Por: Pbro. Javier Gómez

CODIPACS.- Sofonías (Heb. Tsephaneyah = Yahvé esconde, protege) es un profeta que vivió en los tiempos del rey Josías; provenía de una familia distinguida que podía trazar su genealogía hasta el rey Ezequías, tal vez unas cuatro generaciones atrás, como lo menciona al inicio del libro que lleva su nombre. Esta afirmación se encuentra también en la tradición rabínica. El profeta conoce muy bien la aristocracia y la corte judía, puesto que vivió en ella, en la época del rey Josías (640-609) e inspiró a éste la necesidad de la reforma moral y la purificación del culto a Yahvé.
Es una época de confusión política, de decadencia del imperio asirio del que fue vasallo Judá; el declive inicia a la muerte de Asurbanipal en el año 627. Egipto había sido un aliado de Asiria desde la época de Asaradón padre de Asurbanipal.
El tema del libro de Sofonías es el “día de Yahvé” En que aplastará a los antiguos reinos vasallos; Filistea, Moab, Amón y el decadente Asiria. Solo quedará en pie un pequeño grupo, un puñado de hombres que se han mantenido fieles a Dios. A este pequeño grupo se le llama el “resto de Israel” de donde saldrá una nueva comunidad, un nuevo pueblo, renovado y fiel a su Dios.
Busquen la justicia y busquen la humildad, exhorta el profeta al pueblo rebelde para que puedan escapar al día de la “ira del Señor”. Se observa una insistencia en que el pueblo debe ser observante de la justicia y apartarse de la idolatría cultual en la que han caído y los abusos de las autoridades.
Del “resto” saldrá lo nuevo, lo bueno; el puñado de gente humilde y pobre que confía en el Señor, el cual hará que descansen tranquilos sin que nadie les moleste.
Estos son los caminos de Dios, muy distintos a los caminos de los hombres; Dios prefiere a los pobres y a los humildes para mostrar en ellos su fuerza y su poder.
Así lo hace saber el Apóstol Pablo a la comunidad de Corinto; recordándoles que fueron elegidos y llamados por Dios no por su sabiduría, no por su poder ni por su nobleza social, sino que han sido llamados y elegidos por pura misericordia de Dios para confundir a los sabios e importantes del mundo, con la sencillez de los humildes; con los débiles del mundo para avergonzar a los fuertes.
La comunidad cristiana debe entender desde su realidad concreta; no son los grandes de la “polis” griega sino la pequeñez de lo que no cuenta en ese mundo tan cruel. Pero deben pensar desde su pequeñez, no desde las grandezas del mundo; su llamado es por pura gracia de Dios y es la “palabra de la cruz” el verdadero poder de Dios que se manifiesta en los pobres y sencillos del mundo. Por ello Pablo dice en sus cartas que esta es la “locura de Dios”. La paradoja de Dios que no elige a los que el mundo elegiría para la realización del plan salvífico. Los caminos de Dios no son los caminos de los hombres.
De la misma manera el evangelista Mateo, subraya el valor de la sencillez y la humildad, acompañando a las bienaventuranzas. El gran discurso del monte o “Sermón de la Montaña”.
Indudablemente que la intención del evangelista Mateo es mostrar que el reino de Dios tiene como base las bienaventuranzas; que la voluntad de Dios es reinar de esa manera, que su reinado exige las características del discurso del monte.
Este conocimiento que Jesús ofrece en su discurso, es inagotable y de un valor incalculable; pero para tenerlo y valorarlo hay que acercarse de cerca a Jesús, no tanto físicamente sino con la luz de la fe y la confianza en que su enseñanza dará lo más importante a quien se acerca a Él. Se llama “felicidad, bienaventuranza”
En todos los tiempos el ser humano ha buscado este tesoro invaluable de la felicidad, de muchas maneras, con variadas estrategias, medios o recursos tanto materiales como espirituales para dicho fin.
Hoy en día podemos pensar que la felicidad de una persona se encuentra en poseer una buena casa, buen trabajo y recursos materiales para comprar cosas. Tal vez una buena esposa o esposo, con hijos para compartir los bienes que se poseen.
Jesús no pensaba en su felicidad personal, más bien pensaba en un proyecto que le hacía feliz. Hacer felices a los demás, enseñar a ser felices con poco, pero poniendo la confianza en Dios y su inagotable sabiduría y felicidad verdadera.
