Seguidores y seguidoras de Jesús, Maestro y Señor

EN PEQUEÑAS COMUNIDADES

CON LA AYUDA DEL ESTUDIO DEL EVANGELIO Y LA REVISIÓN DE VIDA

El Seguimiento de Jesús de Nazaret en primer lugar 

Estamos en el tiempo después del Sínodo en toda la Iglesia y del Ano Santo Jubilar 2025. Hemos meditado y buscamos vivir como peregrinos de esperanza. El camino sigue. Pero todo eso es posible si cultivarnos el seguimiento de Jesús, Maestro y Señor. Él no puede ser un simple recuerdo hermoso del pasado. Necesitamos de momentos intensivos, especiales, hechos de silencio, de contemplación, de comunión profunda con la vida y el proyecto de Jesús, a través del estudio de los evangelios. Todo eso debe llevarnos a una práctica de vida al estilo de Jesús. Lo que nos define es nuestro diario vivir; somos lo que hacemos cotidianamente y lo que queremos ser.

Pablo de Tarso, místico misionero, es una referencia especial para los que quieren recorrer los caminos de la experiencia mística y del discipulado de Jesús. En la Carta a los Filipenses – llamada La Carta del Corazón, llena de afecto y de alegría – Pablo abre su corazón, contando lo profundo de su vida misionera. Filipos era una ciudad de la antigua Grecia (en la actual Macedonia), situada al borde de una carretera importante que conectaba Roma, capital del Imperio Romano, con las provincias romanas de Asia Menor (la actual Turquía) y de Oriente. Los habitantes de Filipos eran, en parte, funcionarios públicos del Imperio Romano y oficiales jubilados del ejército romano, que se dedicaban al comercio y la ganadería. Pero la mayoría eran esclavos, trabajadores en el puerto vecino, en el comercio, en las haciendas, en las minas de oro y plata de las montañas vecinas.

Pablo fundó esta comunidad junto con Timoteo, Silas y Lucas, durante su segundo gran viaje misionero, cerca de los años 50 del primer siglo. Fue en la casa de una mujer, Lidia, comerciante, admirable por su dedicación misionera (Hechos 16, 16-24). En Filipos, Pablo y Silas fueron arrestados por haber liberado a una joven esclava, usada por sus patrones como adivinadora de consultas, lo que les daba ganancias abundantes. Solos, continuaron el viaje misionero, pero nunca se olvidaron de aquella comunidad tan solidaria y animada. Pablo escribió la Carta (probablemente la síntesis de dos o tres cartas) unos cinco años después, preso de nuevo, ahora en la ciudad de Éfeso, siempre por causa del Evangelio de Jesús.

Desde la cárcel imperial, fría y húmeda, Pablo escribe la Carta, firmada también por Timoteo. Es una Carta escrita con gran afecto, con mucha alegría, contando lo que pasaba en su corazón. En ella encontramos frases que revelan su inolvidable experiencia mística de Jesús: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia” (Flp 21). Otras frases célebres: “He sido alcanzado por Jesucristo” (Flp 3,12); “Todo lo puedo en el que me fortalece” (Flp 4,13). Su mayor anhelo era crecer en el conocimiento de Jesús: “Todo lo que para mí era ganancia, ahora lo considero como pérdida, por causa de Cristo” (Flp 3,7). Insiste: “Considero todo como pérdida, ante el bien superior, que es el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Flp 3,8). “Conocer” en el lenguaje bíblico es más que una palabra decorativa, no es saber intelectualmente ni memorizar; es “experimentar” a Jesús de Nazaret, es tener una comunión profunda con Él, es algo que mueve todo el ser y el existir.

Seguimiento, no intimismo ni sola devoción

Esto no es intimismo, no es huida de la realidad. Pablo y Timoteo están presos, fueron “maltratados e insultados”, según escribirá más tarde a los Tesalonicenses (1Ts 2,2). Pablo manifiesta una inmensa alegría (Fl 4,1.4.10), cosa que sólo los místicos saben experimentar y testimoniar. Al mismo tiempo, Pablo escribe un mensaje importante, que tiene que ver con el día a día: “Tengan en ustedes los mismos sentimientos que había en Cristo Jesús” (Flp 2,5). Los “sentimientos”, en aquella época, tenían un sentido más amplio; indicaban un estilo de vida en el día a día. Todo lo que Jesús hacía, decía, sus posturas, sus opciones, su manera de relacionarse, de ser: todo eso expresaba su estilo de vida. Tener los mismos sentimientos de Jesús significa vivir nuestro día a día al estilo de Él. Esto es el seguimiento de Jesús.

Jesús, en fidelidad a la misión recibida del Padre, se vació a sí mismo, tomando la forma de esclavo. Es a partir de los sótanos de la humanidad que Jesús combate todo tipo de opresión y humillación, para llegar a la transfiguración total, convirtiéndose en Señor de la historia (Flp 2,6-11). Con toda probabilidad, esta cita, hace referencia clara a los esclavos, que debían ser la mayoría en la comunidad. Es una invitación a todos los esclavos que formaban parte de la comunidad, a trabajar por la resurrección de todo tipo de mal. A lo largo de la Carta ofrece orientaciones prácticas que tienen que ver con el día a día (ver Fl 3,13-14.4,8-9). Todo esto hace parte de la espiritualidad del discípulo, del seguimiento de Jesús, en las cosas cotidianas. Diócesis 

Por lo tanto, no es bueno quedarse sólo en el encantamiento genérico de Jesús de Nazaret; es necesario seguirlo. Los evangelios invitan a seguir a Jesús. Entre las palabras clave que más aparecen están: seguir (80 veces) y discípulo (230 veces). El sentido de las dos palabras es el mismo. Es ahí donde golpea el corazón de los evangelios. De hecho, cada evangelio fue escrito para responder a dos preguntas básicas: 

  1. ¿Quién es Jesús?  
  2. ¿Qué quiere decir seguir a Jesús? 

La primera pregunta está en función de la segunda. Es conocer para seguir. La relación discípulo-maestro en la época de Jesús era muy diferente de la relación alumno-profesor que se tiene hoy. El maestro era considerado maestro de vida, enseñaba a vivir, los discípulos seguían sus enseñanzas y ejemplos de vida. Jesús era maestro para sus discípulos; era el referente, la última palabra decisiva: “Maestro, ¿qué debemos hacer?”.

La vida puede ser vivida de varias maneras, con motivaciones y estilos diferentes, y hasta opuestos, a veces. Dado que esta vida sólo se vive una vez, y no se repite, necesitamos discernir bien: ¿qué rumbo dar a la vida y por qué motivos? El cristiano es aquel que hace una opción: vivir su día a día al estilo de Jesús de Nazaret: “Para mí, el vivir es Cristo” (Fl 1,21).

El cristiano hace esta opción consciente y libremente, movido por un gran anhelo de dar sentido verdadero a su vida; es decir, vivir un estilo de vida capaz de responder a los anhelos más auténticos y más verdaderos de nuestra vida.

Jesús, al despedirse de sus discípulos, les dio un mandato “Vayan y hagan que todas las naciones se vuelvan discípulas” (Mt 28,19). Misión de los discípulos es hacer nuevos discípulos, ante todo y por encima de todo, a través del testimonio de vida: “Y serán mis testigos hasta los confines de la tierra” (He 1,8). Esto es lo que hicieron los primeros discípulos, de manera especial el misionero itinerante Pablo de Tarso. En los Hechos de los Apóstoles hay un estribillo que atraviesa todo el libro: “La Palabra de Dios crecía y se multiplicaba” (He 12,24, ver también: He 2,41.47, 4,4.31, 5, 14.42, 6,7, 8, 4:25, 30,31, 11,21, 13,44.49, 14, 14.1.7.21.27; 16,15; 17, 4:34: 19.20; 28.30 a 31). Es el momento del nacimiento de la Iglesia en salida misionera y lo podríamos traducir muy bien de la siguiente manera: los discípulos y las discípulas de Jesús de Nazaret, Maestro y Señor, crecían y se multiplicaban, en medio de muchas dificultades y conflictos, con mucho coraje y con el poder del Espíritu Santo (He 4,31). Esta es la buena noticia que el libro de los Hechos de los Apóstoles nos transmite.

Seguimiento y conciencia critica

El seguimiento de Jesús se da en lo cotidiano de la vida: en casa, en la calle, en los autobuses, en el trabajo, en las relaciones con las personas y con las instituciones. Ocurre en el campo, en las ciudades, en las luchas por causas legítimas, por la paz en el mundo. Se trata de ver a las personas, las situaciones de la vida, las instituciones con la misma mirada de Jesús. Jesús no es un adorno, no es objeto de devoción ni un hacedor de milagros. Él es el Maestro y el Señor a quien queremos seguir como discípulos en lo cotidiano de la vida.

