesús, conoció una estructura familiar piramidal, donde el respeto al padre era más de autoridad, de dominio y sujeción, que de respeto amoroso y solidario. Es por ello que Jesús decía a sus seguidores que debían abandonar a su padre y a su madre para poder ser discípulos. Esto no significa, por supuesto, desprecio al padre a la madre, a los hermanos o hermanas, sino luchar por un cambio de estructura que en vez de ayudar a crecer, más bien somete y esclaviza.

El discípulo debe aprender a valorar y respetar el verdadero camino de la institución familiar y de sus miembros, que luchan en igualdad de condiciones por lograr la solidaridad y la comunión entre ellos.

La honra al padre y a la madre es piedra angular de la ética bíblica; quien la observa tendrá larga vida, el perdón de sus pecados y otras bendiciones expresa Ben Siraj. Los padres honrados bendecirán a sus hijos y harán de ellos personas firmes y estables porque tienen buenas raíces.

Un hijo así es una bendición en sí mismo, por ello nunca abandonará a su padre anciano y débil. Además, Dios mismo le acompañará porque el trato dado al padre necesitado y anciano es el trato a Dios mismo.

La dedicación y el cuidado de José para con su hijo recién nacido y de María su esposa, en la huida a Egipto, muestran el modelo de familia que el evangelista Mateo nos ofrece en este relato en el cual combina la historia, la leyenda y la teología para presentar la actuación de los personajes que toman parte en el relato y la misión que corresponde a cada uno de ellos.

Por un lado, la crueldad sanguinaria de Herodes que, en abuso del poder, manda matar a los niños menores de dos años. Herodes actúa de acuerdo con su carácter y personalidad.

La historia nos dice de él que era ambicioso, sin importarle llevarse en el camino a sus propios familiares, a sus enemigos como Juan el Bautista e incluso pedir y hasta exigir al emperador prebendas y beneficios, lo que finalmente le llevó al destierro en el año 39 a Galia (Francia) junto con su mujer Herodías, donde murió.

José por su parte, hace un discernimiento de lo que está pasando y del riesgo que significa el gobierno de Herodes para la seguridad de su hijo y su familia, por lo cual decide emigrar a Egipto, y residir ahí hasta que, según el relato, Muere Herodes y puede retornar a su tierra; Inspirado por el ángel en el sueño, se da cuenta de que es el tiempo de regresar, no sin antes hacer un nuevo discernimiento, para no regresar a Judea porque ahora reina el hijo de Herodes, Arquelao; por lo que decide irse a Galilea e instalarse en Nazaret.

De esta manera el evangelista Mateo resalta la identidad de Jesús que será llamado también Nazareno; Mateo pretende que el lector ponga atención en Jesús como “consagrado” es decir “Nazir” en la línea de los jueces como el héroe, Sansón o como El profeta Samuel que fueron llamados y consagrados desde el vientre de su madre y fueron “nazireos”.

Jesús será fuerte, como Sansón para salvar a su pueblo, por lo que su nombre es precisamente “Dios salva” (Yeshua). Lo más sensato es reconocer que en Nazaret, Jesús vivió como cualquier hombre de familia, creció, trabajó en la construcción como carpintero hasta los treinta años; desarrolló las habilidades propias de su edad y estatus, maduró como todos los jóvenes de su tiempo y lugar. Esto es muy humano y es una manera de entender la encarnación del hijo de Dios en el seno de una familia típica de Nazaret.

San Pablo en su carta a los colosenses, les invita y enseña cómo vivir sus afanes y deseos de bienestar y de paz. Colosas era una ciudad de cultura griega en Asia Menor en el corazón de la actual Turquía. Es una comunidad de la segunda etapa de san Pablo, que seseaban vivir en armonía y estabilidad con la sociedad de su tiempo, pero también querían responder a las exigencias de la fe cristiana a la que se habían convertido.

San Pablo les responde con una serie de virtudes propias del cristiano, para que realmente sean considerados como tales: compasivos, humildes, magnánimos, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando haya quejas y tengan sobre todo amor que es el vínculo de toda perfecta unión.

Las familias colosenses originales eran paganas, pero las comunidades cristianas deseaban además de vivir en comunión con la sociedad de su tiempo, ser virtuosas y dar testimonio con ello de su fe en Jesucristo. De ahí el consejo de san Pablo primero a las mujeres respecto a sus maridos y después a los maridos respecto a sus mujeres; para finalmente exhortar a los hijos a cumplir con sus obligaciones con sus padres y a los padres a hacer lo mismo con sus hijos.

La fiesta de la sagrada familia está ubicada dentro de lo que la liturgia llama “la octava de navidad”. La encarnación y el nacimiento del hijo de Dios, toma partido en la misma naturaleza humana y en sus instituciones.

La familia es el núcleo esencial de la convivencia entre los miembros y de ellos con la sociedad. Cristo se hizo hermano de los hombres y en su momento histórico particular se relacionó con la sociedad de su tiempo desde la familia en la que se encarnó. Ahí es donde irá madurando poco apoco el proyecto que posteriormente llevará a cabo.

Sabemos por algunos relatos bíblicos que Jesús nunca olvidó el cuarto mandamiento de la ley de Dios. Estuvo sujeto a la autoridad de sus padres a los que honró, respetó y obedeció, como debía ser en cada hijo.

La iglesia nos presenta el modelo de familia, en la sagrada familia de Nazaret: Jesús, María y José. Este es también el modelo de Dios para el mundo. Hay que valorar las virtudes de cada uno de los miembros y el rol que le corresponde.

El acento de hoy es que los hijos deben honrar a los padres; pero eso depende de la atención y formación que los padres dejan en sus hijos.

Aconsejaba el Papa Francisco a los padres: “No eduques a tus hijos a ser ricos, edúcalos a ser felices; para que vean el valor de las cosas y de las personas y no su precio”.

“Que la Sagrada Familia de Nazaret nos ayude a ser felices y a hacer felices a los demás”.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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