La palabra de Dios, se hace carne

Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.-  A tono con el mensaje de los textos litúrgicos de la víspera y la vigila; el autor del texto llamado deutero Isaías; nos presenta un himno en el cual aparece un mensajero de paz y de buena nueva, que anuncia la salvación y presenta a Dios como rey que retoma nuevamente el curso de la vida y la historia de su pueblo. Dios regresa a Sión para gobernar con justicia y rectitud.

Los reyes del mundo no han sabido gobernar y han perdido al pueblo; no han sabido conquistar la verdadera paz, siempre se han quedado cortos y ellos mismos han perdido rumbo.

Ahora el profeta anuncia que ya ha pasado lo peor y la fuerza de Dios, su santo brazo se verá en todas las naciones y verán la salvación de Dios; los centinelas gritarán de alegría porque constatan la llegada del Señor nuevamente a su pueblo.

La institución profética fue esencial en el desarrollo e historia del pueblo de Dios; Ellos, los profetas eran los responsables de trasmitir la “palabra” de Dios, para guiar, acompañar, corregir, enseñar el cómo debían llevar su vida para agradar al Señor.

Los ritos mediante los cuales se encomendaban y reconocían a Dios; eran presididos por los sacerdotes consagrados por Dios para dicho fin. La tarea de los profetas con toda su creatividad, sensibilidad, visiones, oráculos y profecías; los sacerdotes con sus ritos de purificación y oración, tenían una importancia capital, pero se quedan en pañales respecto a la nueva forma de comunicación de Dios.

El autor de la carta a los hebreos, muestra las distintas formas de comunicación de Dios con su pueblo, pero resalta la manera especial en que Dios se ha comunicado en los últimos días, por medio de su hijo Jesucristo a quien reconoce como sumo sacerdote puesto para apoyar a los hombres purificándolos de sus pecados, mediante el sacrificio de su muerte y su exaltación.

Cristo es la última palabra de Dios para el mundo, superior a los ángeles; heredó el nombre por encima de todo nombre incluso de los ángeles; el nombre de “Hijo”. Este nombre es algo que no puede darse a los espíritus angélicos, solo le corresponde a quien Dios ha engendrado y llamado Hijo. Él ha heredado todo del Padre, y lo que nos diga es lo que Dios mismo nos dice. La humanidad debe sentir la voz de Dios en la voz del Hijo encarnado.

Con el prólogo del evangelio de Juan se expresa de manera magistral este aspecto de la encarnación por medio de la “palabra” (Gr. logos) de Dios. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

El misterio de la encarnación llega a nosotros mediante lo más profundo que Dios tiene en su ser y que ha revelado a través de la historia humana: su palabra. Por medio de ella “crea” el mundo y cuanto hay en él; por medio de ella “llama” a los patriarcas para formar un pueblo numeroso como las estrellas del cielo y las arenas del mar; por ella libera a su pueblo cuando ha caído esclavo en Egipto; por ella anuncia por los profetas los tiempos nuevos.

San Juan pone hincapié en que el “logos”, palabra de Dios estaba con Dios y Era Dios; por lo mismo toda la obra de salvación fue acompañada por la palabra eterna, mediante la cual fueron hechas todas las cosas.

Pero lo más significativo es su palabra hecha carne “Jesucristo” para salvar a la humanidad de la muerte eterna. La palabra divina encarnada en el Hijo viene a dar ánimo, a iluminar el camino de cada hombre que lo recibe y a concederle ser también hijo de Dios.

La palabra de cada hijo, de los que creen en la Palabra con mayúscula; también puede ser importante y de hecho es determinante en el éxito o fracaso de las relaciones interpersonales de nuestra cotidiana vida.

Nuestra palabra, cargada de sentimientos, conocimientos, pensamientos, emociones; puede llevar a dar vida, amistad, fraternidad, justicia, generosidad, o por el contrario dar muerte, odio ignominia, celos etc.

La encarnación de la “Palabra” divina, que puso su tienda entre nosotros, viene a darnos la oportunidad de edificar con nuestra palabra en vez de destruir; de animar el camino de los que van junto a nosotros en búsqueda del mismo fin: La vida eterna.

La navidad es eso; acercarnos a la palabra encarnada para aprender de Él, cómo llegar al Padre, porque a Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado. El viene a enseñarnos quién y cómo es Dios Padre y también a decirnos cómo podemos llegar a Él.

Una nueva navidad, con un extraordinario regalo de parte de Dios, pero solo la fe nos puede llevar al reconocimiento y agradecimiento de tan preciado don. Dentro de ese gran regalo de Dios vienen buenas instrucciones de cómo ser felices, de cómo amar a nuestros demás hermanos y de cómo podemos gastar correctamente la vida mientras vamos peregrinando por esta vida con el anhelo final de la eternidad.

Felices los que abren su corazón a la navidad y son capaces de hacerla germinar en el corazón de los demás; porque también ellos recibirán el premio de la vida eterna, y felices serán para siempre.

Les deseo que vivan una navidad feliz y que tengan mucha paz en su corazón. Esto es lo que podremos compartir en este santo tiempo con los demás.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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