No se trata de practicar al pie de la letra todo lo que encontramos en los evangelios; podría ser motivo de confusión. Por ejemplo: el Jesús que pidió ofrecer la mejilla izquierda a quien te dé una bofetada en la mejilla derecha (Mt 5,39), es el mismo Jesús que no lo hizo, cuando uno de los guardias del sumo sacerdote le dio una bofetada: “Si hablé mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me golpeas?”(Jn 18,23). Es necesario captar el mensaje. En Mt 5,39, el mensaje es no dejarse llevar por la venganza; en Jn 18,23, el mensaje es tener firmeza y coraje al denunciar todo tipo de injusticia y de maldad.

Para actualizar el mensaje de los evangelios, debemos tener en cuenta la realidad sociopolítica en que vivimos hoy, debemos tener una conciencia crítica. Una persona que ve las cosas de manera ingenua corre el riesgo de vivir el seguimiento de Jesús de manera pasiva, superficialmente; y eso no puede ser el verdadero discipulado. Jesús les advirtió a sus discípulos: “¿Todavía no entienden ni comprenden? ¿Están con el corazón endurecido? ¿Ustedes tiene ojos y no ven, tienen oídos y no oyen? “(Mc 8,17-18).

Cada uno es llamado a seguir a Jesús a partir de su propia situación concreta: de joven, de adulto, de anciano, de hombre, de mujer, de casado, de soltero, de consagrado o consagrada, de presbítero, de desempleado, o ganando un buen salario. El seguimiento de Jesús nos coloca en un proceso de conversión permanente, cada uno partiendo de sus situaciones concretas. Al leer un pasaje del Evangelio, debemos preguntarnos: “¿Qué quiere decir, para mí, seguir, aquí y ahora, a este Jesús, así como aparece en el texto?”. El seguimiento de Jesús interpela y cuestiona a todos, convoca a la conversión permanente; nos hace profetas. Ser discípulo de Jesucristo es cuestión de amor. Quien ama, sigue; y quien ama y sigue, da testimonio de Aquel a quien sigue, en el aquí y en el ahora, como lo hicieron los primeros discípulos: “Lo que oímos y lo que vimos con nuestros ojos, lo que contemplamos y lo que nuestras manos palparon, ahora se lo anunciamos a ustedes”(1Jn 1,1-3 – resumen).

Seguimiento de Jesús es un proceso permanente

Tal es, resumidamente, la espiritualidad del seguimiento de Jesús. Ella es la base de todas las demás espiritualidades. Sin seguimiento de Jesús no hay verdadera espiritualidad; hay espiritualismos, gritería, ruido, fuga, alienación, cobardía. Los mismos sacramentos, sin el seguimiento fiel de Jesús, se convierten en ritos vacíos. El papa Francisco en la Misa de Corpus Christi del 2020, afirmaba que Jesús presente en la Eucaristía al ser comido se convierte “en nosotros esa fuerza renovadora que nos devuelve la energía y el deseo de retomar el camino después de cada pausa o caída”. Esto, “requiere nuestra voluntad de dejarnos transformar, nuestra forma de pensar y actuar; de lo contrario las celebraciones eucarísticas en las que participamos se reducen a ritos vacíos y formales”.

No se puede ser cristiano sin ser un verdadero seguidor de Jesús. Esto decía Mons. Romero:

“Hermanos, como quisiera que quedara bien grabada en nuestro corazón esta certeza: el cristianismo no es un conjunto de verdades, de leyes, de prohibiciones. Sería muy repugnante. El cristianismo es una persona, que amó mucho a cada uno de nosotros y que exige nuestro amor. El cristianismo es Jesucristo (Monseñor Oscar Romero, homilía de 06.11.1977).

El seguimiento de Jesús encanta y atrae, pero no es siempre fácil. Es casi imposible vivir cada día, el seguimiento de Jesús de manera coherente, porque somos frágiles. Su seguimiento es una tarea permanente. Lo importante es no desanimarse si en algo le fallamos, sino más bien, retomar el caminar, seguir caminando siempre, con humildad y gratitud.

Seguir a Jesús es fuente de júbilo interior: “¡Estén alegres en el Señor! Se los repito: ¡Alégrense! “(Fl 4,4). El seguimiento de Jesús da sabor a la vida; invita a vivirla de manera transparente, valiente y profética. Despierta energía nueva, da fuerza y ​​coraje en las horas difíciles: “Atribulados, pero no desanimados; puestos en extrema dificultad, pero no vencidos; perseguidos, pero no abandonados; postrados por tierra, pero no aniquilados “(2Cor 4,8-9). El seguimiento de Jesús ayuda a superar las barreras de la muerte, las fronteras del tiempo y del espacio; y apunta a la resurrección.

Los santos y las santas que el pueblo cristiano venera (no adora), fueron verdaderos campeones de humanidad. Ellos testimoniaron la belleza de la vida vivida al estilo de Jesucristo, a partir de las situaciones históricas en que se encontraban. La gran mayoría no está en la lista de los que la Iglesia reconoce oficialmente, permanecen en el anonimato. Son los “Santos de la puerta de al lado”: padres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, enfermos, religiosas ancianas que siguen sonriendo… de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»; convivir con algunos de ellos es una gracia preciosa.

Seguir a Jesús es el camino normal y esencial para cualquier cristiano de todos los lugares y épocas, si quiere ser un verdadero discípulo suyo. ¿En la vida práctica, será esto lo que realmente sucede? ¿Las Iglesias ponen de verdad el seguimiento de Jesús como la base del ser Iglesia, como condición indispensable de toda pastoral? Demos una vuelta por las varias iglesias cristianas, miremos a nuestras comunidades y a nuestras actividades pastorales. El asunto es tan importante y decisivo, que merece una referencia constante. Por supuesto que hay muchas cosas buenas que suceden, pero la impresión general es que la espiritualidad del seguimiento de Jesús no es el anhelo mayor, todavía no es la primera prioridad como debería serlo. Hay acciones pastorales y actividades eclesiales repetitivas y fragmentadas, sin el hilo conductor del seguimiento de Jesús. Hay parroquias que se parecen a un supermercado de productos religiosos, se ofrecen servicios para todos los gustos y bolsillos. Hay consumismo religioso. Ritos, sacramentos, reuniones, asambleas, cultos, celebraciones, alabanzas, son bastantes. Mucho menos se ve un verdadero y auténtico seguimiento de Jesús. Y donde no lo hay, no hay fe verdadera; y entonces los males y las divisiones prosperan.

Por lo tanto, el gran desafío es cómo hacer crecer la espiritualidad del seguimiento de Jesús en las comunidades y en nuestra vida personal. ¿Qué debemos hacer?

Propuesta: PEQUEÑAS COMUNIDADES DE DISCÍPULOS Y DISCÍPULAS DE JESÚS DE NAZARET, MAESTRO Y SEÑOR

          La espiritualidad del seguimiento de Jesús no es mercancía que se compra. Es, ante todo, don, gracia, que hay que saber acoger y saber fructificar. Para ello, necesitamos tiempo, gusto, dedicación, un mínimo de organización. Necesitamos propuestas concretas y eficaces, capaces de producir efecto. A continuación, señalamos una propuesta:dar vida en el territorio (comunidad, parroquia, diócesis) a numerosas Pequeñas Comunidades de discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret”. En algunas parroquias ya hay algo parecido, pero todavía no es prioridad, no logra marcar tendencia y dejar huella. Sugerimos que esta propuesta tenga prioridad en la vida personal y comunitaria. La pastoral debe cuidar mucho de ello; debe proporcionar tiempos, espacios, medios. Debemos pensar no en algo restringido a algunos grupos, sino en las multitudes de católicos y de cristianos del mundo. Aparecida pide hacer todo lo posible para “convertir a cada cristiano en discípulo misionero” (DA 362). La tarea es inmensa y apasionante.

  En cada pequeña comunidad pueden participar una decena de personas, interesadas en el seguimiento de Jesús de Nazaret, Maestro y Señor. De preferencia, entre los vecinos de casa. Teniendo más gente queriendo, crear otro grupo; etcétera. A seguir, proponemos un esquema de la reunión con varias explicaciones, para asimilar bien el espíritu de la propuesta y así involucrar mejor a los participantes. Con las experiencias irá mejorar la capacitación. Cada pequeña comunidad va criando relaciones abiertas, fraternales, entre los miembros y con los demás vecinos. Es importante que en las pequeñas comunidades haya alguna iniciativa ligada a las situaciones concretas del lugar o ampliar más, posiblemente junto con las pequeñas comunidades vecinas. Lo más importante es luchar por vida plena para todos y todas. 

En la medida posible, no puede faltar la reunión semanal o quincenal, para compartir y profundizar la fidelidad al Reino de Dios, al estilo de Jesús de Nazaret. La pequeña comunidad es una propuesta simple, popular, envolvente. 

