Poquitos presbíteros y más poquitos

Por: Pbro. Jesús de la Torre

AREÓPAGO(IX/5/7/2025).

CODIPACS.- Cuentan que, en el territorio de la Diócesis de Torreón, viven más de millón y medio de ciudadanos, atendidos en los asuntos de su fe católica, por los cien sacerdotes. Algunos de ellos sólo celebran los sacramentos sin preocupación por la enseñanza, que es la cumbre hacia la que tiende toda la actividad pastoral.

Obvio. Los templos se vacían, pero cuando viene Shakira, se inicia la entrada al estadio Santos desde las cuatro de la tarde, para una función que se anuncia a las nueve de la noche, con el resguardo de policía y tránsito tan dispuestos a conservar el orden como a infraccionar con cualquier pretexto, ya que sólo ellos tienen la razón. Y un helicóptero por los aires. No podía falar. ¿Dónde se localizan las tendencias del pueblo? ¿Cuánto costaron los boletos de admisión?

La Diócesis de Torreón tiene poquitos presbíteros y más pocos se hacen cuando en las últimas semanas han fallecido los Pbros. Juan Carlos Espinoza, Arturo Ramírez Carpinteyro, Tobías de la Torre, Gerardo Zatarain. Los cuatro tuvieron sus últimos días con actitudes llenas de ejemplar fe. Cuatro que se van y no se ordenan nuevos, aunque la Teología Pastoral sostiene que Dios no desampara a su pueblo, dándole el número de sacerdotes que necesita. Hay muchos obstáculos humanos que lo impiden.

Varias comunidades de la parroquia de Santa María de Guadalupe, se organizaron para que se les celebrara una misa por comunidad. Presidieron los presbíteros, su hermano Jesús, Javier Gómez, inseparable amigo y compañero por 39 años y Roberto Chaves Casillas, párroco actual de la Unión. El equipo que respaldó su apostolado por muchos años, pegadito a su pastor.

Ahora se prepara un libro que contiene enseñanza que Tobías y su equipo impartieron por buenos años, ya que Tobías fue ante todo un pastor en las tres parroquias que atendió. En la última, él pidió que, a los pies de la Guadalupana, quedaran sus cenizas, donde fue párroco por 30 años. 

Gerardo Zatarain, por varias décadas fue escuchado en muchos lugares de la región lagunera. Predicador y fácil palabra, de pensamiento popular que fascinaba en los recintos de los templos, en los colegios, en las empresas, en las calles. Atendiendo bien las parroquias que presidió, se puede decir que su predicación era de acento de plazas, popular, que inyecta entusiasmo y se le conocía cuando en los estadios deportivos gritaba con el entusiasmo de los aficionados para que su equipo gane. De los cuatro, todos faltan, por eso nos apena que hayan fallecido, sin que esto nos quite el saber que fueron buenos.

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