Por: Pbro. Javier Gómez O.

CODIPACS.- La devoción es muy antigua y se remonta a los primeros siglos de la iglesia. El evangelista san Juan cuando habla de la muerte de Jesús, habla del corazón abierto de donde brota “Agua y Sangre”. Para el evangelista, estos signos son representación de los sacramentos y de la misma iglesia (Jn. 19, 34)
La palabra “corazón” (Gr. Kardía) no solo expresa el órgano vital, asociado con la vida humana, sino que metafóricamente expresa la vida espiritual, como emblema de nuestro ser interno, emocional, de donde brota la esencia del ser humano, tanto lo bueno como lo malo. (C.E.C. 368; Mt. 15, 19).
Una de las expresiones más comunes del corazón como figura emblemática del ser humano es el “Amor”, como sentimiento de aprecio, de entrega, de servicio, de deseo o afán de estar con el ser amado. El amor expresa a la persona en sus sentimientos y emociones y todo lo que caracteriza su ser.
Dios eligió al pueblo de Israel como su pueblo y lo consagró, no por ser un pueblo numeroso y poderoso, sino por el amor que le tiene y para cumplir las promesas de liberación hechas a sus padres antiguos.
El Papa Pio XII (1939-1958) en su encíclica “Haurentis Acuas”, nos dice que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, aunque se dirige al corazón material, no se detiene ahí, incluye el amor que constituye su objeto principal y que se alcanza gracias al corazón de carne, signo de ese amor. Es un todo.
No puede haber amor al corazón de carne sin amor a la persona total. (G.S. 22,2) En esta devoción aparecen dos elementos: Uno sensible; el corazón de carne, y otro espiritual que es traído y representado por el corazón de carne. Están en comunión íntima y uno representa al otro. El corazón traspasado y la herida visible nos recuerdan la herida invisible de su amor.
Cuando nos referimos a Jesús como Sagrado Corazón, lo que queremos expresar es al Jesús que manifiesta su corazón amable, misericordioso y bueno; puesto que el corazón designa la totalidad de la persona. La expresión “con todo el corazón” equivale a decir “con toda el alma” o el espíritu (Dt. 4,29; 6, 5; 10,12; Mt. 22, 37; Lc. 10,27)
Cuando el corazón no se compromete, pasa lo mismo que con la mente, con el alma, con la voluntad; a esto la escritura le llama “dureza de corazón”. El evangelista san Marcos utiliza la palabra “Sklerocardia”, para referirse a la dureza de corazón de los judíos respecto del divorcio (Mt.19, 8), en cambio en Hechos para manifestar la unidad dice “tenían un solo corazón y una sola alma” (Hech. 4,32).
Hoy en día vemos como se cuida la salud y la alimentación para no caer en enfermedades que nos llevarían a la muerte; por ejemplo, la “arterioesclerosis”, endurecimiento de las arterias que trasmiten la irrigación de la sangre al organismo y que puede causar una embolia y hasta la muerte.
Cuando Dios se queja del pueblo israelita por apartarse de Él y dejar de cumplir sus mandatos, dice que es un pueblo de corazón endurecido y cerrado.
San Juan invita a la comunidad cristiana a amarse unos a otros porque ese amor proviene de Dios y quien ama es porque ha nacido de Dios y lo conoce. La plenitud del amor divino está en que envió a su propio hijo para manifestar la vida mediante el corazón abierto en la cruz para el perdón de los pecados.
En la primera parte del evangelio de hoy encontramos una acción de gracias de Jesús al Padre porque revela sus designios y su plan salvífico a los sencillos en cambio las ha ocultado a los sabios y entendidos que son los de dureza de corazón y que no aceptan a Jesús y su proyecto liberador.
En cambio para los sencillos que tienen que afrontar las consecuencias diarias de la injusticia y opresión, Jesús se presenta manso y humilde de corazón para ofrecer “descanso”, término que significa paz interior, serenidad para afrontar los problemas y dificultades de la vida.
Es interesante descubrir como Jesús revela uno de sus rasgos interiores: “Es manso y humilde de corazón” contrasta radicalmente con la “dureza de corazón” de muchos judíos y por supuesto de muchos de nosotros, hoy en día.
No debemos, sin embargo, desanimarnos por nuestras debilidades ya que, como dice el salmo responsorial: El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados”. Su corazón manso y humilde nos apoya en el camino para aprender como Él a amar de todo corazón a nuestros hermanos.
La revelación del corazón divino a Santa Margarita María Alacoque (1647- 1690), iba acompañado de una gran luz tan brillante que representaba el amor y los signos claros de la redención; una corona de espinas y una cruz.
Cristo quiso revelarle los deseos de su corazón y confiarle la tarea de darle nueva vida a la devoción; descubriéndole las maravillas de su amor y diciéndole que deseaba fuesen conocidas por toda la humanidad.
Pidió ser honrado bajo la figura de su corazón de carne. También pidió la devoción de un amor expiatorio, la comunión cada viernes primero de cada mes y la observancia de la hora santa.
Esto sucedía con mucha probabilidad en junio-julio de 1674. Otra revelación durante la octava de la celebración de Corpus Christi (prob. 16 junio de 1675) Jesús le reveló: “Mira el corazón que tanto ha amado a los hombres…. En vez de gratitud, de gran parte de ellos, yo no recibo sino ingratitud”; le pidió además una celebración de desagravio el viernes después de la octava del Corpus Christi.
El 31 de agosto de 1670 se celebró por primera vez la fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús en el seminario de Rennes (Francia) y después en otros lugares.
Fue el Papa Pio IX (1846- 1878) quien finalmente estableció la fiesta con carácter universal. Y el Papa León XIII (1878- 1903) promulgó el 5 de mayo de 1899 la encíclica “Annum Sacrum” en la cual recomienda la devoción al Sagrado Corazón.
Fue un testimonio de amor y de piedad, el acto de consagrar al género humano al corazón de Jesús.
“Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen transparente de la infinita caridad de Jesucristo, que nos mueve a devolverle amor por amor, es más que nunca conveniente consagrarse al augustísimo Corazón, que no significa otra cosa que darse y unirse a Jesucristo” (Dz.3353)
El Papa Pio XII, por ejemplo, nos dijo: “El culto que se tributa al Sagrado Corazón de Jesús, está arraigado en la Iglesia, que se apoya profundamente en los mismos evangelios, un culto en cuyo favor está claramente la Tradición y la sagrada Liturgia y que los mismos Romanos Pontífices han ensalzado con alabanzas y oraciones” (Haurentis aquas; 15 de Mayo de 1956; sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús)
Bueno es recobrar la fina devoción al Sagrado Corazón de Jesús y consagrar nuestra vida a Él y al corazón Inmaculado de María.
“SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN TÍ CONFIAMOS” .
“DETENTE ENEMIGO QUE EL CORAZÓN DE JESÚS ESTA CONMIGO”.
El padre Javier Gómez es párroco de la Parroquia San Juan de los Lagos, Torreón. Colabora con datos históricos de la Diócesis de Torreón.