DOS INSTRUMENTOS: ESTUDIO DEL EVANGELIO Y REVISIÓN DE VIDA

Una Pequeña comunidad cristiana necesita encontrar sus miembros para compartir sus vidas, la vida del mundo; para evaluar hechos y desafíos, para cultivar la amistad entre los participantes y para ir creciendo en el seguimiento de Jesús de Nazaret, nuestro Maestro e Señor.  En cada encuentro privilegiar un asunto, de acuerdo con las situaciones de la comunidad, de la sociedad. Dar mucho espacio al Estudio del Evangelio y también a la Revisión de vida, conforme van apareciendo las situaciones de acuerdo con las situaciones que las comunidades

ESTUDIO DEL EVANGELIO: CON JESÚS AL ENCUENTRO DE LA VIDA 

El estudio del Evangelio busca descubrir las actitudes y el estilo de vida de Jesús, para iluminar su propia vida. Y es en ese momento que se pone la llamada a la conversión, para vivir en nuestra vida los mismos sentimientos, actitudes y opciones de Jesús (Fil 2,5). Escoger las preguntas más apropiadas para el texto en estudio. Se pueden elaborar otras preguntas.

En concreto:

  • Posiblemente reuniones en la casa de un miembro de la pequeña comunidad. Todos sentados alrededor de una mesa, con Biblia, cuaderno y lapicero. Alguien coordina, para favorecer un clima abierto, lleno de esperanza y para evitar dispersiones y pérdida de tiempo. Para la coordinación usar el esquema de rotación. 
  • Crear clima de acogida, compartiendo algunas noticias de la vida, de la realidad, de lo que se pasa en el país o en el mundo. Unos quince minutos de tiempo. Si un hecho vivido y narrado por alguien del grupo aparecer importante profundizar, se puede proponer una REVISIÓN DE VIDA (RV), em otra reunión. La RV es el segundo instrumento propuesto para la caminata de las pequeñas comunidades. Ver en ese mismo capítulo. 
  • A continuación, se crea un clima de fe, invocando la presencia del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que habitaba en Jesús.
  • Priorizar el estudio continuado, de principio a fin, del evangelio del año litúrgico. Otra posibilidad puede ser reflexionar juntos el Evangelio de cada domingo. O otros textos del evangelio, de acuerdo con las necesidades del grupo. 
  • Además, cada uno, en su casa, va copiando en el cuaderno y meditando todo el evangelio del año litúrgico. Plazo: duración del año litúrgico. 
  • Es importante que el texto del evangelio se sepa en la reunión anterior para cada participante ir se preparando a través de la lectura meditada del texto sagrado y, si posible, con el estudio de algún subsidio. Una lectura fiel no se improvisa.  
  • ENTRAR EN EL TEXTO. En la reunión, leer el texto, meditar el texto escogido, transformándolo en escena viva. Preguntas que pueden ayudar (escoger): ¿Cuáles personas y instituciones del tiempo de Jesús aparecen en el texto? ¿Quiénes son? (fariseos, discípulos de Jesús, sinagoga…). ¿Qué lugar social ocupaban en la época? ¿Cuál es el asunto principal (problema, buena noticia, dificultad) que aparece en la escena del texto?  ¿Cuál es el hecho que marca todo el texto? ¿Dónde está el corazón del texto? ¿Cuál la situación que aparece? Con el evangelio en manos captar el asunto/hecho/situación/corazón/. 
  • CONTEMPLAR JESUS. ¿Qué dice o qué hace Jesús? ¿Como Jesús enfrenta la situación? ¿Con qué sentimientos actúa? ¿Cuáles son las reacciones de los demás personajes que aparecen en la escena? ¿Cuál es la misión de Jesús que aparece en el texto? ¿Cuáles salidas propone? Se trata de descubrir el mundo de Jesús, su voluntad, su estilo de vida. Aquí está el corazón del texto, la Palabra de Dios, su voluntad.     
  • Atención:Cada autor sagrado propone la postura de Jesús a sus destinatarios, que eran diferentes, viviendo en lugares y situaciones diferentes. Por eso, hay cuatro evangelios, y ninguno es copia de los otros. Por tanto, es importante captar también la situación de los destinatarios y los mensajes que los autores sagrados dirigen a ellos. Y todo eso es para nosotros Palabra de Dios.  
  • LA PRACTICA DE JESUS ILUMINANDO Y CUESTIONANDO NUESTRA VIDA HOY. No es suficiente conocer la propuesta de Jesús. El discípulo de Jesús quiere asimilar y asumir el mismo estilo de vida de Jesús, como tanto insiste el apóstol Pablo (Fil 2,5). Preguntas: ¿Cuáles luces? ¿Cuáles llamados de Jesús para nosotros hoy? ¿Para nuestra pequeña comunidad? ¿Para la Iglesia y el mundo de hoy? ¿Qué dice el estilo de vida de Jesús, que descubrimos en el texto, a mi manera actual de vivir? ¿Cuáles cambios necesito? Aquí aparece el llamado a laconversión. Nunca quedarse en sentimientos de culpa, es mirar hacia adelante con ardor y pasión misionera, desde la vida y por amor a la vida de todos.  
  • Momentos de silencio para interiorizar las llamadas del Señor. En algunas oportunidades se puede tener la presencia del Santísimo y dedicar unos minutos a la adoración silenciosa, uniendo siempre al Jesús del evangelio con el Jesús de la Eucaristía: es el mismo. Eso se puede realizar cuando tenemos más tiempo disponible (retiros).
  • ACTUAR. Ahora viene el momento concreto. Se trata de concretizar los llamados, las luces. De las nuevas actitudes ofrecidas por Jesús pasar a una práctica coherente, consciente, en la línea de la transformación liberadora de todos los males. Escoger algún aspecto de la vida personal, de la pequeña comunidad y de la sociedad donde se siente más urgente el llamado a la conversión. Se puede dejar un espacio a los participantes para propuestas concretas de acción, de compromisos personales y comunitarios.

Características del estudio del Evangelio

El estudio del evangelio de Jesús debe ser un estudio: existencial, espiritual, meditativo, contemplativo, orante, militante y misionero. Analizando mejor:

Estudio

  No es una lectura superficial, a la carrera o de prisa. Exige tiempo, dedicación, empeño, continuidad, fidelidad, ambiente, planificación. Pide cuaderno, lapicero, Biblia en la mano, para los que poseen el don de la lectura. No es problema la presencia de los que aún no tienen el don de la lectura. Los que lo pueden hacer, ayudaran en la lectura. Insistimos en la palabra “estudio”, que exige pensar, reflexionar, analizar, profundizar, buscar en otras fuentes, elaborar conceptos, afinar ideas, pues el peligro de la superficialidad en la lectura de la Biblia es grande y con graves daños. Como en todo estudio, es normal que aparezcan dificultades; es necesario enfrentarlas y seguir adelante sin desanimarse.

Existencial

Es estudiar el Evangelio con la vida en la mano, la nuestra, la de la comunidad, del país y la del mundo. Es por amor a la vida que vamos al Evangelio de Jesús. La vida pide sentido, no un sentido cualquiera, sino sentido verdadero, capaz de responder a las aspiraciones más profundas presentes en el ser humano. Jesús no vino para salvar doctrinas o leyes, vino para que todos tengamos vida (Jn 10,10). La vida está en primer lugar, lo que no significa despreciar normas o doctrinas. Estas vienen después y necesitan ser purificadas continuamente. Este estudio va más allá de lo devocional, lleva a un estilo de vida, el de Jesús. Por eso, antes de abrir la Biblia, es importante abrir el libro de la vida, compartiendo noticias personales, locales, mundiales.  Aunque sea por unos minutos.

Espiritual orante

Es leer el evangelio con el mismo espíritu con que fue escrito. Es entrar en el mundo de Jesús, así como el autor sagrado propone. Es un estudio orante, no simplemente racional. Orar es una cuestión de comunión profunda con la persona y la misión de Jesús.

Meditación, contemplación

Es “rumiar” el texto, transformándolo en escena viva. Es mirar a las personas que aparecen; quiénes son, qué dicen y qué hacen; cuál es la situación que se da en el texto. Es fijar nuestra mirada contemplativa en la persona de Jesús en misión. Es descubrir la palabra de Dios, es decir, la voluntad de Dios presente en el texto. Todo lo que Jesús dice y hace – sus sentimientos, sus opciones, sus posturas – es para nosotros Palabra de Dios: “Quien me ve a mí, ve a mi Padre” (Jn 14,9).

Militante

Es un estudio que lleva a una práctica de vida, no nos deja en el aire. No una práctica de vida cualquiera, sino una práctica transformadora, liberadora, a nivel personal, social, político, económico, eclesial, cultural.  El mensaje del texto se convierte en acción, en propuesta concreta de vida. Las palabras “LIBERAR, LIBERTAD, LIBERACIÓN”, son palabras clave en la Biblia.