Como en los cuentos de las mil y una noches; existe un cuento hebreo de un hombre estudioso que solo poseía una casa simple con una estufa una cama una silla con su pequeña mesa; pero tenía un largo estante con libros que leía constantemente y nunca se cansaba de buscar sabiduría.
Sus vecinos se reían de él y de sus conocimientos. Miren ahí va el estudioso Modecai, todo andrajoso y flaco por el ayuno. En cambio, nosotros vestimos de lino, tenemos buenas casas y alimento suficiente; pero él, ¿qué tiene? ¡Conocimiento ¡y se reían a carcajadas.
Cansado de las burlas de sus vecinos decidió emigrar a otro país y compro su boleto y se embarcó en su aventura sin más cosas que lo que llevaba su persona.
Sus compañeros de viaje llevaban mercancías como tapetes, oro, joyas para negociar y preguntaron a Modecai que llevaba él para hacer negocio y contestó: No tengo riquezas como las suyas; todo lo que tengo lo llevo en mi cabeza.
¿Tu cabeza? ¿Qué puede haber en tu cabeza que sea valioso? tienes una cabeza como la de nosotros, no es nada diferente, dirán de ti que eres un loco. El trayecto se desató una gran tempestad que puso en riesgo la estabilidad del barco y la seguridad de los pasajeros; poco a poco el barco se fue inundando al punto que el capitán dijo a los pasajeros que la única esperanza que tenían de salvarse era deshacerse de todo el equipaje que llevaban, para aliviar el peso de la nave y que pudiera salir adelante. Con pesar y tristeza, pero con el deseo de vivir; tiraron sus joyas, oro y mercancías valiosas y todo lo que poseían. Modecai fue el único que no llevaba nada que tirar.
Finalmente, el barco salió adelante del naufragio. Días después los pasajeros tristes lloraban la pérdida de sus tesoros, olvidando que los habían perdido para salvar la vida. Cuando la nave tocó puerto, bajaron con las manos vacías y nadie los recibió ni les hizo aprecio porque no llevaban nada para negociar. En lugar de regresar a su casa con las bolsas llenas de dinero, regresarían sin un centavo.
En cambio, Modecai, el gran estudioso al bajar lo recibieron y rodearon para escuchar sus conocimientos y sabiduría y así vivió en ese país dichoso y satisfecho.
Sus compañeros de viaje tuvieron que reconocer que la mercancía que Modecai llevaba dentro de su cabeza era más valiosa, preciosa y resistente que el oro y la plata, porque la sabiduría siempre permanece, nunca se acaba.
La sabiduría de las bienaventuranzas es más importante dice Jesús que los bienes materiales y concede a quien las lleva consigo, la felicidad de vivir y esperar la vida plena del reino de Dios. Es la manera como, según la mentalidad de Jesús, debemos comprender la llegada del reino de Dios.
Indudablemente que las bienaventuranzas son un tesoro invaluable que debemos conquistar, no solo en nuestra mente sino en el corazón, debe ser una “opción” solidaria con los que diariamente viven estas situaciones buscando que la fuerza liberadora del evangelio ayude a cambiar dichas situaciones del mundo inhumano e injusto que vivimos.
Jesús, su vida y su ejemplo son la expresión más auténtica de las bienaventuranzas; Él fue pobre, sufrido, tuvo hambre y sed de justicia, fue misericordioso y limpio de corazón, trabajó por la paz, fue perseguido e hizo siempre el bien hasta morir par amor a la humanidad. Estas son las características y el programa a seguir del discípulo de Jesús.
Buena pregunta seria hoy para nosotros: ¿En qué tenemos puesta nuestra confianza y cuál es el tesoro que llevamos en nuestro corazón y en nuestra mente? Los grandes tesoros no se pierden solo cambian de generaciones a otras por el testimonio y el ejemplo de vida y de fe. No en vano decía el Papa Francisco: “Cuando han visto un funeral con una mudanza detrás de él” … y también recordaba que un reloj Rolex da la misma hora que un timex y una cartera Gucci guarda los mismos billetes que una sencilla de plástico o simple piel.
En que horizonte navegamos y cuáles son nuestras expectativas y nuestros deseos o afanes más importantes en este pasaje de la vida. ¿Es para pensar… no creen?
El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón.