Nos ha nacido el Salvador; Palabra eterna del Padre

Por: Pbro. Javier Gómez O.

Foto: VaticanNews.

CODIPACS.-  Para esta celebración nocturna del nacimiento de Jesús, la liturgia nos presenta, con el profeta Isaías, una continuación de las promesas divinas sobre un salvador que lograría la unificación de los pueblos, de las doce tribus de Israel divididas en el momento en dos reinos: El norte, Israel, con su capital Samaria, y el Sur, Judá, con su capital Jerusalén.

Este pueblo dividido, vio una gran luz, para ellos que vivían en tinieblas resplandeció una gran luz.

Después de las guerras entre los judíos del Norte y los del Sur, con los asirios. Cada uno tomó partido. Acaz rey de Judá, tomó partido con los asirios que posteriormente destruirían Samaria y ello constituyó un duro golpe para ellos.

Isaías está anunciando una nueva esperanza de liberación para los pueblos del norte, los que habían sido deportados al extremo de Asiria hoy Afganistán, ellos podrán regresar a su tierra, porque Yahvé así lo ha designado. Verán una gran luz y será la luz del reino de Judá. Es una especie de venganza por los conflictos entre los hermanos de la tierra de la alianza.

Los del norte verán redimida su conquista por medio de una gran luz, un príncipe de Judá, que lleva sobre sus hombros el nuevo signo del poder imperial, cuyas cartas credenciales son: consejero admirable; que significa que no necesitará de ningún consejero imperial, porque gozará del conejo divino.

Dios poderoso, que se presenta como un Dios no como un mortal indefenso, limitado y sin alternativas para sacar adelante a su pueblo. Padre; es la forma como gobernará a su pueblo, como un padre preocupado de cada necesidad e imbuido de la gracia de Dios para proporcionarles lo que más necesitan de ahí el siguiente atributo; príncipe de la paz; es lo que un rey quiere para su reino y que son las promesas hechas por Dios a David y a sus descendientes.

El príncipe de la paz llega, el tiempo se ha cumplido; está brillando una gran luz. Esta noche de Navidad, el texto de la carta de san Pablo a Tito, evoca la grandeza del misterio que celebramos. La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado, nos ha educado para entender y vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesucristo, para vivir en las virtudes cardinales como la sensatez, la justicia y piedad que equivalen a las virtudes en general.

Porque el gran Dios y Salvador; Cristo Jesús, nuestra esperanza viene a traer la gracia de la salvación y la paz.

El contexto histórico del misterio de la encarnación dice san Lucas, se ubica en tiempos del emperador César Augusto, de Quirino, gobernador de Siria y de Herodes rey de Judea.

Cesar Augusto había promulgado un edicto en el cual se ordenaba un censo en todo el imperio, en el cual debían inscribirse en la población de sus antepasados. Aún con las imprecisiones de carácter histórico; el interés de Lucas es presentar a María y José, viajando de Nazaret a Belén, la ciudad de David, donde según las escrituras nacería el Mesías prometido y heredero del trono.

Durante este proceso de empadronamiento, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su “primogénito”. El primer hijo de un rey era siempre un buen signo de la presencia de Dios y de alianza con su pueblo.

 Lo envolvió en pañales; Jesús, como rey, viste las galas de la naturaleza humana; le es proporcionada la ayuda necesaria de un niño de pecho que debe estar bien atendido y cuidado. Y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada. El pesebre es un objeto adaptado para dar alimento a los animales en sus corrales; el término que, según los especialistas elige Lucas es el término “comedero” para expresar según la teología cristiana el alimento que Dios ofrece en dicho lugar para la humanidad.

Este es el signo que Dios ofrece en ese lugar y en ese tiempo; un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre; Ese niño es el Mesías (Cristós) Salvador (Soter) y Señor (Kyrios). Esta es la extraordinaria grandeza de la noche de navidad; son signos muy humanos que nos acercan a lo divino.

Los pastores, contra viento y marea, no se equivocaron en reconocer en ese niño, con los signos que le acompañan, la presencia divina y salvadora. Que como adorno exterior pone al coro de los ángeles que proclaman: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra haya paz para los hombres de buena voluntad”.

La peor navidad para un cristiano es celebrarla sin Cristo. Hacerlo a un lado o peor aún, ignorarlo, aunque esté cerca. Tal vez porque no queremos vivir tiempo de paz, de solidaridad, de fraternidad; tal vez deseamos encerrarnos en una burbuja de placer y comodidad, poniendo de pretexto un nacimiento con adornos y regalos para olvidarnos de lo que está sucediendo en nuestro alrededor.

El nacimiento de Cristo nos recuerda que Él vino a cumplir con una misión que es liberar y salvar a todos los hombres y darles la oportunidad de aceptar la salvación y la vida eterna.

No nos confundamos con las lucecitas, regalos, fiestas y comilonas, pensando que eso es la navidad y el premio mayor; dejando a un lado el verdadero valor y la riqueza del nacimiento del salvador del mundo.

Que esta noche sea de verdadera vigilia, procurando que se haga presenta la fraternidad, la paz, el amor y la sana alegría.

El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.

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