Misionero

La palabra ‘misionero’ está bien ligada a la palabra ‘militante’. Misión es palabra dinámica, no estática; desinstala, no encierra. Despierta las preguntas: ¿qué misión de Dios aparece en el texto? ¿Cómo vivir hoy esta misión de Dios? Exige objetivos, rumbos, lineamientos, planificación.

Finalidades del estudio del evangelio

  • Transformar cada vez más a los cristianos católicos en discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret, Maestro y Señor, a partir de las realidades de la vida.
  • Hacer crecer la espiritualidad del seguimiento de Jesús como fundamento de todas las demás espiritualidades y como base de todo trabajo pastoral. Toda la pastoral de la Iglesia debe estar en función del seguimiento de Jesús y no de crear más burocracia e instituciones, que muchas veces centralizan y acomodan a su conveniencia las enseñanzas del Evangelio. No favorecen ni facilitan la práctica de vida de Jesús.
  • Redescubrir, recuperar, reavivar y actualizar la memoria histórica de Jesús de Nazaret, la mejor buena noticia para toda la humanidad.
  • Mantener siempre viva la integración entre fe y vida.

Destinatarios

  • Todos los que buscan dar sentido verdadero a la vida
  • La multitud de cristianos y católicos alejados, o de los cuales las comunidades se alejaron.
  • Los que participan de grupos, comisiones pastorales, movimientos laicales, comunidades eclesiales actuando en la base, en medio del pueblo.
  • Especialmente los que ocupan servicios de responsabilidad en la vida de la Iglesia, como presbíteros, diáconos, obispos. Y cristianos que ocupan cargos de responsabilidad en la vida pública, en la sociedad, en la política, la economía, el arte, la cultura, los medios de comunicación.

Motivaciones

  • El mayor desafío de todo ser humano es la búsqueda del verdadero sentido de la vida. Es por eso que vamos al Evangelio de Jesús de Nazaret.
  • La espiritualidad del seguimiento de Jesús todavía no es el fundamento, la base de todo trabajo pastoral y comunitario en la Iglesia. Necesitamos avanzar mucho más en ese camino.
  • Jesús de Nazaret es un nombre muy citado, pero de manera genérica, vaga. Su práctica de vida, su misión, son muy poco conocidas. Lo cual es un desastre.
  •   No se ama y no se sigue a quien no conocemos.
  • Hay muchas imágenes de Jesús esparcidas (quitar: en la realidad), diferentes y hasta opuestas. Hay Iglesias ignorando al verdadero Jesús de Nazaret, pero autoproclamando todo en nombre de ese tal Jesús. En una misma parroquia hay grupos, movimientos, comunidades, cada una con ‘su Jesús. En medio de todo eso, ¿dónde está el verdadero Jesús de Nazaret de Galilea?
  • En lugar de convertirnos a Jesús de Nazaret, Señor y Maestro, queremos que Jesús se convierta a nuestros bolsillos, a nuestros deseos, a nuestros intereses, muchas veces mezquinos y mundanizados.
  • Vivir la comunión, valorando las diferencias que enriquecen, debe ser el gran anhelo de toda sociedad verdadera. En las comunidades cristianas la verdadera comunión se da en el seguimiento de Jesús y no en poner normas y leyes en (quitar: el) primer lugar. El seguimiento de Jesús va a favorecer y valorar las diferencias que enriquecen.
  • La tarea principal de toda la vida de la Iglesia es hacer discípulos de Jesús (Mt 28,19).

LA REVISIÓN DE VIDA: CON LA VIDA AL ENCUENTRO DE JESÚS

La Revisión de vida es el segundo medio que sirve para unir fe y vida. Como vimos arriba, el primer medio es el estudio del Evangelio.Fundamentalmente es buscar las llamadas de Dios en hechos concretos ocurridos. En el estudio del Evangelio se parte del Evangelio para llegar a la vida. En la RV se parte de la vida para llegar al Evangelio. Muy importante: Los dos momentos unen vida-Evangelio.

La RV tiene sus orígenes en medio de la juventud obrera católica de Bélgica y Francia, luego de la Segunda Guerra Mundial. Eran jóvenes militantes cristianos, fuertemente comprometidos en las luchas obreras de aquellos años difíciles. Querían unir fe-vida y crearon el método de la RV. Este método ha forjado decenas de miles de militantes cristianos comprometidos en un proceso de transformación de las personas y de la sociedad. Está inspirado en el método del ver-juzgar-actuar. La RV y el método del ver-juzgar-actuar desembarca en América Latina con la llegada de la Acción Católica en los años 1950. Hizo y sigue haciendo un bien inmenso. Hoy estos métodos son patrimonio importante de todos los que buscan transformación personal y socio-política a la luz de la fe.

Se percibe a veces algunas distorsiones alrededor de la RV. Hay el peligro de reducirla a una especie de examen de conciencia o de fiscalización de la vida ajena. Es importante rescatar el sentido existencial y dinámico de la RV para convertirlo en un instrumento eficaz y popular de evangelización transformadora y liberadora.

La RV busca sacar lecciones y enseñanzas de la vida, a través de hechos concretos. La pregunta básica es: ¿El acontecimiento que analizamos ¿Qué nos enseña? ¿Cómo se revela allí el Señor? ¿Qué llamadas y qué respuestas suscita o despierta? Por lo tanto, esto se lee y se aprende de la vida. Es necesario tener esa convicción profunda: ¡la vida enseña! La gente aprende de la vida, tanto a través de acciones bien sucedida como de fragilidades. 

Quien valora más las ideas que la vida, difícilmente hará la RV de manera correcta. “La realidad es más importante que la idea”. “La realidad simplemente es, la idea se elabora”. “la realidad es superior a la idea”. (EG 231).La vida es el libro más importante al alcance de todos y muchas veces es el libro menos consultado. Es necesario tener simpatía por la propia vida como también por la vida de los demás. Es necesario saber leer hechos, acontecimientos, situaciones concretas, siempre buscando hacer de la vida una caminata. Es en los hechos concretos ocurridos, en las situaciones concretas de la vida que podemos hacer experiencia de Dios. El Dios de la Biblia no es el Dios de las ideas, de las normas; es el Dios que se revela en los hechos, en los acontecimientos. Es un Dios histórico y al mismo tiempo que va más allá de la historia, pero nunca contra ella. En el libro del Éxodo Dios se hace presente en la historia sufrida del pueblo (Éxodo 3,7-10) y, al mismo tiempo, es el Trascendente, el Totalmente Otro, el que no se deja manipular (Éxodo 19 y 20). Realmente, la vida es un “lugar teológico”, donde el Dios de la vida se revela, es experimentado, es vivenciado y testimoniado.

La RV es diferente del examen de conciencia. En este, se parte de los propósitos hechos y se busca ver si se han puesto en práctica o no. En caso positivo, nos llenamos de sentimientos llenos de satisfacción, de euforia. De lo contrario, nos lleva a pasar por sentimientos de culpa, de frustración. No es por ahí. Las situaciones de la vida son a veces imprevisibles. En la RV se parte de hechos concretos.

La RV no es revisión de trabajo, pero son parientes cercanos. En la revisión del trabajo se revisan en primer lugar los trabajos, las actividades en sí. Se busca ver si los trabajos alcanzaron el objetivo o no. Las actitudes y las posturas de las personas quedan en segundo lugar. La revisión de trabajo hecha por personas comprometidas en un proceso de transformación busca ver si los trabajos están en la línea de la transformación de la sociedad o no. La revisión del trabajo es un instrumento importante en la lucha por nuevas estructuras al servicio de la vida. La revisión de la vida busca ver en primer lugar nuestras actitudes, nuestras posturas, si están o no en la línea del Evangelio de Jesús, de los valores humanos.

RV y revisión de trabajo no se excluyen. Por el contrario, se integran, se complementan. Son distintos procedimientos, pero no extraños uno del uno. En un trabajo de transformación en la línea del Evangelio, se exigen. Lo importante es forjar personas nuevas, según el Espíritu de Jesús de Nazaret, comprometidas en la lucha por crear estructuras cada vez más humanas y justas. Puede que a veces, por motivos socio-económico-políticos independientes de nosotros, no sea posible construir estructuras nuevas a corto plazo. Nadie, sin embargo, puede impedirnos totalmente ser personas nuevas que luchan por nuevas estructuras.

Además, la RV:

  • No es pura discusión de problemas.
  • No es debate con mucha conversación.
  • No es balance de vida: aplauso si es positivo y sentimiento de culpa si es negativo.
  • No es para fiscalizar la vida ajena.
  • No es análisis de coyuntura eclesial o socio-política, aunque lo necesita.
  • No es desahogo emocional simplemente.
  • No es rendición de cuentas.

La RV es, ante todo, un ejercicio comunitario de nuestra fe. Es mirar los hechos de la vida con ojos de fe, con la misma mirada de Jesucristo.

¿Por qué hacer la revisión de la vida?

Son varias las motivaciones que justifican el ejercicio de la RV. Algunas ya aparecieron. En pocas palabras:

  • Porque no somos perfectos. Si así fuera, no habría necesidad de RV. Somos frágiles e incoherentes. El mal forma parte de la experiencia de la vida humana. No es invención de las religiones. Pecado es el nombre religioso que damos al mal. El mal es una realidad humana que tristemente tiene presencia en las relaciones sociales.
  • Porque la vida merece todo cariño y atención. Se vive sólo una vez. No podemos tirarla a la basura, desperdiciándola. Ella necesita un sentido auténtico, profundamente humano, capaz de realizar nuestros anhelos verdaderos.
  • Porque la vida es un camino, es proceso dinámico y es en ese proceso que la persona se va revelando con sus sueños y contradicciones. Es necesario ir evaluando nuestras actitudes y posturas a través de hechos concretos.
  • Porque la vida enseña; es una escuela al alcance de todos. La vida es aprendizaje permanente.
  • Porque Dios se revela en la historia, en los acontecimientos. Él es el Dios de la vida y de la historia. Es el Dios totalmente Trascendente y al mismo tiempo el Dios totalmente Presente en la historia. La encarnación de Jesús no es fantasía, sucedió realmente.
  • Porque como discípulos y discípulas de Jesús, estamos llamados a construir el Reino de Dios aquí y ahora, dentro de la historia.

Finalidad de la revisión de vida

El punto anterior apuntó más a las motivaciones que justifican la importancia de la RV. Ahora, se trata de ver más la finalidad, el objetivo que queremos alcanzar con la RV.

La finalidad principal es ver si nuestras actitudes y opciones están en la línea del Evangelio o no. Es para descubrir las llamadas de Dios dentro de la vida y de los acontecimientos concretos. Es para seguir firmes en el camino. La RV es para quien quiere ser cada vez más discípulo y discípula de Jesucristo dentro de las situaciones concretas. La RV verdadera siempre despierta esperanza, energías nuevas, gran voluntad de vivir la vida de manera intensamente humana y profundamente evangélica. Nos coloca en un proceso de conversión permanente a los valores evangélicos y a la persona de Jesucristo. Nos ayuda a ser cada vez más militantes del Reino de Dios, en el aquí y en el ahora.

La RV siempre cuestiona, interpela, anima, convoca a la militancia cristiana en lo cotidiano de la vida, luchando por la vida y la libertad. Esta militancia nos convierte en signo para el mundo y para nuestras Iglesias. La RV humaniza. Nos hace más solidarios con las personas que hacen camino, con las alegrías, los dolores y los fracasos de los demás. Nos libera del moralismo, del legalismo, de la enfermedad de la fiscalización. Aprendemos a relacionarnos con las personas a partir de la existencia concreta. Privilegia hechos y acontecimientos. Relativiza discursos y conversaciones.

Cómo hacer la revisión de vida

Es muy importante saber hacer RV. Para ello, necesitamos un método claro y envolvente. La falta de un método simple y eficaz provoca dispersión, cansancio y distorsiones. La RV se hace en pequeños equipos de unas 8 personas. Pasa por tres momentos: Ver – Juzgar – Actuar. Es importante entender bien el sentido y el valor de cada uno de esos 3 momentos. Veámoslos a continuación.

Sentido del ver, con ojos de discípulo

“Ver” es acercarse a un hecho de la vida para intentar entenderlo de la mejor manera. No es ninguna aproximación. Es acercarse con actitud de aprendizaje. ¡Vamos al encuentro de la vida para aprender! Esto libera de la rutina. Para quien quiere aprender, la vida siempre enseña, siempre dice algo nuevo. La gente aprende también de las derrotas, de la experiencia del pecado, de las incoherencias, de las luchas, en fin, de todo. El peligro presente en todos nosotros es reducir el día a día a una rutina. Cuando alguien nos pregunta: “¿Cómo le fue en este día? ¿Cómo lo vivió? “, es común responder: nada nuevo, lo mismo de siempre. Y así olvidamos pequeños hechos de la vida, de los que podríamos aprender mucho.

El acercarse a algunos hechos de la vida implica primero alejarse de ellos. El alejarse significa distanciarse un poco de los hechos ocurridos para luego acercarse a ellos con mayor atención. Es salir de la rutina. El proceso de alejarse y de acercarse de nuevo se llama reflexión. La reflexión es una palabra que viene de la antigua lengua latina, que significa “inclinarse sobre la acción”. La reflexión es el acto de inclinarse sobre un hecho, de una práctica, para entenderla mejor. No es una reflexión sobre ideas sino sobre la vida. Es un contemplar la vida de manera atenta, lúcida, crítica, solidaria. Es la relación teoría-práctica. La teoría verdadera es aquella que ayuda a entender mejor la práctica y a organizarla en vista de un proyecto. No todo lo que se llama teoría es la teoría de la verdad. Muchas veces es solo palabrería, sólo hablar. Por lo tanto, no se trata de olvidar la realidad, los hechos y sí de leerlos con ojos nuevos, atentos, críticos. Comprender es exactamente eso: entrar en los hechos, para entender mejor el porqué de esos hechos.

Entonces es un ver existencial, es un tener conocimiento de los hechos de la manera más fiel posible. Usamos la expresión “de la manera más fiel posible”, porque es muy difícil comprender un hecho 100%, así como sucedió. Siempre miramos los hechos marcados por nuestra sensibilidad. La pregunta correcta es: ¿cómo veo este hecho que sucedió? ¿Cómo lo comprendo? Es bueno comparar mi manera de ver el hecho con la manera de cómo lo ven los otros. En el hecho-acontecimiento es importante analizar tanto las actitudes de las personas como la implicación de estructuras e instituciones. ¿Por qué una persona ha hecho esto? ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Y las instituciones cómo aparecen en el hecho? Los hechos no surgen por generación espontánea.

Hay una REGLA DE ORO que se respetará en el momento del ver. La regla es: VER SIN JUZGAR. Es decir, el momento del ver no es el momento de juzgar. El ver quiere tomar conocimiento del hecho: cómo sucedió, por qué sucedió y con qué consecuencias. Por ahora, es sólo eso. A menudo emitimos juicios éticos, sin haber tomado primero conocimiento de la realidad del hecho. Esto es muy perjudicial. Se convierte en moralismo. Crea prejuicios y causa estragos en las relaciones fraternas y solidarias. Tanto el moralismo como los prejuicios bloquean el crecimiento de las personas, impiden el diálogo abierto y sincero. Por lo tanto, vale la pena insistir: ver sin juzgar. “Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracioncitas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los intelectualismos sin sabiduría”. (EG 231).

Sentido del pensar, con corazón de discípulo

Pensar significa discernir, reflexionar, mirar en profundidad el hecho, para ver mejor lo que sucedió. Y confrontarse con la visión que otros del grupo tienen. Es definirse: ¿qué creo de este hecho, de las personas y de las instituciones involucradas? En el pensar somos invitados a definirnos frente al hecho. ¿Qué posición asumo? El pensar es necesario para evitar superficialidad, generalización e indefinición. Ayuda a analizar para que la gente no se vaya de boca ingenuamente. 

Para pensar necesitamos criterios, puntos de referencia, valores. Hay criterios que vienen de nuestra naturaleza humana, como la lucha por la justicia, por el bien, por la verdad; y hay criterios que vienen de la fe. Para nosotros cristianos la referencia a Jesús como criterio es fundamental, igualmente la Biblia y el magisterio de la Iglesia. ¿Como Jesús mira a ese hecho? Es importante hacer referencia a textos de los evangelios. Con la convicción de que Jesús de Nazaret es la manera más verdadera y más humana de vivir la vida. 

El pensar tiene un valor educativo. En el pensar soy llamado a explicitar los criterios que más orientan mi vida. Me llaman a tomar posición frente a los acontecimientos. Esto exige responsabilidad y madurez. Es una tentación bastante común el no querer definirse, el no querer tomar posición. Esto no es correcto, no es humano, no es educativo. Una persona que no quiere definirse pierde en dignidad y personalidad. Por otra parte, quien quiere quedarse en la indefinición, ya se ha definido para el lado peor. ¿Quién no pasó o no pasa por ese peligro? Definiéndome, me personalizo, revelo las razones profundas que animan mi camino, me compromete. Es un llamado a comprobar y purificar cada vez más mis criterios. Quienes se arriesgan en las luchas sociales y ecológicas de las comunidades es porque están definidos, han tomado postura y aceptan las consecuencias. 

En el pensar revelo mis criterios y al mismo tiempo me abro a los criterios de los demás. Para llegar a conclusiones comunes. El sínodo que vivimos juntos nos empuja a esa hermosa comunión en la diversidad. 

Atención: pensar, discernir  no significa condenar o rechazar a quienes no piensan como nosotros. Entonces, no se trata de condenar o de aprobar sino de encontrar criterios capaces de iluminar la realidad y de asumir llamadas que el hecho plantea. En la RV no interesa condenar a las personas. La RV mira más al camino de ahora en adelante. El condenar bloquea a las personas. Una persona que se siente condenada, tiende naturalmente a crear mecanismos de autodefensa. Y eso no sirve para avanzar en el camino.

En la RV no debe haber espacio para sentimientos de culpa; bloqueos. La RV es para despertar energías nuevas que ayuden en el caminar. No es fácil juzgar sin condenar; definir, tomar partido sin bloquear a las personas involucradas. Pero es por ahí que va la RV. Todo debe estar orientado a la pregunta: ¿qué hacer de aquí en adelante? Vamos a retomar esa pregunta en el actuar. Después de todo, los que están participando en la RV son personas que recorren el mismo camino. ¿Por qué querer bloquearse unos a otros?

Entonces en el proceso del pensar, LA REGLA DE ORO ES: PENSAR , DISCERNIR, SIN CONDENAR.

Sentido del actuar, como discípulo misionero

El actuar es la concreción del pensar. Es el punto de llegada de los dos momentos anteriores. Todo el proceso de la RV debe llevar al actuar. El actuar es necesario porque la persona se revela y se realiza en la acción. Somos lo que hacemos (Mt 7,21, 25,31-46). El seguimiento de Jesús y la construcción del Reino de Dios ocurren con acciones, con prácticas, con praxis, no con buenas intenciones.

El actuar tiene que ser decidido y asumido personalmente, conscientemente. No es correcto imponer el actuar a los que están haciendo RV con nosotros. También no está bien querer actuar en lugar de los demás. Nuestra vocación es ser “sujetos históricos” y no objeto de los demás. Somos, sí, llamados a ayudarnos unos a otros, para que cada uno asuma su propio actuar. El paternalismo, es decir, el tomar decisiones en lugar de los demás, no educa, no hace crecer a las personas.

El actuar debe siempre favorecer un proceso de transformación, en la línea de la liberación, tanto de las personas como de las estructuras. Es exigencia de la naturaleza humana y del Evangelio. No entrar en ese camino o proceso de transformación – liberadora significa destruirse como persona.

Hay dos tipos de transformación: exterior e interior. La exterior busca la transformación de las realidades socio-económico-político-culturales. No siempre sucede así. Depende no sólo de nosotros, sino de otros factores también. Ahora la transformación interior, es decir, la transformación de nuestras actitudes y posturas personales, siempre es posible. Sin embargo, para que ésta sea auténtica, debe siempre motivar la posibilidad de las transformaciones exteriores, aunque el resultado no sea el esperado. Lo importante es vivir siempre en esa dinámica transformadora.

Es bueno recordar que hay dos momentos en el actuar. El actuar existencial y el actuar ético. El actuar existencial quiere despertar en nosotros una nueva mentalidad, una nueva visión de las cosas, un nuevo corazón y una nueva mirada. El actuar ético es la concreción del actuar existencial: son las decisiones concretas. Los dos ‘actuar’ están íntimamente ligados. Podemos leer, por ejemplo, en esta perspectiva Marcos 10,32-45. El asunto es la discusión sobre el poder. Entre los discípulos de Jesús parecía existir una especie de pelea por el poder. Jesús cuestionó con firmeza la visión de poder que había entre los discípulos e indicó una nueva mentalidad en relación al poder. Invitó a un actuar existencial: «Ustedes saben: aquellos que se dicen gobernantes de las naciones tienen poder sobre ellas. Pero entre ustedes no debe ser así: cualquier persona que quiera ser grande debe ser el servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero deberá ser el servidor de todos “(10,42 a 44). Es la nueva mentalidad.

Jesús quiso arrancar de entre los discípulos una visión dominadora del poder e invitarlos a asumir el poder-servicio. Es un nuevo actuar existencial. Es una nueva visión de poder. El actuar ético va a venir como consecuencia lógica: ¿cómo voy a actuar concretamente en mi familia, en la comunidad, en la sociedad donde vivo? Se ve la importancia del actuar existencial, la nueva mentalidad, para que haya de verdad un actuar ético, concreto, práctico El cambio de mentalidad es fundamental para sostener y motivar un actuar concreto.

El actuar ético depende mucho de las situaciones concretas en que vivimos. Es tarea nuestra. La Biblia indica más un actuar existencial. ¿Por qué tantas personas que muestran una determinada manera de actuar muy coherente, maravillosa, de repente cambian a otro tipo de actuar tan diferente y hasta contrario? ¿No será por falta de una nueva mentalidad, de una nueva visión de la vida, de las cosas, de la pastoral, de la sociedad? Jesús insistió mucho en la necesidad del cambio de mentalidad (Marcos 1,14-15, 8,13-21).

Por lo tanto, en el actuar, la REGLA DE ORO ES: ASUMIR UN HACER QUE IMPLIQUE UN PROCESO DE TRANSFORMACIÓN LIBERADORA Y PERMANENTE.

Podemos resumir los tres momentos así:

  • Una mirada crítica del hecho ocurrido (VER)
  • Un pensar evangélico del hecho (JUZGAR)
  • Un actuar transformador-liberador (ACTUAR).

Los tres momentos están interconectados. Uno necesita del otro. Si el momento del ‘ver’ es superficial, va a perjudicar a los otros dos momentos. Si el juzgar no desemboca en el actuar, es sólo una conversación bonita. Si el actuar no es una concreción del pensar corre el peligro de ser un actuar distorsionado, distraído, en el aire e inútil.

Cómo se desarrolla la RV

Aquí presentamos ahora un esquema práctico para un buen desarrollo de RV:

  1. Cada participante se prepara antes, pensando en el hecho de la vida que le gustaría revisar con el equipo. Ejemplos: la participación en una protesta social o manifestación pública, elecciones políticas, un problema familiar, la problemática de la tierra, la explotación minera, la situación del medio ambiente, la búsqueda del desarrollo social, la celebración de la fiesta de la comunidad … Y pensar también en los posibles criterios humanos y evangélicos capaces de iluminar el hecho.
  2. La reunión se desarrolla en un ambiente fraterno, acogedor y abierto. Es importante invocar la presencia del Espíritu Santo, con un canto y / o una oración, para crear un clima de fe.
  3. Si los miembros del equipo no tuvieron tiempo de pensar antes en un hecho que quisieran revisar, se puede dar un espacio de unos dos minutos de silencio para que cada uno pueda elegir y enfocar el hecho de vida a revisar, sin entrar en detalles.

El momento del ver:

  1. En una primera ronda, cada uno comunica el hecho de vida que escogió, de manera rápida y resumida, sin detalles, diciendo también el por qué quisiera revisar ese hecho.
  2. Se elige de común acuerdo un hecho.
  3. Criterios de elección:
    1. La persona interesada siente necesidad del apoyo del grupo para un mejor discernimiento.
    2. El hecho interesa también a los demás.
    3. El hecho es actual, con bastante repercusión en los medios.
    4. Otros criterios …
  4. La persona elegida cuenta el hecho de nuevo, esta vez con más detalle. Contar el hecho de la manera más fiel y completa posible. A continuación se da un ejemplo de  algunas preguntas que pueden ser hechas por alguien del equipo, en caso de necesidad:
    1. ¿Cuándo y dónde sucedió el hecho? ¿Cómo se desarrolló?
    2. ¿Qué personas están involucradas en el hecho? ¿Qué tipo de personas son? ¿Qué posición social ocupan?
    3. ¿Cuáles son las instituciones o grupos implicados? (sindicato, municipalidad, iglesia, escuela, familia, empresa, partido político, organización de la sociedad civil, gobierno, asociación …).
    4. ¿Cuáles son las consecuencias del hecho ocurrido? ¿Qué repercusión tuvo?
    5. ¿Por qué sucedió eso? ¿Qué hay detrás de ello ¿Cómo fue el comportamiento de las personas involucradas? ¿Por qué este comportamiento?
    6. ¿Cómo fue el comportamiento de las instituciones o grupos involucrados? ¿Por qué?
    7. ¿Cómo yo (es decir la persona que cuenta el hecho y estuvo involucrada en el) me situé en el hecho? ¿Cuál fue mi comportamiento? ¿Cómo reaccioné? ¿He revelado qué sentimientos experimenté? ¿De qué manera? ¿Cuál fue la repercusión de mi comportamiento?
    8. ¿Y nosotros, al escuchar el hecho, cómo reaccionamos? ¿Qué sentimientos despertó en mí el hecho?
    9. ¿Alguien del equipo ya pasó por algún hecho parecido? ¿Cómo salió de esa situación?

Si es posible, dejar un espacio de silencio-oración para contemplar, ahora con mayor claridad, el hecho ocurrido y las personas involucradas. Tener una actitud de acogida, de servicio frente a las personas, sobre todo hacia la persona que contó y estuvo involucrada en el hecho. Comenzar a contemplar el hecho con la misma mirada de Jesús. Buscar criterios evangélicos, a través de citas bíblicas, capaces de iluminar el hecho.

Momento del pensar

Preguntas que pueden ayudar (elegir las que crean mejor):

  • ¿Qué creo de este hecho? ¿Por qué?
  • ¿Qué aparece de constructivo y de negativo en este hecho? ¿Por qué?
  • ¿Cuáles son los hechos o las palabras de Jesús capaces de iluminar y cuestionar el hecho? (referencia explícita a textos bíblicos, sobre todo de los Evangelios).
  • ¿Dónde, en quién y en qué momento apareció claro el seguimiento a Jesús?
  • ¿Quién resistió la acción del Espíritu de Jesús? ¿Cómo concretamente?
  • ¿Dónde, cómo, en quién hubo avance o retroceso en los valores del Reino de Dios?
  • ¿Cómo apareció la presencia o ausencia del Reino? ¿Cómo yo (la persona que conté el hecho) intenté vivir evangélicamente el hecho? ¿Cómo apareció el testimonio de seguidor o seguidora de Jesús y de apóstol o profeta del Reino de Dios?

Abrir un espacio para la adoración-oración. Contemplar de hecho la presencia o ausencia de Jesús y del Reino. Adorar a Jesús, así como Él se fue revelando de hecho, en la práctica o en las actitudes de alguna persona involucrada. Adorar, alabando, agradecer, suplicando … Buscar las llamadas del Señor que la realidad presenta. Acoger estas llamadas en clima de fe. Ver cómo compartir estas llamadas.

Momento del actuar

  • ¿Cuáles son las llamadas que siento para mí y para los demás, a partir de ese hecho?
  • ¿Qué tipo de cambio, de nueva mentalidad considero necesarias?
  • ¿Cómo realizar esto? ¿Con quién? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Qué hacer concretamente?
  • ¿Cómo nosotros del equipo podemos ayudar a realizar ese cambio en la vida del hermano / compañero implicado en el hecho? ¿Y en nuestra vida? Decidir o sugerir algo concretamente.

Final del momento de RV 

Oraciones espontáneas a partir de la revisión del contenido del hecho de vida. Las oraciones pueden ser de perdón, de súplica, de alabanza, de agradecimiento … ¡Al final, abrazos!

Con qué actitudes hacer la revisión de vida

Las actitudes son importantes. La RV no es tanta cuestión de técnica. Es ante todo una profunda experiencia espiritual. Las actitudes ayudan mucho en este sentido. Aquí presentamos algunas:

  • El clima de apertura, de confianza recíproca, de oración, de fe.
  • Convicción de que los compañeros y compañeras son necesarios para mi caminar personal.
  • Conversión permanente
  • Mucha apertura y capacidad de perdonar. Nadie es perfecto.
  • Un gran amor a la vida de las personas.
  • Ternura y vigor.
  • Caminar siempre, mirar siempre hacia adelante.
  • Evitar caer en debates vacíos y discusiones inútiles.
  • Siempre apegados a los hechos y a las situaciones concretas.
  • Evitar la dispersión. Pedir aclaraciones solamente cuando sea necesario
  • Sentirse responsable de la confianza que los demás depositan en la gente.
  • Despertar siempre esperanza, voluntad de caminar, de cambiar.
  • Ayudar a otros a tomar ellos mismos sus decisiones.
  • Crear lazos de solidaridad.
  • Nunca imponer los propios puntos de vista.
  • Mantener siempre un clima de fe, de búsqueda, de militancia.
  • Dejar que el Espíritu trabaje en la vida de cada uno.

Algunas sugerencias prácticas

No necesariamente los tres momentos deben ser desarrollados todos en la misma reunión. Depende mucho del equipo que está haciendo RV. Puede que cada momento lleve una reunión entera. El tiempo normal de una RV es aproximadamente una hora y media. Pero se puede prolongar más, basta que no genere cansancio. Se puede, por ejemplo, organizar una jornada de espiritualidad haciendo sólo RV. En este caso es bueno dar más espacio para la oración y el recogimiento, después de los momentos del ver y del juzgar. Al finalizar la jornada de RV se puede terminar con una hermosa celebración. Por la experiencia compartida de los que ya hacen RV, el resultado es muy positivo.

¿Con quién hacer RV? Es claro: con personas que están haciendo la misma experiencia de camino y creen en los valores evangélicos y en el seguimiento de Jesús. Puede ser hecha también personalmente, pero junto con otros es más eficaz. ¿Cuándo realizar RV? Depende de las situaciones concretas de las personas y de las necesidades que se van presentando en el camino. Una cosa es cierta: un buen uso de la RV ayuda a crecer en la solidaridad y en la vivencia de los valores evangélicos en las luchas cotidianas de la vida. Nos hace más maduros y más autónomos, sin recurrir continuamente a la ayuda de personas de fuera. Fortalece el caminar.

IGLESIA

Comunidad de las seguidoras y seguidores de Jesús Maestro y Señor

Es necesario insistir: Para los cristianos lo esencial es el seguimiento de Jesús. La Iglesia viene después. Este es el mensaje de los textos del Nuevo Testamento. Los cuatro evangelios fueron escritos en los últimos treinta años del siglo primero, es decir, de 40 a 70 años después de la resurrección y ascensión de Jesús. No fueron escritos por casualidad, igual a un romance. Se escribieron para salvar la identidad del ser cristiano, que es ser discípulo de Jesús de Nazaret. Surgieron porque las primeras comunidades venían atravesando situaciones críticas, con tensiones, hostilidades y rechazo. Ante esas situaciones, no querían perder la memoria viva de Jesús de Nazaret. Los autores sagrados pusieron por escrito los Evangelios bajo el impulso del Espíritu Santo. Podemos leer cada texto de los evangelios con dos preguntas simples: ¿Qué Jesús aparece en el texto sagrado que acabamos de leer (sus sentimientos, opciones, estilo de vida)? ¿Qué quiere decir seguir a este Jesús, hoy y aquí? Los evangelios fueron escritos exactamente para responder a estas dos preguntas. Los evangelios nos dicen que el seguimiento de Jesús es la identidad del cristiano.

 El libro de Los Hechos de los Apóstoles, que es un testimonio escrito (no el único) sobre los orígenes de la Iglesia, insiste en la misma preocupación. El libro recuerda con frecuencia que “la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba” (Hechos 12,24); y en el caso de que se tratara de una persona la que hablara, no se refería a la Biblia como libro escrito; en la época aún no existía la prensa, todo era escrito a mano con dificultad, en cuero seco de animales.

La Palabra de Dios que crecía era el seguimiento de Jesús: “Una multitud cada vez mayor de hombres y mujeres se adhiera al Señor por la fe” (Hechos 5,14). La acción de los misioneros estaba orientada a este propósito: “Nosotros no podemos callar sobre lo que hemos visto y oído”, dijeron Pedro y Juan ante el sanedrínen Jerusalén, después de haber sufrido una noche pasada en la prisión (Hechos 4:20).

Hay un detalle muy significativo en el hecho narrado por Los Hechos de los Apóstoles. Las autoridades judías, llenas de envidia y de miedo, arrestaron a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. Pero durante la noche un ángel del Señor, abriendo las puertas de la prisión, los llevó hacia fuera y les dio la orden: “Van y se presentan en el Templo, y anuncien al pueblo todas las cosas de ese modo de vivir” (He 5, 20). “Este modo de vivir” era la persona de Jesús, su memoria viva, su manera de ser, sus sentimientos, su estilo de vida. Por tanto, evangelizar no es predicar normas y doctrinas en primer lugar; es vivir y testimoniar un estilo de vida, una manera de vivir la existencia humana, aquella al estilo de Jesús.

Las comunidades (iglesias locales) surgieron en seguida como medio para fortalecer y consolidar el seguimiento de Jesús. Por lo tanto, las comunidades (iglesias) son instrumento al servicio del seguimiento de Jesús, ellas no son prioridad. Instrumento importante, pero siempre instrumento. Las comunidades que aparecen en Hechos tienen un mínimo de estructura y el máximo de espiritualidad, y no renuncian al seguimiento de Jesús. El autor sagrado escribe para las comunidades de los años 80-90 del siglo I, cuando se estaban estructurando, pero con el peligro de perder el dinamismo misionero inicial del seguimiento de Jesús. Recuerda la experiencia de algunas primeras comunidades de los años 30-60 del primer siglo, para pasar el mensaje: lo que vale es el avance del seguimiento de Jesús.

El primer viaje misionero de Pablo y Bernabé fue en los años 45-49, 15 años después de la ascensión de Jesús resucitado. En la ida, entre peligros y persecuciones, testimoniaron con valentía la propia fe en Jesús de Nazaret, Salvador y Señor. Surgieron así, aquí y allá, los primeros grupos de seguidores de Jesús. Volviendo a la comunidad de Antioquia de Siria, de donde habían salido (He 13,1-3), Pablo y Bernabé resolvieron regresar por el mismo camino de la ida, para fortalecer a los seguidores de Jesús: “Fortalecer el ánimo de los discípulos, exhortándolos a perseverar en la fe y diciéndoles: Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios “(He 14,21). Luego el texto dice: “Nombraran ancianos (presbíteros) en cada Iglesia; rezaron, ayunaron y los confiaron al Señor, en quien habían creído “(He 14,23). Es interesante notar que en la ida despertaron a los oyentes a la belleza del seguimiento de Jesús. En el regreso, sugirieron un mínimo de organización (ancianos) en cada comunidad para fortalecer la fe en el Salvador. Fue el máximo de espiritualidad – vivir el mismo Espíritu que había en Jesús – y el mínimo de organización necesaria. Todo para favorecer el seguimiento de Jesús, de la manera mejor posible.

Es un mensaje importante para las comunidades de hoy. El peligro en las iglesias de hoy es dar más atención a la organización de las comunidades que al seguimiento de Jesús. Se habla más sobre asuntos de Iglesia y se cultiva poco el seguimiento de Jesús. Las crisis que atraviesan las varias iglesias cristianas son, en gran parte, consecuencia de la falta del seguimiento de Jesús. Por lo tanto, todo en la Iglesia debe tener la marca del seguimiento de Jesús. La oración, celebraciones, reuniones, sacramentos, comunidades, grupos, movimientos, pastorales, catequesis, cursos, festejos, novenas … En todo esto y lo demás, el conocimiento y el seguimiento de Jesús debe ser prioridad absoluta. La organización (sacerdotes, pastorales, construcciones, parroquias, diócesis …) viene después. La razón de ser y de existir de toda esa organización es para cultivar y favorecer el seguimiento y el testimonio de Jesús de Nazaret, Señor y Maestro. Todo debe orientarse hacia ese objetivo. En la organización de la Iglesia, la pregunta decisiva es: ¿eso y aquello, que decidimos realizar, está sirviendo al seguimiento de Jesús? Si no sirve para ese propósito, debe ser eliminado. Toda la organización de la Iglesia, desde el Vaticano hasta el más pequeño templo rural, debe estar en un proceso de conversión permanente.

Pero, al mismo tiempo, es muy difícil vivir el seguimiento de Jesús sin pertenecer a una comunidad eclesial. Por naturaleza somos seres hechos para la comunión, para vivir en comunidad. Caminamos junto a los demás. Necesitamos la convivencia con otras personas que sintonicen con la misma opción: seguir a Jesús Maestro y Señor. Con la finalidad de compartir, profundizar, discernir los llamamientos del Evangelio; para ayudarse mutuamente, para pedir perdón, para celebrar la misma fe en Jesucristo, único Maestro y Señor. Todo esto forma parte del ser eclesial. Ser cristiano y ser eclesial son inseparables.

En el capítulo anterior planteamos una pregunta muy importante: Seguir a Jesús, pero, ¿QUÉ JESÚS? Vimos que había motivos de sobra para lanzar la pregunta. Ahora tenemos que plantear otra pregunta: La Iglesia es instrumento indispensable, sí, pero ¿qué iglesia? El tema ahora es la Iglesia. No se trata de entrar en pelea con las Iglesias. Quien cae en ese juego, ya ha perdido credibilidad. Desafortunadamente, aquí y allá, sucede cuando consideramos a la Iglesia misma hasta más importante que el seguimiento de Jesús. Esta Iglesia concebida así, ya ha perdido su razón de ser, de existir.

Jesús nunca aceptó el fanatismo. Jesús reprendió a los discípulos que querían entrar en pelea con los habitantes de una aldea de samaritanos, tradicionales enemigos de los judíos; y partieron a otro lugar (Lc 9,55-56). Otra vez, llegó hasta al punto de poner a un samaritano como ejemplo para los judíos (Lc 10,25-37). Nunca un doctor de la Ley habría dicho y hecho eso.

Jesús desenmascaró el fanatismo de los doctores de la Ley y de los fariseos, que recorrían mar y tierra para convertir a una persona a su propio grupo (Mt 23,15). Al citar esas palabras duras de Jesús, el autor sagrado, llamado Mateo, quería alertar a sus destinatarios -las comunidades- del  mismo peligro del fanatismo, que podía entrar en ellas.

La pregunta “¿Qué Iglesia?” Vale para todas las Iglesias, las comunidades, las pastorales, los grupos. Sólo tiene razón de existir aquella organización que busca ayudar a cultivar el seguimiento de Jesús. Y no de cualquier Jesús, sino del Jesús de Nazaret, que testimonian los evangelios. No se trata de gritar el nombre de Jesús al derecho y al revés, sino de conocerlo más de cerca, para amarlo, seguirlo y testificarlo con humildad e inmensa gratitud.

Pastores, movimientos, asambleas, cursos, celebraciones, ritos, sacramentos, sermones, predicaciones, reuniones, parroquias, comunidades, estilos de vida, que no cultivan, en primer lugar, la espiritualidad del seguimiento de Jesús para los tiempos de hoy, no tienen razón de existir. No sirven. También en nuestra Iglesia Católica no puede haber lugar para adornos, vanidades, títulos de honor, exhibicionismos, burocracias, carrera por el poder, por los títulos, por la acumulación.

Todas las estructuras de la Iglesia, deben vivir en un proceso de cuestionamiento y de conversión permanente. Ya el Concilio de Trento (1545-1563) declaró en aquel tiempo, que la Iglesia siempre debe vivir un proceso de reforma permanente y no sólo de vez en cuando (en latín: reformanda Ecclesia semper). Y una de las afirmaciones más importantes del Vaticano II es: “La enseñanza de la Iglesia no está por encima de la Palabra de Dios, está a su servicio” ( Dei Verbum , n 176.). Para tener claro lo que significa ser Iglesia, es indispensable tener una aproximación histórica a la persona de Jesús de Nazaret, tener convicción clara del discipulado de Jesús. No hay Iglesia verdadera sin el seguimiento de Jesús de Nazaret.

Continúa la pregunta: ¿pero qué Iglesia? Imaginemos la cima de una montaña a donde queremos llegar. Hay varios caminos posibles que conducen hasta allí; hay también caminos que no llegan hasta ahí. ¿Cuál de ellos seguir? Ciertamente, aquel que lleva a la cima de la montaña con mayor seguridad.

Así es el camino de fe. Lo importante es llegar al encuentro con el Absoluto (que es relación de amor en el grado máximo), sentido pleno de nuestra vida. Los diversos caminos son las diferentes experiencias religiosas (o Iglesias). Es señal de sabiduría escoger aquella experiencia que mejor ayuda a llegar al destino, sin con ello despreciar a las otras. No es bueno cambiar de Iglesia como si fuera un juguete o por el gusto de la novedad, tampoco es correcto cambiarla a causa de algún mal entendido o incomprensión.

Necesitamos tener criterios a la hora de elegir o de confirmar la Iglesia que ya hemos elegido. Monseñor Oscar Romero indicó un criterio importante para los tiempos dramáticos en que vivió: “Una Iglesia que no sufre persecución, que busca privilegios y cosas de la tierra – tengan cuidado! -, ella no es la verdadera Iglesia de Jesucristo “(homilía del 11.3.1979).

El Papa Francisco nos ofrece criterios importantes, para discernir qué Iglesia elegir: “Hoy la Iglesia debe ser una Iglesia en salida” (Alegría del Evangelio, 20). “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y embarrada por haber salido a los caminos, a una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de agarrarse a las propias seguridades” (EG 49).

Los católicos tienen motivos de sobra para renovar la pertenencia a su Iglesia. Los orígenes de la Iglesia Católica, su larga tradición, su riqueza espiritual, su solidez teológica, la eficacia de los sacramentos garantizan estar en el camino correcto. La cantidad inmensa de santos y de santas, de innumerables mártires que han muerto en favor de la justicia y por defender los derechos de los más empobrecidos, todo esto transmite alegría y esperanza. La presencia de María, madre y discípula de Jesús, modelo de discipulado para todos los cristianos, transmite fuerza y ​​sabiduría. 

También, como es natural, la Iglesia tiene sus fallas, pero eso no disminuye la riqueza de dones y valores que siempre hubo en ella, incluso en los momentos más negativos de su caminar a lo largo de la historia. Pero tampoco puede acomodarse, quedarse sentada en el trono. Su lugar correcto es el camino, los caminos de la historia: “La intimidad de la Iglesia con Jesucristo es una intimidad itinerante” (EG 49).

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